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Dia
Mundial contra la pena de muerte
Telma
Weyden.

El
pasado diez de octubre, ante la apatía de la comunidad internacional,
Amnistía Internacional, y un centenar de organizaciones abolicionistas
y defensoras de los derechos humanos, han desarrollado diversos actos
de denuncia y concienciación, con motivo del Día Mundial
contra la Pena de Muerte.
Según los datos recogidos por Amnistía Internacional,
durante el pasado año 2005, se produjeron 2.148 ejecuciones en
todo el mundo, algunas de ellas tan salvajes como las lapidaciones que
costaron la muerte, que sea conocida, a no menos de 43 mujeres, solo
en Iran. Según ha reconocido la organización defensora
de los derechos humanos, esto solo es el exponente de un problema mas
profundo, pues sus datos solo contemplan los casos documentados, siendo
el número real muy superior.
Llama
poderosamente la atención, que la olímpica China encabece
la lista de forma holgada y la democrática Estados Unidos se
encuentra en una posición relevante. El gigante asiático
concentra, según Amnistía Internacional el 94% de los
casos documentados (1170), cifra inferior a los cerca de 10.000 que
se supone conforman la realidad de este país. Tras China, la
lista continua con Irán (94 ejecuciones documentadas), Arabia
Saudí (86 ejecuciones conocidas) y de Estados Unidos (60 personas).
En la actualidad, la pena de muerte es legal en 68 países, percibiéndose
una clara tendencia a la abolición legal de esta práctica,
desde ya hace casi 30 años. Así, en este año que
termina Filipinas se ha sumado a la lista de países abolicionistas
y Moldavia ha reformado su constitución en junio de 2006 para
prohibir la pena capital.
Frente a ello, un significativo número de paises mantienen la
pena capital de forma firme en su legislación y en su mentalidad
colectiva. Es el caso de Estados Unidos se sigue ejecutando, incluso
a enfermos mentales, o de estados asiáticos como Irán
y Pakistán, que ejecutan menores.

En la actualidad Amnistia Internacional y más de 53 organizaciones,
colegios de abogados, sindicatos y autoridades locales y regionales,
han creado una coalición mundial contra la pena de muerte, que
para la conmemoración de este año ha elegido como lema
'La pena de muerte, un fracaso de la justicia'.
"Los países que utilizan la pena de muerte lo hacen de una
forma injusta, vulnerando las leyes y normas internacionales. La pena
de muerte no es aceptable nunca, en ningún caso, y cada ejecución
constituye una violación extrema del derecho a la vida. Y esta
violación se agrava cuando el Estado quita la vida a un ser humano
por medio de un proceso judicial injusto", asegura Esteban Beltrán,
director de AI en España.
En la actualidad, un total de 43 constituciones en el mundo prohíben
la pena de muerte, lo que crea en el resto un vacio legal que permite
estas prácticas al albur de los gobiernos. En el Código
Penal Militar español se derogó la posibilidad de aplicarla
en tiempos de guerra, pero la Constitución española sigue
haciendo una mención expresa a ella en el artículo 15.
AI pide que dicha mención sea eliminada y sustituida por una
prohibición expresa de su uso.
Sin salir de nuestro pais, España aún no ha ratificado
el protocolo 13 del Convenio Europeo de Derechos Humanos por el que
se quiere convertir a Europa en una zona libre de pena de muerte. Este
Protocolo ha sido ratificado ya por 33 estados.
Sin embargo, nos escandalizamos cuando conciudadanos nuestros son afectados
por el problema. En la actualidad los españoles condenados a
muerte en el extranjero son dos: Pablo Ibar en EEUU y Nabil Manakli
en Yemen. Pablo Ibar fue condenado en el año 2000 y desde entonces
está en el corredor de la muerte de la Penitenciaría de
Starke (Florida). El 9 de marzo 2006 el Tribunal Supremo de Florida
confirmó la sentencia. La familia intenta que se repita el juicio.
En Yemen, Nabil Manakli, español de origen sirio, fue condenado
a muerte en 1997 acusado de organizar un grupo armado. Desde septiembre
de 2003, fecha en que se le confirmó la pena, puede ser ejecutado
en cualquier momento.
A otro ciudadano español, Paco Larrañaga, le fue conmutada
la pena de muerte en Filipinas por cadena perpetua.

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