Carlota
Agudo estudiante de secundaria, Colegio La Paz,
Torrelavega (Cantabria)
“En
1865, el presidente Abraham Lincoln y el congreso de EEUU ratificaron
la decimo tercera enmienda que establecia que ni la esclavitud ni la
servidumbre involuntaria deben existir dentro de Estados Unidos.
Ninguna persona sensible cree que la esclavitud exista en el siglo XXI
y mucho menos en nuestras costas. No podríamos estar más
equivocados. Los traficantes de estados de todo el mundo, han descubierto
lo lucrativo que puede llegar a ser el comprar y vender personas. Cada
una de ellas podría ser vuestra hermana, vuestra mejor amiga
o, incluso, vuestra hija.
Ninguna de estas chicas hubiera durado más de 4 años en
nuestro país. Cada una de ellas habría sido explotada
hasta la saciedad como esclava sexual, asesinada por transgredir una
orden de su amo o por contraer hepatitis o sida.”
Este texto es una parte del discurso de una policía-detective
en el conocido documental Tráfico Humano.
Y, ¿qué es el tráfico humano? Se refiere a la compra
y venta de mujeres, adolescentes y niñas entre los 8 y 40 años,
aproximadamente. Estas personas son explotadas de una forma involuntaria
y utilizadas para el abuso sexual de hombres adultos. Se les priva de
sus derechos, se les droga para una mejor manipulación, son encerradas,
tratadas como animales salvajes, maltratadas y exportadas de su país;
bien porque sean engañadas pensando en que irán a un lugar
mejor como se puede ver en muchos lugares de España, donde barrios
e incluso carreteras están abarrotadas de prostitutas inmigrantes,
o raptadas, como cuando están de vacaciones y confían
en gente que no conocen o cuando van solas por lugares donde no frecuenta
la gente a altas horas de la noche.
Aun con esto, las mujeres tratadas no solo sirven para el abuso sexual,
sino que también para trabajos forzados, servidumbre o extracción
de órganos.
El continente más frecuente en cuanto a trata de mujeres se refiere
es el asiático. No por ello en cualquier otro país se
corre menor riesgo a ser una de esas víctimas. Las personas dedicadas
a raptar y vender, están esparcidas por todo el mundo. Siempre
trabajan en equipo: espías, señuelos, secuestradores y,
por último, el vendedor, quien siempre saca mayor tajada del
asunto.
Una persona secuestrada es manipulada por diferentes hombres, en poco
tiempo, hasta que muere, la matan y, en el mejor de los casos, es encontrada
y salvada. Aunque esto último es lo menos frecuente ya que, si
una chica es raptada, tiene un tiempo de 48 horas, como máximo,
para permanecer en el país en el que se encuentra. Pasado ese
tiempo es exportada y desde ese momento es muy difícil encontrarla,
ya que fuera del país, se le pierde la pista.
Hay varios tipos de compradores: unos los que compran para auto beneficiarse
de la chica, otros trabajan para los que de verdad abusaran de ella,
otros solo por hacer negocio, otros para obligarlas a que se prostituyan…
Al fin y al cabo, todas o casi todas, da igual cual sea el comprador,
serán tratadas de la misma manera.
En cuanto a las víctimas, son más comunes las chicas entre
los 15 y los 28 años de edad, ya que son más jóvenes
o, algunas de ellas, no han perdido la virginidad. También son
comunes chicas asiáticas que han sido vendidas por sus padres,
que son huérfanas o raptadas.
Según la ONU (Organización de las Naciones Unidas), se
estima que más de 2,5 millones de personas por año, son
víctimas del tráfico humano en todo el mundo, y que mueve
un total aproximado de 10 000 millones de dólares al año.
Y todo esto por querer llevar un futuro mejor sin pensar en las consecuencias.