Amaya
Martinez Ponga estudiante de bachillerato, Colegio
La Paz, Torrelavega (Cantabria)
El feminismo es un término que define la doctrina y movimiento
social que defiende a la mujer y la reconoce capacidades y derechos
antes sólo reservados a los hombres. No defiende la superioridad
de la mujer frente al hombre, sino su igualdad.
La
historia y la tradición ha considerado a la mujer como un ser
en desventaja respecto al hombre, en la inmensa mayoría de las
culturas conocidas.
Uno de los escasos trabajos sobre la mujer que se puede calificar como
feminista, es anterior al siglo XIX. Fue obra de Mary Wollstonecraft,
quien lo llamó ‘Vindicación de los derechos de la
mujer’ y en él presentaba de un modo metafórico
a la mujer como un ser noble, que se encontraba en la élite social,
consentida, débil y perezosa al usar el intelecto y la moral.
Wollstonecraft a través de esta definición de apariencia
machista, culpaba a ambos sexos de la situación, y también
afirmaba que la mujer contaba con un gran poder sobre el hombre.
Años más tarde, en 1791, Olympe de Gouges redactó
la ‘Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana’
como respuesta a los ‘Derechos del Hombre y el Ciudadano’
redactados después de la Revolución Francesa. Pero es
a finales del siglo XVIII o principios del XIX cuando las mujeres occidentales
comenzaron a tomar conciencia de la opresión a la que les sometía
la sociedad machista.
La primera organización reivindicativa, tiene su origen en la
primera convención por la lucha de los derechos de la mujer en
el año 1848, celebrada en Nueva York. Se inicia así, un
nuevo movimiento social y, posteriormente, político.
En el siglo XX las mujeres todavía siguieron sufriendo la misma
falta de consideración social; es decir, su papel se ceñía,
en general, a estar subordinada al padre o al esposo; a ser madre y
cuidadora del hogar; carecía de vida pública; de actividad
productiva y escasa participación cultural.
Este movimiento fue creciendo y tomando distintas perspectivas de la
discriminación de la mujer. A los primero militantes se les denominó
‘Primera Ola’ y, más tarde, en los años ’60,
‘la Segunda Ola’.
A lo largo de la evolución y desarrollo del movimiento feminista,
tal y como lo conocemos desde los años ’70, el concepto
de feminismo se ha vuelto confuso, y ha originado distintas interpretaciones.
En principio, supuso un movimiento de denuncia y, poco a poco, se fue
acercando hacia el mundo de la política, apoyándose en
la máxima de Martín Luther King ‘Una amenaza a la
justicia en cualquier lugar es una amenaza a la justicia en todo lugar’.
De este modo, el mundo feminista fue acercándose a otros movimientos
civiles, pacifistas y homosexuales, pero algunas feministas negras,
como Angela Davis, se quejan de que el feminismo está dominado
por mujeres blancas.
Queda patente, el desacuerdo que existe entre los distintos grupos que
se han ido formando, desde el momento en el que se han tratado de encontrar
las causas que han llevado a la mujer a una situación de discriminación.
Están aquellos que la consideran algo relacionado con la naturaleza
femenina o masculina en esencia; otros dicen que las causas se iniciaron
en el principio de los tiempos; o los que se lo achacan a la evolución
psicológica del ser humano. Por añadidura, también
debemos tener en cuenta las diferencias económicas, religiosas,
hábitos y privilegios que se han concedido a los hombres en detrimento
de las mujeres.
Estas posturas, se toman en un mundo hostil para el movimiento, pues
está rodeado de normas heterosexuales jamás cuestionadas,
que establecen los límites entre hombres y mujeres muy claramente.
Lo que a algunos feminismos radicales les preocupa, es el movimiento
transexual, pues no distingue con claridad entre el hombre y la mujer.
Consideran que el sentirse hombre o mujer es un atavismo socio-cultural
que no tiene sentido y colabora con el sexismo. Otros, lo apoyan abiertamente.
Por otro lado, estos movimientos feministas gozan de fuertes relaciones
con corrientes socialistas o anticapitalistas, lo que contribuye a la
idea generalizada de que la ‘liberación femenina’
debe correr pareja a la liberación social en general. Se trata
de encontrar un modelo de mujer que cuente con todos los derechos de
los que disfrutan los hombres, pero sin olvidar que ambos se deben caracterizar
como seres pacifistas, con amor por la naturaleza, cuidado de los hijos
y que aporten sus valores al mundo de la cultura y a la historia.
Según el Ministerio de Igualdad, las últimas estadísticas
muestran una notable desigualdad ya desde las aulas. Las mujeres docentes
e investigadoras suponen un 36% y sólo el 15% son catedráticas,
a pesar de que, el 54% de los alumnos matriculados en el curso 2009/10
son mujeres. Además, el curso anterior logró concluir
sus estudios en la Universidad el 61% de las mujeres matriculadas. Todos
estos datos resumen ‘un presente y un futuro más igualitario
y más justo’ que supondrá la llegada de los ansiados
cambios sociales y, por lo tanto, legislativos, también.
Lo que fue causa de polémica, fue la apuesta que hizo la ministra,
Bibiana Aído, por que el feminismo tenga un ‘lugar en la
formación troncal’ en la Universidad española, como
‘agente activo’ para la igualdad de géneros que es
esta institución.
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