Heidi
nos lleva al huerto
un proyecto de tierra y corazones
Ventura
Gómez, Alba Juanes estudiantes de bachillerato, Colegio La
Paz, Torrelavega (Cantabria)
El
huerto de los niños. Explicaciones, sensibilización,
aprendizaje. Tardes enteras compartidas con los más pequeños,
con mucho amor
Un colegio,
mil doscientos alumnos, más de sesenta profesores y además...
un huerto. Esta es la iniciativa que la profesora de Biología
de Bachillerato del Centro, Heidi Rodríguez, ha tenido para la
recuperación de un terreno en desuso desde hace años,
situado junto a las aulas del Colegio Nuestra Señora de La Paz.
Todo comenzó el pasado año. Hasta entonces, todo el que
pasara por el pasillo lo hacía para ir a clase o al baño,
algunos sin saber siquiera que al final de ese pasillo había
una parcela inutilizada y llena de malas hierbas. Y mucho menos que
esa parcela podría ser de provecho para alguna actividad. Sin
embargo, ahora, lo que empezó como una idea, ha acabado convirtiéndose
en el instrumento de colaboración entre los niños de infantil
y los alumnos mayores, inyectando una dosis de vida y convivencia en
el colegio que fomenta la cooperación.
Son los niños pequeños, ayudados por niños grandes,
los que plantan lechugas y cebollas, y recogen el cariño e ilusión
de todos de los miembros de la comunidad educativa. Cada semana que
pasa, los niños están más concienciados con el
respeto y cuidado del medio ambiente. Lo aprenden poco a poco, sin enterarse,
jugando. Los mayores mientras aprendemos de ellos, viendo con orgullo
como entre todos podemos contribuir en la construcción de un
mundo un poco más verde, aunque sea en el simple patio de un
colegio.
Todo el mundo parece haber olvidado ya que el terreno fue usado incluso
como vertedero. La basura y el desorden han dado paso a una estampa
llena de dulzura, salpicada de encanto y armonía. Niños
correteando entre los cultivos, jugando con la tierra, asimilando sin
querer la importancia de proteger y velar por el medio ambiente. Y mientras,
los que somos un poco más mayores nos deleitamos con el milagro
de la vida, tanto humana, representada en estos pequeños llenos
de ilusión, como en las hojitas que comienzan a brotar ya de
nuestro huerto.
Es nuestro pequeño grano de arena, un puñado de niños
que, cuando crezcan, quizás recuerden con cariño esta
pequeña experiencia, y sean conscientes del incalculable valor
de cada trocito de tierra que pisamos. Plantando semillas en este pequeño
huerto, se siembran también las raíces de una mentalidad
abierta y amiga de la Naturaleza, la base de un cambio en nuestra forma
de ver el mundo que nos rodea, aunque sea desde el patio de un colegio.
Los
protagonistas, los que han levantado este proyecto
Los
inicios, el como se convirtio un espacio abandonado en un paraiso