Murphy,
el hombre sin ley
Ventura
Gómez, Miguel Gómez, Juan Buendia
estudiantes de bachillerato, Torrelavega
(Cantabria)

La
ley de Murphy, es además de una de las leyes menos practicas
para la historia de la ciencia una de las, curiosamente, más
conocidas.
Esto es una prueba más del carácter estúpido de
la raza humana y de la capacidad de retención de tonterías
que poseemos, y es por eso por lo que hemos querido acabar con este
mito, base del pesimismo y demostrar que no es cierto de la forma más
objetiva posible, con las matemáticas.
En primer lugar nos gustaría explicar (desde la parte más
psicológica) que el motivo de que la ley de Murphy parezca tan
cierta es la memoria selectiva, es porque si un día la tostada
se te cae por el lado de la mantequilla y te mancha todo el suelo, enseguida
te cabrearas con tu suerte y te acordaras de la ley de Murphy pensando
que es cierto, sin embargo el día que la tostada se te cae por
el lado de la no mantequilla pasará a la historia ya que nada
de lo que ocurrió te llamó la atención. A esto
es a lo que nos referimos con memoria selectiva, al hecho de que no
nos acordamos del pasado por completo sino que nos acordamos de lo que
nos llamó la atención, y generalmente de lo malo.
En otros aspectos, incluso nosotros demostramos la certeza de esta ley
cuando, por ejemplo, nos obcecamos con nuestro “mal día”
y esta forma de asumir un día como malo sumado a nuestro propio
mal humor característico de estos días, es lo que nos
lleva a incidir otra vez sobre los mismos errores, o nos hace más
vulnerables ante los malos sucesos, haciendo que incluso estemos más
irritables y discutamos con algún amigo o compañero.
Así que con el pretexto de violar una ley, nos pusimos en marcha
y realizamos el estudio sobre el que nos pareció el más
interesante y representativo de los postulados de Murphy, el referente
a las tostadas que caen por el lado de la mantequilla.
En él Murphy dice algo así como: “…además
si al caerse una tostada existe la posibilidad de que esta caiga con
el lado de la mantequilla hacia abajo lo hará, manchando todo
el suelo o la mesa sobre la que haya caído.”.
El experimento fue realizado partiendo de la base de que cuando Murphy
dice que siempre que una tostada pueda caer por el lado de la mantequilla
lo hará, se refiere a un 80% (dando un 20% de margen a ese “siempre”),
y teniendo en cuenta ese “siempre que pueda” le dimos la
oportunidad de poder caer hacia abajo a todas las tostadas realizando
los lanzamientos mediante tiradas aleatorias, sin condicionar así
el numero de giros de la tostada en el aire con ninguna altura desde
ninguna mesa etc., ya que descubrimos que podías conseguir casi
un 100% de aciertos de cualquiera de los dos lados dependiendo de la
altura si lo tirabas suavemente desde el borde. Condicionar el experimento
pensando en que Murphy se refería a caerse desde una mesa, desde
un plato, o incluso desde una sartén nos pareció una tontería,
ya que, lógicamente si el lanzamiento es realizado desde un mismo
sitio a una misma altura y con igual fuerza todas las veces hay mas
posibilidades de un resultado que de otro y no dejaríamos entonces
lugar al azar que es a lo que Murphy se refiere con el “siempre
que se pueda”, es decir siempre que haya posibilidades de ambos.
El experimento nos dejó, tras 100 tostadas de muestra, que 62
cayeron hacia el lado sin mantequilla y solamente 32 de la manera que
Murphy predijo, al extrapolar esta muestra al total de la población
el resultado fue, con un margen de error del 1,2%, que de cada millón
de tostadas 637584 tostadas se contrapondrán a la teoría
de Murphy y el resto caerán hacia el lado de la mantequilla.
De esta manera no hay que premiar a Murphy por su fiabilidad matemática...
sino por su originalidad en el arte de descubrir los motivos de esos
"malos días" que con o sin tostadas nos hacen la vida
imposible.
Pero si para algo nos ha servido este experimento es para saber que
no podemos basar los problemas en leyes o corolarios. Debemos pensar
en qué fundamento tiene el hacerlo y si nos sirve para algo además
de para satisfacer nuestro ansia por echarle la culpa a otros, en vez
de a nosotros.
Tras esta reflexión solo les deseo una cosa, tengan un mal día.
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