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A
dos semanas de las elecciones
Ramón
Fernandez Gómez
Estudiante de la Universidad de Cantabria
Fotos Elpais.es

Sólo
faltan dos semanas para las elecciones generales. Tras una legislatura
marcada por los graves enfrentamientos entre PP y PSOE, ahora es a los
ciudadanos a los que les toca elegir a quien prefieren que gobierne
en los próximos 4 años.
En
mi opinión, han sido 4 años con bastantes errores y despropósitos,
tanto de unos como de otros, si bien ha sido una legislatura con contenido
(se han aprobado muchas leyes), pero cargada de crispación.
Todo
se inicia con la victoria socialista en Marzo de 2004. Este es un tema
del cual se ha hablado mucho. Para mí, es aquí donde nace
toda la confrontación que vendrá después: y, en
mi opinión, nace debido a la pésima actitud del Partido
Popular (con Rajoy a la cabeza), y concretamente de su sector duro,
encabezado por Esperanza Aguirre, Ángel Acebes, y los medios
de comunicación afines, que desde ese mismo momento trataron
de deslegitimar el veredicto de las urnas, lo cual es lo mismo que no
aceptar el resultado de una votación democrática. Y es
esta incapacidad para aceptar la derrota en las urnas la que invalida
la actuación del PP durante el resto de la legislatura, y la
que ha marcado la pauta de este partido durante estos últimos
4 años.
A
esto se le unió al juicio del 11M, sobre el que el PP trató
de verter toda sarta de mentiras para seguir creyéndose una teoría
que, según todos los especialistas jurídicos, no tiene
cabida en la sentencia del tribunal, ni en lógica alguna. Se
trata de un acto de fe creerse esas mentiras y teorías conspirativas.
Todo
esto ha marcado el tono de los últimos 4 años, y lo anterior
se ha extrapolado al resto de asuntos (modelo de Estado y lucha antiterrorista
especialmente). En el primero de ellos, para mí hubo varios errores
de bulto del Gobierno, sin duda: a pesar de lo necesario de las reformas
estatutarias, la forma y el momento en los que fue sacado adelante el
nuevo estatuto de autonomía de Cataluña fueron sin duda
un fracaso. Se forzó un debate innecesario, cuando éste
podía haber esperado a otra ocasión. Mientras, la postura
del PP era difícil de entender: mientras aceptaba aprobar estatutos
como el andaluz, impugnaba a la vez ante el Constitucional otros, como
el Estatuto de Cataluña, a pesar de que muchos de los artículos
impugnados en este segundo estatuto eran idénticos en muchas
ocasiones al Estatuto andaluz, que el PP aceptó sin dudarlo.
No tiene sentido, al no ser que se vea en puro sentido de cálculos
electorales (ya están las cosas bastante mal para el PP en Andalucía,
como para encima impugnar la reforma estatuto); además, es evidente
que el PP nunca derogaría estas leyes aunque llegara al poder
(al igual que no lo hará con la ley del matrimonio homosexual),
por mucho que las critiquen ahora.

Sobre
la política antiterrorista también se ha hablado mucho:
la negociación ETA-Gobierno es un deber que el ejecutivo está
obligado a intentar siempre. Lo intentó Felipe González,
lo intentó Aznar y lo intentó Zapatero, siempre con el
apoyo de la oposición. Sin embargo, esta vez no ha sido así.
Ahora, el PP se ha opuesto desde el principio, argumentando concesiones
del gobierno a ETA, aderezando con el tema de la desmembración
de España. Me parece lamentable las piedras en el camino que
este partido ha puesto al Gobierno de cara a la negociación.
Zapatero ha cedido, no han parado de decir los populares. ¡Muy
bien! Claro que ha sido así. Estamos en una negociación,
¿qué esperan? Porque en una negociación, es evidente
que las partes presentes han de ceder algo, han de tratar de llegar
a un acuerdo mediante “tiras y aflojas”, sino no estaríamos
ante un proceso negociador. No quiero que se me interprete mal: evidentemente,
el Gobierno tiene la legitimidad moral y constitucional para negociar,
y para hacerlo desde la fuerza de la democracia y las leyes como instrumento
para llegar a la paz, no con la violencia como defienden los terroristas.
Por eso, las cesiones por parte del Gobierno deben de hacerse sabiendo
que los que tienen que perder son los terroristas. Evidentemente, sería
gravísimo e intolerable que las cesiones que se produjeran fueran
las que el PP dice que se han producido (cesiones políticas,
Navarra, etc.), pero para mí, esto no está más
que en la imaginación del PP. Pero a lo que voy es que no hay
que confundir términos: en una negociación todas las partes
van a ceder algo, sino no habría negociación alguna.
Además, me parece paradójico que todo esto de las cesiones
lo dice un partido popular que negoció con ETA, acercó
sus presos (cosa que el Gobierno actual no ha hecho), e incluso llamó
a la banda MVLN (Movimiento Vasco de Liberación Nacional). ¿Quién
es el autor de lo siguiente? “Sabremos ser generosos con el MVLN”.
Parece mentira, pero esas palabras las pronunció Aznar (ver hemerotecas),
ese hombre que ahora va proclamando las maldades del Gobierno de Zapatero,
la desintegración de España y no sé cuantas burradas
más. Aznar negoció con la banda, al igual que Zapatero,
pero con una gran diferencia: Aznar obtuvo el apoyo, lógico por
otra parte, de la oposición, apoyo que su partido ahora niega
al Ejecutivo.
Lamentable
me parece la actitud del ex presidente Aznar, así como la del
PP, la de algunos medios de comunicación y, especialmente, la
de Francisco José Alcaraz, presidente de la asociación
de víctimas del terrorismo (AVT) durante estos últimos
4 años. Dada la asociación que preside, es curioso que
este señor haga sus críticas más sonadas al Gobierno
y no a ETA. Me llama mucho la atención ese odio visceral hacia
Zapatero, un rencor interior contra el presidente del Gobierno, al que
han tildado de anti demócrata, de estar al servicio de ETA, de
tener 192 muertos a sus espaldas, y de no sé cuantas salvajadas
más. Parece que no se acuerda de que es una persona elegida por
los ciudadanos, y que, aunque tiene todo el derecho a criticarle, creo
que le debe un respeto democrático, no ya al propio Zapatero,
sino a los ciudadanos que le votaron.
Muy graciosa ha sido la reciente reacción de Esperanza Aguirre,
cuestionada sobre la recomendación de la Conferencia Episcopal
(¿para cuando crearán un partido político, dado
que se ocupan más de política que de religión?)
de no votar a partidos que hayan negociado con ETA. Le dijeron los periodistas
a la Presidenta de la Comunidad de Madrid: “Entonces no se podría
votar a ningún partido…”. A lo que ella respondió:
“No, porque no es lo mismo una negociación que unas conversaciones
transparentes”. De risa. Ahí se retrató totalmente
la postura de ella y su partido respecto este tema. Que pasa, ¿qué
con ETA fueron a hablar del tiempo los negociadores de PP? Por cierto,
que aquella negociación tuvo lugar con la mediación de
un obispo, los cuales ahora hacen campaña en contra de negociaciones.
Está claro que la política y los políticos son
demagogos, funcionan según sus intereses y los intereses del
poder… pero me parece excesiva la actitud del PP.
En el tema de la negociación, Zapatero cometió un grave
error el día anterior al atentado de la T-4, al asegurar que
las cosas iban bien. Además, creo que el Gobierno ha pecado de
confianza de cara a la banda, y de dar demasiada repercusión
pública a la negociación sin haber avanzado prácticamente,
aunque también es verdad que las circunstancias políticas
fueron las que fueron.

Y
aquí sigue la crispación, ahora en el tema ANV y PCTV:
el PP da por seguro que el Gobierno tenía pruebas para haber
instado la ilegalización de este partido antes. Pienso que no
es así: es en Octubre cuando cae la mayor parte de los dirigentes
de Batasuna, y ahí se obtienen pruebas contundentes en su contra,
pruebas que ahora han sido aplicadas contra ANV y el PCTV en la instancia
de la Fiscalía, y el posterior auto del juez Baltasar Garzón
(por la vía penal, que suspende las actividades de ambos partidos)
y del Tribunal Supremo, que aplica medidas contra estos partidos. Otra
cosa es que el Gobierno haya manejado los tiempos a su conveniencia,
lo cual no me parece bien; pero las pruebas acumuladas contra ANV y
el PCTV no son de hace tanto tiempo como sostiene el PP.
Además, no hay que olvidar que se necesitan sólidas pruebas
para ilegalizar un partido, como el Tribunal Constitucional dijo en
su día. No valen indicios, porque ilegalizar un partido político
no es cualquier cosa: es algo muy grave y delicado: privar de uno de
los derechos fundamentales de la democracia (sufragio activo y pasivo)
a un grupo de personas, por lo que es necesario cumplir escrupulosamente
la ley, y tener todos los cabos atados.
Por
otra parte, económicamente las cosas no han ido mal: los indicadores
macroeconómicos son buenos, la economía española
crece, (más que la de la UE), y el ciclo sigue siendo bueno.
Además, el Estado posee actualmente un gran superátiv.
A pequeña escala, sin embargo, las cosas no son tan buenas: últimamente,
el repunte de la inflación está haciendo sufrir a las
economías domésticas, muy endeudadas por otra parte. Los
últimos meses están siendo malos, y se echa en falta alguna
medida por parte del Gobierno, muy confiado en que la mala racha acabará
en unos meses. Hay que creer al ministro Solbes, pero la falta de confianza
de la gente es probablemente el peor signo posible al hablar de términos
económicos, y está por ver si la inflación se modera,
como augura el Ejecutivo.
Así todo, los buenos números macroeconómicos, sobre
todo, el alto superátiv de las cuentas públicas, fruto
de los últimos años (sobre todo los 3 últimos)
hacen ver que, a pesar de los malos datos del paro, la caja de la seguridad
social está fuerte, y de cara a las pensiones, los sueldos, etc.
el Estado está más que preparado para hacer frente a la
mal llamada crisis económica.
Mal llamada porque si a cualquier persona hace 20 o 30 años le
dijéramos que estamos hablando de crisis cuando España
está creciendo a un ritmo de casi el 4 por ciento, nos tomarían
por locos. Por eso creo que los datos se están exagerando, si
bien en los últimos meses en innegable que la inflación
y el paro han subido. Pero la cercanía de las elecciones hacen
que los datos se saquen de contexto, y lo que es un bache de la economía
estadounidense, que a España, según los expertos, no le
va a afectar mucho, se hace ver como una gran crisis económica.
Algún político habló incluso de recesión.
Un poco de seriedad.
Según un artículo reciente de Joaquín Estefanía,
“el deber económico del Estado es el mismo que el de una
familia: pagar las deudas y ahorrar en los buenos tiempos, para poder
hacer frente a los malos”. Y en España eso es lo que viene
ocurriendo desde hace unos cuantos años, asique en mi opinión
no hay que alarmarse tanto, si bien todo el mundo nota en sus bolsillos
la inflación, y eso es causa lógicamente un nerviosismo
general. Pero hay que ver los datos en su conjunto.

Lo que sí que no ayuda nada son los arranques electoralistas
de los partidos. PP y PSOE se han lanzado a ofertar más y más,
como si de una subasta de tratara. En este sentido, los 400 euros que
Zapatero ha ofrecido devolver a los contribuyentes es una medida que,
al margen de que sea mejor o peor para el contribuyente, en mi opinión
no ayuda nada a evitar esa imagen electoralista de los partidos y sus
propuestas, sino que más bien al contrario, contribuye a fomentar
dicha imagen. Medidas parecidas a esta oiremos a partir de ahora continuamente.
¡A ver quién da más! Todo, como siempre, por el
voto: todo vale, incluyendo la demagogia y el electoralismo.
Además, creo que estas bajadas de impuestos son contraproducentes
para el país a largo plazo. Hace unos días, el Eurostat,
la oficina estadística de los países comunitarios, ofrecía
datos sobre presión fiscal y gasto social. Pues bien, España
era uno de los países con la presión fiscal (el porcentaje
de impuestos que pagan los contribuyentes) más bajo de Europa,
y, también, un país con uno de los gastos sociales más
bajos. Este gasto se sitúa en el 20% del PIB, mientras que en
Francia o Alemania se sitúa sobre el 30%, y, en Suecia, uno de
los países con mayor calidad de vida, se sitúa en el 32,9%.
En cuanto a los ingresos fiscales (recaudación de impuestos),
en España se sitúan en el 36,4%, mientras que la media
de la UE es del 40,8%, y, en países como Dinamarca o Suecia,
superan ampliamente el 50%. Por lo tanto, el problema es: a menos presión
fiscal (menos impuestos), el Estado tendrá menos dinero para
gasto social (educación, infraestructuras, sanidad), y, por lo
tanto, el nivel de vida general podría bajar a la larga, a pesar
de que para cada ciudadano individualmente sería beneficioso
a corto plazo: tendría que pagar menos al Estado.
Así pues, es evidente que los países con mayores niveles
de vida y de educación tienen unos impuestos muchísimo
más elevados que los de España, y ahora mismo, en nuestro
país los partidos no hablan otra cosa que de bajar impuestos.
Es lógico por una parte, porque a todos nos gusta tener el dinero
en el bolsillo, pero por otra parte es mejor mantener unos impuestos
razonablemente altos para que el Estado pueda garantizar buenos servicios,
sobre todo a largo plazo. Manuel Pizarro, número 2 del PP por
Madrid, dijo recientemente que “el dinero del contribuyente debe
de estar en el bolsillo del contribuyente”. Una afirmación
así es lógica desde una perspectiva liberal como la que
ofrece el Partido Popular, sin duda decidido a una bajada de impuestos.
Pero lo que no es normal es que el PSOE (que se dice socialdemócrata)
se deje arrastrar a una dinámica oportunista de bajada de impuestos,
aunque también es verdad que la rebaja fiscal que promete el
PSOE es mucho menor que la que dice el PP, y, además, el PSOE
propugna mucho más claramente que el PP unos impuestos bastante
más elevados para las rentas más altas.
La
verdad, yo no sé qué creerme de cada partido: en tiempo
de elecciones, ¿qué es verdad y qué mentira? ¿Qué
manipulación y qué transparencia? Me parece que ambos
partidos se toman esto como si de una subasta de votos se tratara, como
comprándonos el voto, muchas veces a base de engaños,
y me parece vergonzoso.

Otro
tema candente es, sin duda, la relación Estado-Iglesia. Para
mí, aquí el gobierno ha pecado no sólo de ingenuo,
sino de irresponsable en los últimos meses. Vamos a ver: España
es un Estado aconfesional, como es sabido por todo el mundo. Por lo
tanto, ninguna confesión debe verse primada por el Estado, o
beneficiada por el Gobierno, cosa que así ha sido en esta legislatura
(y en las anteriores). Zapatero, probablemente temeroso de una fuga
de votos contra el PSOE (lo cual es irresponsable se mire por donde
se mire), ha mantenido una actitud de apaciguamiento de la Iglesia,
que le ha llevado a hacer unas concesiones injustas a la Iglesia: primero,
no es justo que cada español –sea católico, judío,
protestante, musulmán, budista o ateo- pague este año
3,5 euros para el sostenimiento del clero y culto católicos.
Por si no fuera poco, es un 34% más que hasta ahora. Esta medida
fue pactada por el Gobierno y los obispos en 2006. Además de
esta aportación sufragada por todos y cada uno de los ciudadanos,
existe la aportación voluntaria a través del IRPF (el
conocido como impuesto religioso): con el nuevo sistema, el coeficiente
del IRPF que recibe el episcopado de sus fieles se eleva del 0,5% al
0,7%.
Por lo que se ve, cada día que pasa perece estar más lejos
el objetivo de la autofinanciación, un objetivo que el Gobierno
hizo suyo en su día, pero que ahora parece haber olvidado, en
lo que para mí es una actitud bochornosa por parte del ejecutivo.
Lo más llamativo de este nuevo acuerdo es que este Gobierno aceptó
lo que habían negado a los obispos todos los anteriores: la renuncia
a autofinanciarse en el futuro mediante un sistema que debió
acordarse en 2001.
Por eso, pienso que las donaciones de dinero a cualquier asociación
(y la Iglesia lo es) deben de estar fuera de cualquier impuesto y de
cualquier tipo de financiación pública. Y hablo de impuestos,
no de subvenciones, las cuales son necesarias para las asociaciones,
pero son otro tema.
No quiero que parezca mi postura en contra de la Iglesia, porque no
es así; muy al contrario, lo que pienso es que el Estado (y,
por lo tanto, los impuestos que éste recauda), no debe de ir
en contra de nadie, y para ello es necesario que tampoco vayan a favor
de nadie. Y financiar directamente a la Iglesia es una postura del Estado
favorable a la Iglesia, y, por lo tanto, contraria al resto de asociaciones,
tengan el fin que tengan. Creo que lo justo es que la Iglesia se autofinancie,
es decir, que se sostenga por sus propios medios. Pero parece que los
obispos nunca se van a dar por satisfechos, a pesar del claro trato
de privilegio del que siempre han gozado. Y encima denuncian una persecución
contra ellos, ¡se sienten perseguidos! Yo creo que lo que pasa
es que algunos de estos obispos tratan de imponer sus creencias, y,
en la medida en que no lo consiguen, dicen sentirse perseguidos.
Como escribía recientemente Juan Luis Cebrián en un artículo,
“el laicismo, en la medida que exista, sólo puede ser radical,
pues ha de garantizar la absoluta separación entre el Estado
y cualquier tipo de confesión religiosa, por mayoritaria que
sea, en la sociedad a la que representa. Pero el laicismo de nuestros
gobernantes lejos de ser radical está más que descafeinado,
al punto de permitir y promover la presencia de toda clase de símbolos,
ritos y actos litúrgicos católicos en funciones estrictamente
civiles, como los funerales de Estado o las tomas de posesión
de los cargos públicos. Desde el punto de vista de la construcción
democrática, estos hechos son más perniciosos incluso
que la financiación con dinero público de las confesiones
religiosas porque transmiten un permanente mensaje de la supuesta catolicidad
del Estado. Por lo demás, si los obispos y sacerdotes quieren
entrar en política, en su derecho están. Pero a la hora
de recibir sus lecciones sobre democracia habrá que recordarles
que la Iglesia es una de las sociedades menos democráticas de
las imaginables. No guarda los más mínimos de los requisitos
exigibles a cualquier formación política que concurra
a unas elecciones libres y, desde luego, llama la atención el
machismo, éste sí, radical de su estructura de poder y
la ausencia de cualquier sombra de igualdad de género en sus
filas”.

Hay
otros temas en los que el Gobierno se ha mostrado demasiado apaciguador
ante la Iglesia: por ejemplo, la pasividad del Gobierno ante los comunicados
de los obispos no se entiende, si no es, como decía antes, por
el temor a la pérdida de votos. El Ejecutivo no se puede quedar
callado ante manifestaciones tan graves como las que vertió hace
poco la Conferencia Episcopal, que llegó a decir incluso que
el PSOE representaba un peligro para la democracia. Es paradójico
que una institución internamente tan antidemocrática y
atrasada como la Iglesia hable de democracia, pero es su opinión,
que ahí está y hay que respetar. Pero una cosa es respetar
y otra no reaccionar ante este tipo de proclamas; y, para mí,
las respuestas del Gobierno han sido correctas, pero muy tibias sin
duda, y creo que obedecen al temor de una pérdida de votos. Lo
mismo pasa con el aplazamiento de los debates sobre la eutanasia y el
aborto, que el Gobierno ha quitado de su lista con objeto de no molestar
a la Iglesia, al igual que ocurre con los acuerdos bilaterales suscritos
desde 1979 con el Vaticano, a los que el PSOE siempre se ha opuesto,
pero ahora parece que se olvida de ellos.
Se ve que la política de acercamiento y apaciguamiento (insisto,
para mí errónea) del Gobierno, no ha hecho sino envalentonar
a una Iglesia que no quiere aceptar las cada vez menos simpatías
que posee, con una postura doctrinal y extremista. Debería tratar
de mantener a sus fieles, y no de echar la culpa al Gobierno de la secularización
de la sociedad, un proceso lento pero tenaz, y que lleva ya muchos años
manifestándose.
Con el tema de la educación, más de lo mismo: como apuntaba
Javier Marías hace unas semanas, “el Gobierno ha amoldado
Educación para la Ciudadanía, esa asignatura tan polémica,
en los colegios que la Iglesia considera suyos, pero que sufragan los
españoles”.
El
otro debate que sobresale de las manifestaciones eclesiásticas,
junto con el del modelo de familia, es el del aborto. Muchas asociaciones
de mujeres vienen pidiendo últimamente abrir el debate sobre
la ley del aborto, ley que dicen no es justa con el derecho al aborto,
ya que la base de dicha norma son 3 supuestos en los que se puede abortar,
y que, atendiendo a las estadísticas, parece claro que estos
supuesto pueden ser utilizados fraudulentamente. Esto es compartido
también por algunos sectores de juristas (aunque hay muchas opiniones
en contra también).
Además, lo que está claro es que si una mujer quiere abortar,
lo va a hacer, porque puede irse fuera de España y hacerlo en
cualquier país europeo que posea una ley por plazos. Por lo tanto,
al margen de consideraciones morales, tan sólo por conveniencia
práctica puede parecer lógico abrir el debate para cambiar
la ley. Hay que recordar que España es uno de los países
más restrictivos con el aborto; en la mayoría de los países
europeos las leyes abortivas funcionan a plazos, y no por supuestos,
como aquí. Asique creo que sería bueno abrir el debate,
pero debe ser largo y tranquilo, dadas las muchas sensibilidades que
este tema crea. Al igual ocurre con la eutanasia, tema que, a pesar
de estar incluido en el programa electoral socialista, no ha sido ni
siquiera mencionado por el Gobierno, que parece que hay una serie de
temas que considera tabú. Está claro que es imposible
cumplir todas las cosas que se promete en el programa electoral (algunas
de ellas son casi imposibles), pero no hacerlo en temas tan sensibles
es engañar a los votantes.
Otra
propuesta de última hora viene desde el PP: anuncia que, si llega
al Gobierno, obligará a los inmigrantes a firmar un contrato
con el que se comprometen a respetar nuestra cultura, leyes, a integrarse
en la sociedad, etc. Una medida que me parece un tanto racista. Y, si
no, ¿por qué no aplicarla a todos los nacidos en nuestro
país, o es que ningún español tiene problemas en
nuestro país? ¿Es que todos los españoles viven
adaptados a nuestras leyes, nuestro sistema, nuestra forma de vida?
La respuesta evidentemente es que no, por lo tanto está claro
que dirigir una medida así a este grupo es establecer una distinción
clarísima. Porque cualquier persona que se encuentre en España
(sea español o no) está sometido a las leyes de nuestro
país, y, por lo tanto, debe cumplirlas. Y aquél que no
las cumpla, queda a disposición del sistema judicial. No hace
falta ningún contrato para garantizar el cumplimiento de las
leyes, no hacen falta leyes que sirvan para hacer cumplir las leyes.
No tiene sentido.

De cara a las elecciones, también me parece importante el tema
Gallardón. Creo que, aparte de la pésima gestión
del asunto por parte de Rajoy durante estos meses (debería de
haber dejado las cosas claras a Esperanza y Gallardón hace mucho),
lo que se ha demostrado con la decisión de apartar a Gallardón
es que en el PP aún manda el “establishment” que
Aznar dejó a la cabeza del PP cuando se fue, y que aún
controla a través de estos dirigentes de su confianza (Acebes,
la propia Esperanza Aguirre, Zaplana…). Nadie duda de que Gallardón
es (era) un buen valor para el PP de cara a las elecciones, debido a
su influencia para captar votos de centro, y que eso al PP le vendría
de maravilla. Entonces, es evidente que la decisión de Rajoy
es objetivamente mala para él y su candidatura, como están
demostrando los sondeos. Entonces, ¿por qué apartó
a Gallardón? La línea oficial de Rajoy es que el apartar
a Gallardón se debe a que tiene un compromiso con los madrileños.
Está claro que esa respuesta queda muy bonita, pero no se la
cree nadie, teniendo en cuenta como llevo diciendo varias veces en este
artículo que a los partido les interesa los ciudadanos, sí,
pero más sus votos (y la decisión de no meter en listas
a Gallardón, parece claro que, como mínimo, no va a sumar
votos para el PP). Por lo tanto, creo que la respuesta está clara:
a pesar de que el líder del PP sabía que iba a perjudicar
su candidatura a las elecciones, no se atrevió a posicionarse
contra Aguirre y el sector derechista del PP, dado el enorme poder de
éstos, y no le quedó más remedio que apartar de
las listas a Gallardón, aderezándolo de cara a la opinión
pública con un “hace más falta en otro sitio”.
Por
eso creo que la gente de Aznar sigue mandando en el PP, lo que no me
parece raro: es lógico, porque Aznar ha sido la figura más
importante del PP en su historia, pero creo que representan una derecha
muy radical, y, como he dicho al principio, mezquina con el Gobierno
de Zapatero desde que éste llegó al poder. Y en gran parte
debido a Aznar, que desde que abandonó la Moncloa no ha hecho
más que soltar sapos y culebras contra todo lo que represente
la izquierda de España, tachándola de anti demócrata,
antiespañola, anticlerical… y haciéndose ver él
como el único garante de la libertad, el dueño de la correcta
moral, de la verdad, de la libertad (¿?)… Aznar, que por
un momento se creyó hace unos años el escudero de Bush,
lo que le hizo crecerse de manera infantil. Y ahí sigue, con
aires de grandilocuencia, con despotismo y chulería, y, sobre
todo, defendiendo unas posiciones extremistas que ni España ni
el PP se merecen, porque no hay que olvidar que la mayoría de
los votantes populares están en contra de la actitud actual de
Aznar. Para mí, miente y manipula José María Aznar
cada vez que habla de la política española, y todo porque
sigue sin aceptar su derrota en las anteriores elecciones, como comenzaba
diciendo en este artículo.
La
verdad es que lo que ha pasado con Gallardón es algo típico
en las luchas por el poder dentro de los partidos: pasó con el
PSOE, con IU, y ahora con el PP; pero la forma en la que se ha hecho,
y, sobre todo, el momento elegido, deja a Rajoy por los suelos. El hombre
intentando darlo todo de cara a las elecciones, y mientras, por detrás,
Aguirre y Gallardón maquinando para sucederle si pierde. Es bastante
humillante para el líder del PP. Al final, puede que todos salgan
perdiendo: Rajoy, evidente, si pierde dentro de apenas dos semanas;
y Aguirre, si el PP pasa por un período de reflexión y
logra dejar atrás la época de Aznar y se abre nuevos caminos
con dirigentes jóvenes (lo cual creo necesario para el PP y para
la política española).
Asique pienso que con la decisión de apartar a Gallardón,
Rajoy se ha hecho un flaco favor a sí mismo, y a las opciones
de los populares de cara a las elecciones. ¿Y quién sabe
si, a largo plazo, Gallardón no podría salir beneficiado
de todo esto?
En
resumen: se acaba una legislatura en la que ha dominado la falta de
seriedad, las descalificaciones y la labor de una oposición,
para mí, lamentable.
El PP se ha mostrado muy radical, y sus medios afines manipuladores
(si bien es verdad que no hay medio que no manipule, pero no tan partidista
y demagógicamente), lo que no es bueno para la democracia. Muchas
veces el Gobierno tampoco ha ayudado, entrando al trapo del PP, lo cual
es muy grave, porque el Gobierno tiene una responsabilidad de gobierno
que debe caracterizarse por la seriedad, y que es incompatible con el
juego sucio. Pero con todo, creo que la carga de la irresponsabilidad,
la demagogia, el juego sucio y la mentira se la lleva sin duda el PP,
con su actitud ante los temas de los que he hablado arriba, y otros:
destacar la lamentable, reprobable y asquerosa estrategia seguida en
el caso del hospital Severo Ochoa de Madrid, donde el Gobierno de Esperanza
Aguirre acusó, sin pruebas, y amparándose bajo una denuncia
anónima (¡donde se ha visto!), a un grupo de médicos
de realizar sedaciones irregulares. Mientras tanto, Losantos y cía.
les llamaban asesinos. Así, con todas las letras. Es indignante:
esos médico son echados de sus puestos sin pruebas, sin indicio
alguno… a saber que causas o que intereses ocultos tuvo el Gobierno
de Aguirre al hacer eso. Quizás la obsesión de algunos
ante el aborto, o la eutanasia (¿dónde la hubo?), les
lleva a cometer barbaridades como estas… en fin, lamentable. Menos
mal que al final la justicia ha hablado y ha puesto a cada uno en su
sitio: los tribunales han dejado claro que los médicos no hicieron
nada irregular, y que el Gobierno de Aguirre actuó mal. Pero
como aquí nadie pide disculpas y no pasa nada, pues eso: todos
contentos y a seguir cada uno en nuestro sitio.

Por
su parte, el Gobierno creo que ha llevado a cabo una buena gestión
en términos generales, con más aciertos que fallos. Sobre
los primeros, destacar la fuerte subida de pensiones y salarios, el
buen rumbo del empleo de calidad y la buena marcha de la economía,
además del aumento del gasto en infraestructuras y obras públicas.
Pero, por encima de todo, creo que ha sido muy importante el gran número
de leyes aprobadas, y la gran trascendencia de algunas de ellas, algo
de lo que se ha hablado muy poco, que la ciudadanía desconoce,
y ese es uno de los grandes fallos del Gobierno, y, a la vez, acierto
del PP: el hablar poco de las cosas positivas que se han hecho, y centrar
la atención en los aspectos negativos. Cuando el Gobierno habla
de la ampliación de derechos y libertades que ha llevado a cabo
en esta legislatura, no es una mera coletilla: realmente, se ha mejorado
la calidad de vida de las personas, se han llevado a cabo mejoras en
ámbitos sociales muy importantes. El mejor ejemplo de ello es
quizás la ley de dependencia, que no es ya una norma que simplemente
dote de ayudas económicas, sino que se trata de algo de mucho
más alcance: es una ley que amplía los derechos de las
personas dependientes y de sus cuidadores, asegurando unos cuidados
y dotación para ambas partes, algo que solamente está
al alcance de unos pocos países en el mundo, y que España
no hubiera podido siquiera soñar hace tan sólo unos años.
Y, al igual que esta ley, ha habido otras que también han contribuido
a aumentar derechos y libertades de las personas, por lo que se puede
considerar esta legislatura como una de las de mayores avances sociales,
si miramos desde la instauración de la sanidad y la educación
públicas, y todo a pesar de lo poco conocidas que son estas medidas
de cara al público. Y este desconocimiento es, como digo, parte
fallo del Gobierno y parte acierto del PP, y tiene mucho que ver con
la crispación vivida esta legislatura, que nos ha hecho centrar
la atención en otros debates, muchos de ellos sin sentido, como
por ejemplo la desmembración de España. Con todo, también
pienso que el Gobierno ha pecado de oportunista con algunas leyes, como
por ejemplo la de igualdad.
Sobre los fallos de Zapatero, que es de lo que más se suele hablar,
para mí son varios, entre los que están: el gasto social
ha aumentado, pero no tanto como el Presidente prometió hace
4 años; al igual pasa con otras partidas públicas, como
la destinada a la investigación y el desarrollo (I+D), que, si
bien ha subido, no lo hecho de la forma que prometió Zapatero;
por estos y otros temas me parece que el PSOE ha sido poco serio en
ocasiones, al igual que en el caso de los debates (que al final no ha
habido) sobre el aborto y la eutanasia, problemas que están ahí
y que es necesario abrir; o la tibieza ante las relaciones con la Iglesia
(la autofinanciación deberá llegar), y ante el Vaticano
(creo que se debería revocar el acuerdo vigente con este Estado,
teniendo en cuenta que España es un país aconfesional).
Está
por ver si en la siguiente legislatura el clima de enfrentamiento entre
los 2 grandes partidos se calma, que sería lo deseable, o por
el contrario aumenta.
Y
hablando del clima político en general, creo que, aunque en España
gozamos de una gran democracia, y de un nivel de vida muy alto, bien
podríamos aprender de los procesos electorales de países
como Estados Unidos, que, si bien su modelo de Estado y convivencia
no comparto en algunos aspectos, lo que está claro es que su
vida democrática es mucho más “limpia” que
la nuestra. Sus elecciones dan mucho más protagonismos a las
personas y a los candidatos individualmente que a los partidos (el sistema
es de listas abiertas), lo cual es síntoma de mayor pluralidad
y más sometimiento de los candidatos y los partidos a los ciudadanos
(cosa que aquí es al contrario: son los partidos los que imponen
las ideas a sus candidatos, y estos tienen que defenderlas sí
o sí). Estados Unidos tiene defectos sin duda (por ejemplo, me
parece mucho más justo el Estado de bienestar que disfrutamos
aquí, con un gasto social y una iniciativa pública inmensamente
mayor que la de los Americanos), pero en cuanto al proceso electoral
y la convivencia democrática en general, los estadounidenses
(y muchos otros países, como el Reino Unido) nos llevan la delantera
claramente.
Pienso
que en la política de nuestro país hace falta menos manipulación,
más realismo, menos enfrentamientos, más respeto entre
las partes… simplemente normalidad democrática, y, sobre
todo, responsabilidad por parte de los políticos, que gobiernen
pensando en las necesidades de la población, y no utilizando
dichas necesidades de forma partidista (lo cual hacen muchos), comprando
nuestra voluntad, tratándonos a los votantes como simples medios
para obtener el poder, como si nuestros votos les pertenecieran a ellos,
cuando en realidad son solamente nuestros. Que la clase política
se gane nuestra confianza a base de propuestas, que son necesarias,
y a base de ideas, pero no a base de engaños y manipulaciones.
Y que no nos tomen por tontos.
Creo
que es imprescindible acabar con el sectarismo y la corrupción
de algunos políticos, que no están en política
sino por intereses y ambiciones personales (afortunadamente en la mayoría
de casos no es así). Y reformar el sistema electoral, para ganar
en pluralidad y en control de los cargos públicos y de nuestros
políticos, creando listas abiertas; por ejemplo, cambiando la
famosa ley D’Hondt, que, lejos de beneficiar a los nacionalistas,
como PP y PSOE nos hacen creer, a quien favorece claramente es a los
dos grandes partidos. Y muchas más cosas, pero esto es un tema
muy largo, y creo que ya me he explayado mucho…
En
definitiva, creo que es necesario que todos votemos, a pesar de las
dudas y la poca confianza que nos ofrecen nuestros políticos,
aunque sea “por el bien de nuestro país y por la salud
de nuestra democracia”, que suelen decir los partidos… y,
por supuesto, por el bien de cada uno de nosotros, aunque la verdad,
puede que nuestra vida no cambie excesivamente gobierne quien gobierne.
El
9-M está aquí. Que gane el mejor (o el menos malo).
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