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| Pablo Arce Pelayo |

 

 
29 Marzo, 2008
   
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Opinion


 

 

 

 

 

 

 

Bajo el error estaba la muerte

Pablo Arce Pelayo, estudiante de Economicas, Universidad de Cantabria
Sara Lanza Prat, estudiante de magisterio, educación infantil, Universidad de Cantabria

 

La peor noticia que se podía esperar, se hizo real. Mari Luz Cortés, la niña desaparecida en el mes de enero cuando se dirigía a comprar “chucherías”, apareció muerta en la Ría de Huelva. Todos estuvimos pendientes y seguimos la investigación hasta que el 26 de marzo saltó la noticia. El asesino de la niña confesó el crimen, pero alega que murió de forma accidental al caer por las escaleras. Y lo que más nos ha impresionado a la sociedad han sido los antecedentes del asesino, Santiago del Valle.
Este mal nacido ya tenía antecedentes y una pena de cárcel pendiente de cumplir por abusos sexuales a sus hijos y a una antigua vecina, también menor de edad.
En el año 1999 fue acusado de cometer abusos sexuales sobre su propia hija, que tenía 5 años, aunque intentó defenderse culpando al profesor de gimnasia de la niña. 3 años después, fue declarado culpable con cargos de violación y el docente quedó libre ya que la acusación de Santiago del Valle contra él era falsa. La condena fue de 2 años y 9 meses de cárcel y la retirada de la patria potestad de sus dos hijas. Él, delante de las cámaras se declaraba inocente y exponía: “Yo tengo a mi esposa, que ella abusa de mí y yo de ella”. La esposa, a su lado, lo corroboraba. Al recurrir la condena y cambiar continuamente de domicilio, no se le pudo notificar la resolución de la Audiencia.
Huyendo de este suceso, se trasladó a Oviedo donde este indeseable acosó a otra niña cuando ésta tenía 13 años. Debido a que los padres lo denunciaron, se le aplicó una orden de alejamiento contra él. Otra vez volvió a huir, y viajó hasta Huelva donde se asentó.

Antes del suceso de Mari Luz, este personaje estaba en busca y captura por el juzgado de Sevilla por haber abusado de su hija, pero la Policía no tenía sentencia firme para hacer efectiva la búsqueda. Es decir, Santiago del Valle ya tenía antecedentes de pederastia en Sevilla con una sentencia firme de cárcel. En Oviedo volvió a cometer un delito de abusos y nunca se le relacionó con la sentencia de Sevilla por la cual estaba en busca y captura. ¿Mal funcionamiento de la Justicia?
Ya en Huelva ocurrió lo de Mari Luz Cortés. Gracias a la ayuda de su mujer y, presuntamente, de su hermana, transportó el cuerpo hasta la Ría de Huelva donde le abandonó. Durante semanas ha estado viviendo a pocos metros de la familia de la niña y le negó a la cara al propio padre de Mari Luz que tuviese algo que ver con lo sucedido. Pocas semanas después trasladó su domicilio, esta vez a un pueblo de Cuenca donde sus vecinos han afirmado que era un matrimonio sospechoso.
Santiago del Valle confesó el crimen en Cuenca y a partir de aquí han empezado a salir las reacciones de los familiares de Mari Luz. Su padre ha demostrado tener una personalidad extraordinaria pidiendo tan solo justicia sobre todo lo acontecido y cautela para que la Justicia pueda actuar con seguridad sobre el asesino de su hija. Ha demostrado entereza en sus declaraciones y no ha pedido venganza, tan sólo justicia. Y es ésta última, la justicia, la que deseamos todos que se efectúe en la máxima pena posible. Por qué no la cadena perpetua. Son los maltratadotes y violadores, junto con los terroristas, los imputados que en su mayoría no reconocen sus hechos, es decir, los que no se curan de la “enfermedad”, los que si salen de la cárcel van a cometer el mismo delito, ya que no se arrepienten de sus actos. La pena más alta que un preso puede cumplir es de 30 años y 40 en caso de actos terroristas. Con cadena perpetua estarían encarcelados para siempre, nunca más podrían volver a violar, ni a asesinar.
Mientras que el padre pedía cautela y justicia, a las puertas de los juzgados de Huelva se vivió todo lo contrario a la llegada del asesino. Se tuvo que montar un cordón policial para que los cientos de personas que se agolpaban en los alrededores no produjeran ningún incidente, aunque no surgió efecto. Los allí presentes comenzaron a tirar piedras y objetos a los policías que intentaban contenerles hiriendo a varios agentes y a dos periodistas. Podríamos comprender los comportamientos si fuesen los padres, los familiares de Mari Luz los que en un momento dado aflorara su ira y se tomaran la justicia por su mano; los que intentaran agredir al acusado ya que, al fin y al cabo, es el asesino de su hija.

 

Son tres reflexiones las que nos deja este doloroso caso a nuestra sociedad y que habrá que subsanar.
Los errores y fallos cometidos por el poder judicial, que no pueden repetirse. En este caso nos encontramos con unos fallos judiciales graves ya que este hombre tenía antecedentes en Sevilla por los abusos sexuales sobre su hija. En Oviedo era conocido por la justicia por la orden de alejamiento sobre la niña de 13 años y por otros casos que publica la prensa asturiana, como por ejemplo querer vender la vivienda alquilada en la que residía. Es decir, en los tribunales de nuestro país existía el nombre de Santiago del Valle por casos graves como son las violaciones, pero nadie se percató y el asesino seguía en la calle. Un fallo grave en el sistema de seguimiento.
Hemos visto como el jueves 27, a la llegada de Santiago a la Audiencia Provincial de Huelva, las personas allí concentradas pedían “justicia”. Existe la sensación de que las decisiones judiciales no resuelven los problemas que existen en nuestra sociedad y además da la sensación de que las penas “se quedan cortas”, es decir, los años de condena o los años que cumplen podrían ser más.
Y por último, el problema que existe con estos delincuentes que debido a su personalidad piensan que su comportamiento es el correcto. Es decir, no se sienten culpables por los hechos que han realizado ya que para ellos su conducta es normal. Al no tener sentimiento de culpa, cuando vuelven a la calle, el 40 % de los violadores y pederastas vuelven a cometer el mismo delito. Un 60 % de los encarcelados “se curan”, pero el resto reincide. Y más en este caso donde vemos que Santiago del Valle y su esposa tienen un grave problema mental, al no sentirse culpables y al querer culpar a otros. Están compenetrados y la mujer, aunque sepa que su marido ha cometido el delito, lo ve correcto.

 

¿Homicidio involuntario? ¿De qué se le acusará a Santiago del Valle? ¿Qué hacemos con todos aquellos pederastas que existen pero la justicia no logra acusar? ¿Qué hacemos con aquellas penas que, debido a la gravedad de los actos, no satisfacen a la sociedad? Es necesario un cambio radical en nuestro Código Penal que debe conseguirse gracias a la unidad de nuestro sistema judicial y político. La sociedad, lo único que pedimos, es mano dura y confianza en la justicia.


 

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