Álvaro
Saenz, Ventura Gómez estudiantes de bachillerato, Colegio La
Paz, Torrelavega (Cantabria)
Con motivo de los asesinatos de Mari Luz y Marta del Castillo, se ha
vuelto a poner de moda la opción de legalizar, en España,
la cadena perpetua y la pena de muerte. Sin embargo, es brutal la “mediatización”
que se está haciendo con estos dos trágicos sucesos, algo
que se pone de manifiesto los sentimientos más primarios y viscerales
de los seres humanos. Toda la razón tiene la portada de la revista
“El Jueves” de esta misma semana que, bajo el titulo “Carroñeros
de la Tele”, encarna a Jordi González (el presentador del
programa “La Noria”) y a Ana Rosa Quintana (del programa
“AR”). Ante la afirmación de éste último
“Mira, se están cargando a otra!”, Ana Rosa contesta
“Que gran país! ?Gilipollas el ?último!”.
Pero no nos vayamos del tema central que es la pena de muerte y la cadena
perpetua. Empezaremos hablando de esta última. Lo primero, aclarar
que España es el segundo país de la Unión Europea
donde los asesinos cumplen penas más prolongadas, por detrás
de aquellos países europeos en los que esta vigente la cadena
perpetua. Es fácilmente deducible, entonces, la solución
al problema queda lejos de esta condena.
En cuanto a la pena de muerte, creemos es clara nuestra postura. No
se debe solucionar la violencia y el homicidio con violencia y homicidio.
Desde un punto de vista puramente psicológico, el fin del castigo
no es corregir la conducta de la persona a la que se castiga, sino evitar
que otras personas lleven a cabo esa conducta. Por un lado, una vida
nos parece un precio demasiado alto para conseguir esto. Por otro, estadísticamente,
son los países con pena de muerte aquellos en los que se da un
mayor índice de asesinatos.
Hago, para concluir, referencia a una frase que oí hace tiempo
y que me hizo reflexionar sobre la importancia que tienen las decisiones
relacionadas con la privación de la libertad y de la vida: “Más
vale un delincuente en la calle, que un inocente en la cárcel”.
Opinen ustedes.