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Bajo
el error estaba la muerte
Pablo
Arce Pelayo, estudiante de Economicas, Universidad de Cantabria
Sara Lanza Prat, estudiante de magisterio, educación infantil,
Universidad de Cantabria

La
peor noticia que se podía esperar, se hizo real. Mari Luz Cortés,
la niña desaparecida en el mes de enero cuando se dirigía
a comprar “chucherías”, apareció muerta en
la Ría de Huelva. Todos estuvimos pendientes y seguimos la investigación
hasta que el 26 de marzo saltó la noticia. El asesino de la niña
confesó el crimen, pero alega que murió de forma accidental
al caer por las escaleras. Y lo que más nos ha impresionado a
la sociedad han sido los antecedentes del asesino, Santiago del Valle.
Este
mal nacido ya tenía antecedentes y una pena de cárcel
pendiente de cumplir por abusos sexuales a sus hijos y a una antigua
vecina, también menor de edad.
En
el año 1999 fue acusado de cometer abusos sexuales sobre su propia
hija, que tenía 5 años, aunque intentó defenderse
culpando al profesor de gimnasia de la niña. 3 años después,
fue declarado culpable con cargos de violación y el docente quedó
libre ya que la acusación de Santiago del Valle contra él
era falsa. La condena fue de 2 años y 9 meses de cárcel
y la retirada de la patria potestad de sus dos hijas. Él, delante
de las cámaras se declaraba inocente y exponía: “Yo
tengo a mi esposa, que ella abusa de mí y yo de ella”.
La esposa, a su lado, lo corroboraba. Al recurrir la condena y cambiar
continuamente de domicilio, no se le pudo notificar la resolución
de la Audiencia.
Huyendo
de este suceso, se trasladó a Oviedo donde este indeseable acosó
a otra niña cuando ésta tenía 13 años. Debido
a que los padres lo denunciaron, se le aplicó una orden de alejamiento
contra él. Otra vez volvió a huir, y viajó hasta
Huelva donde se asentó.
Antes
del suceso de Mari Luz, este personaje estaba en busca y captura por
el juzgado de Sevilla por haber abusado de su hija, pero la Policía
no tenía sentencia firme para hacer efectiva la búsqueda.
Es decir, Santiago del Valle ya tenía antecedentes de pederastia
en Sevilla con una sentencia firme de cárcel. En Oviedo volvió
a cometer un delito de abusos y nunca se le relacionó con la
sentencia de Sevilla por la cual estaba en busca y captura. ¿Mal
funcionamiento de la Justicia?
Ya
en Huelva ocurrió lo de Mari Luz Cortés. Gracias a la
ayuda de su mujer y, presuntamente, de su hermana, transportó
el cuerpo hasta la Ría de Huelva donde le abandonó. Durante
semanas ha estado viviendo a pocos metros de la familia de la niña
y le negó a la cara al propio padre de Mari Luz que tuviese algo
que ver con lo sucedido. Pocas semanas después trasladó
su domicilio, esta vez a un pueblo de Cuenca donde sus vecinos han afirmado
que era un matrimonio sospechoso.
Santiago
del Valle confesó el crimen en Cuenca y a partir de aquí
han empezado a salir las reacciones de los familiares de Mari Luz. Su
padre ha demostrado tener una personalidad extraordinaria pidiendo tan
solo justicia sobre todo lo acontecido y cautela para que la Justicia
pueda actuar con seguridad sobre el asesino de su hija. Ha demostrado
entereza en sus declaraciones y no ha pedido venganza, tan sólo
justicia. Y es ésta última, la justicia, la que deseamos
todos que se efectúe en la máxima pena posible. Por qué
no la cadena perpetua. Son los maltratadotes y violadores, junto con
los terroristas, los imputados que en su mayoría no reconocen
sus hechos, es decir, los que no se curan de la “enfermedad”,
los que si salen de la cárcel van a cometer el mismo delito,
ya que no se arrepienten de sus actos. La pena más alta que un
preso puede cumplir es de 30 años y 40 en caso de actos terroristas.
Con cadena perpetua estarían encarcelados para siempre, nunca
más podrían volver a violar, ni a asesinar.
Mientras
que el padre pedía cautela y justicia, a las puertas de los juzgados
de Huelva se vivió todo lo contrario a la llegada del asesino.
Se tuvo que montar un cordón policial para que los cientos de
personas que se agolpaban en los alrededores no produjeran ningún
incidente, aunque no surgió efecto. Los allí presentes
comenzaron a tirar piedras y objetos a los policías que intentaban
contenerles hiriendo a varios agentes y a dos periodistas. Podríamos
comprender los comportamientos si fuesen los padres, los familiares
de Mari Luz los que en un momento dado aflorara su ira y se tomaran
la justicia por su mano; los que intentaran agredir al acusado ya que,
al fin y al cabo, es el asesino de su hija.

Son
tres reflexiones las que nos deja este doloroso caso a nuestra sociedad
y que habrá que subsanar.
Los
errores y fallos cometidos por el poder judicial, que no pueden repetirse.
En este caso nos encontramos con unos fallos judiciales graves ya que
este hombre tenía antecedentes en Sevilla por los abusos sexuales
sobre su hija. En Oviedo era conocido por la justicia por la orden de
alejamiento sobre la niña de 13 años y por otros casos
que publica la prensa asturiana, como por ejemplo querer vender la vivienda
alquilada en la que residía. Es decir, en los tribunales de nuestro
país existía el nombre de Santiago del Valle por casos
graves como son las violaciones, pero nadie se percató y el asesino
seguía en la calle. Un fallo grave en el sistema de seguimiento.
Hemos
visto como el jueves 27, a la llegada de Santiago a la Audiencia Provincial
de Huelva, las personas allí concentradas pedían “justicia”.
Existe la sensación de que las decisiones judiciales no resuelven
los problemas que existen en nuestra sociedad y además da la
sensación de que las penas “se quedan cortas”, es
decir, los años de condena o los años que cumplen podrían
ser más.
Y
por último, el problema que existe con estos delincuentes que
debido a su personalidad piensan que su comportamiento es el correcto.
Es decir, no se sienten culpables por los hechos que han realizado ya
que para ellos su conducta es normal. Al no tener sentimiento de culpa,
cuando vuelven a la calle, el 40 % de los violadores y pederastas vuelven
a cometer el mismo delito. Un 60 % de los encarcelados “se curan”,
pero el resto reincide. Y más en este caso donde vemos que Santiago
del Valle y su esposa tienen un grave problema mental, al no sentirse
culpables y al querer culpar a otros. Están compenetrados y la
mujer, aunque sepa que su marido ha cometido el delito, lo ve correcto.

¿Homicidio
involuntario? ¿De qué se le acusará a Santiago
del Valle? ¿Qué hacemos con todos aquellos pederastas
que existen pero la justicia no logra acusar? ¿Qué hacemos
con aquellas penas que, debido a la gravedad de los actos, no satisfacen
a la sociedad? Es necesario un cambio radical en nuestro Código
Penal que debe conseguirse gracias a la unidad de nuestro sistema judicial
y político. La sociedad, lo único que pedimos, es mano
dura y confianza en la justicia.
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