nº219, agosto 2007
   
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La Paz


 

 

 

 

 

 

 

Diario de un camino

Carla Lopez Oliva


De izquierda a derecha, nuestras compañeras Blanca, Clara, Martina y Carla


Después de pasarnos el viaje charlando y escuchando música, llegamos a Ponferrada, nuestro origen de salida hasta llegar a Santiago. Allí nos encontramos con Nacho, que hacía un montón de tiempo que no le veíamos. Nos presentó a toda la gente con la que compartiríamos esos diez días intensos y cansados, que luego se convirtieron casi en los diez mejores días de nuestras vidas.
El primer día decidimos que solo duraríamos dos días más y nos volvíamos para Cantabria, pero no fue así, y ahora sabemos que podemos con esto, y con más. Y que si quieres, esta claro que puedes. Pasamos por lugares dignos de observar por unos instantes, naturaleza viva y verde, casi como la de nuestra tierra, por eso nos sentíamos como en casa. Gente mayor por los pueblos fuera de sus casas, con mercadillos caseros para vender palos de madera para ayudarte a andar, o la concha típica del Camino; los míticos bares del pueblo en los que hacíamos alguna parada para beber una coca cola a media mañana, o la pequeña lluvia que nos daba nuestro momento de gloria cuando nos estábamos muriendo de calor.


Recorrimos pueblos como Villafranca del Bierzo, O cebreiro, que fue la etapa más dura y complicada, Sarria, Portomarin, pueblo precioso en dónde estuvimos toda la tarde jugando a las cartas a orillas del Río Miño, contemplando aquel paisaje espectacular, Palas de Rei, Melide, donde comimos un pulpo a la gallega buenísimo, Arzúa, Arca y muchos más, de los que de casi todos nos llevamos un pequeño recuerdo.


Como también hay que nombrar a esas personas que te encuentras caminando, personas a las que unas palabras de ánimo o una sonrisa, se quedan cortas. Desde un hombre que llevaba cincuenta y siete días caminando desde Paris, hasta un padre llevando a su hija de cinco años en su mochila. Creo que se les podría calificar como ¨fuertes¨, pero me quedaría muy corta. Cuando lo ves, no sabes como actuar, si lo cuentas después de haberlo visto, a lo mejor no tiene mucha importancia, pero lo ves, lo vives y te llama tanto la atención, que son momentos de los que siempre te acordarás.
Restando días, ya no nos quedaba nada para estar enfrente de la Catedral, los días se hacían incluso más llevaderos, y ya hasta queríamos seguir andando, nuestro cuerpo se fue habituando a la vida del peregrino. Hasta que llego el ultimo día, el fin del Camino, cuando llegas a Santiago, y te pones delante de aquella puerta, mientras oyes a gente cantando, riendo, gritando de felicidad por estar allí, y tú solo piensas en tu esfuerzo, en valorarte a ti mismo, y en llorar de alegría, de emoción, porque lo has conseguido. Y es cuando todas las partes de tu cuerpo, que día tras día te habían creado molestias, desaparecen. Cuando no piensas en nada más que en sonreír y mirar la Catedral, y todavía no eres capaz de creértelo.


Por eso nosotras nos lo planteamos como objetivo, pero creo que se convirtió en algo más que eso, en una experiencia inolvidable y que repetiremos algún día. Es importante destacar la gente que te encuentras a lo largo del Camino, nunca me había encontrado personas tan amables, ayudándose entre ellos, ofreciéndote bebida, comida, o simplemente animándote con unas palabras escondidas detrás de una sonrisa. Eso te ayuda más que cualquier otra cosa, te ayuda a tener más energía y a seguir sin que nada, ni nadie te lo pueda impedir.
Después de estos diez días, creo en aquello que me dijeron muchas de las personas que caminaron alguna vez a mi lado: ¡Buen Camino!, con esa pequeña expresión me quedo, y creo y afirmo que así ha sido, que me llevo cargados miles de momentos en mi mochila de los recuerdos, y que, ahora, una cuarta parte de mi corazón, se ha declarado gallego.

 


 

 

 

 


Carla Lopez Oliva, junto a Blanca, Martina y Clara, son cuatro estupendas estudiantes de La Paz, que han finalizado hace unos dias el “Camino de Santiago 07”, una de las propuestas de la pastoral juvenil de Sagrados corazones, para este verano. Una mezcla de aventura y descubrimiento de si mismo, en compañía de jóvenes de toda España. Dirigidos por el padre Nacho Robledo la actividad comenzó en Ponferrada, donde visitaron la nueva edición de la exposición “Las Edades del Hombre”. La ruta a los largo de diez días, les llevo a una intensa convivencia que concluyo en Santiago.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

     
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