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Opinion |
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Inmobiliaria: un sentimiento, no un barrio
Gracias al excelente trabajo que han realizado los jóvenes redactores de La Paz, los torrelaveguenses podemos conocer cuales son las propuestas y promesas que nuestros candidatos a la alcaldía nos presentan para la próxima legislatura. Bajo un cuestionario único para todos los candidatos, se les pregunta sobre todos aquellos temas que a los ciudadanos de Torrelavega les preocupa: las políticas de juventud, la seguridad ciudadana, las perennes obras, el medio ambiente… Y también sobre la Inmobiliaria. El Barrio por excelencia de Torrelavega, la urbe donde se concentraba la población obrera y para la cual pocos planes tienen, más bien ninguno. Conozco como era la Inmobiliaria desde hace 50 años, no porque lo haya vivido si no porque me lo han contado. Apenas existían coches, los niños podían jugar en la calle y muchos de los edificios que aun se conservan se estaban construyendo hace 5 décadas. Las tiendas eran las de confianza, en las cuales existía la cartilla y muchas personas pagaban a primeros de mes, cuando cobraban en la fábrica. Los bares eran el centro de reunión para jóvenes y no tan jóvenes donde tomaban sus copas, echaban la partida y comenzaban a ver la televisión que en esos momentos nacía. Con el tiempo claro está que la ciudad fue creciendo y la Inmobiliaria a la par que ella mejoró en infraestructuras, se construyeron nuevos edificios con mas altura, los niños iban a los parques a jugar ya que cada vez existían mas coches… La Inmobiliaria seguía siendo el Barrio emblemático de la ciudad y un claro ejemplo de lo que era vivir en comunidad. Todos sus vecinos se conocían, charlaban por la calle en corrillos, coincidían comprando en los comercios… El tiempo iba cambiando pero la Inmobiliaria seguía siendo el barrio de siempre. Y ya hace unos 20 años que es cuando comencé a vivir en el Barrio de la Inmobiliaria las cosas seguían igual que hace 50 años. Las mismas familias, la misma gente, los mismos edificios, los mismos comercios, la misma Inmobiliaria en la que vivieron mis abuelos y en la que se crió mi madre. Muchos de ustedes estarán leyendo esto que les cuento y no se lo creerán. Pensarán que hace 50 años el Barrio ya estaba plagado de inmigrantes y que ya era el agujero negro de nuestra ciudad. Pues se confunden. Esa era la Inmobiliaria que ha sido siempre y ahora estamos ante el barrio marginal de Torrelavega. Llegó un momento en el que el Barrio no creció igual que la ciudad y se quedó rezagada. Ahora es cuando nos damos cuenta de ese “estancamiento” en el crecimiento tanto de población como de comodidades. En el mismo edificio en el que vivieron mis abuelos ahora viven familias rumanas. En las calles en las que mi madre jugaba con sus amigas ahora corren niños sudamericanos. El comercio que regentaba mi abuela se ha convertido en una tienda en la cual los foráneos adquieren los productos típicos de sus países. El tobogán y los columpios donde yo pasaba mi tiempo de pequeño ya no pueden ser utilizados por mis primos porque por ejemplo los niños extranjeros no les dejan utilizarlos. Ya no puedo pasar por el parque donde jugaba al fútbol con mis amigos porque ahora los latinos se reúnen allí y si te sientas a su lado no sabes lo que te puede pasar. El antes y el ahora es tan distinto… La Inmobiliaria comenzó a ser el foco donde la población extranjera se concentraba ya que en este barrio se ubican los pisos mas antiguos de la ciudad y por consiguiente los mas baratos. También es una urbe donde la media de edad es de la mas elevada de la ciudad por lo que era mas fácil apiñarse para los extranjeros. Pero los rumanos, sudamericanos, musulmanes… han encontrado ayuda en una inmobiliaria (me refiero al negocio, no al Barrio) que les facilita pisos baratos en los cuales por ejemplo pueden llegar a vivir mas de 10 personas ya que lo que alquilan son habitaciones. ¿Ilegal? Pues no. ¿Inhumano? Juzguen ustedes mismos si es moralmente correcto hacer negocio metiendo a 10 personas en un piso de escasos 80 metros cuadrados en los cuales comparten cocina y baño. ¿Qué es ahora la Inmobiliaria? Un barrio marginal en el que se concentra toda la población extranjera, el barrio en el cual duermen los rumanos que se encuentran pidiendo en la calle Consolación o a la puerta de los supermercados de nuestra ciudad, todos ellos con el mismo cartel. Un barrio en el cual se reclama policía perenne y apenas pasean los agentes por el día y en coche. Un barrio donde la limpieza de sus calles deja mucho de desear, no porque no las limpien si no por todo lo que se ensucian. Un lugar el cual los torrelaveguenses evitan en sus itinerarios. Problema es que este es el barrio por el cual todos aquellos que vienen por la autopista de Santander entran a nuestra ciudad ¿Y que se encuentran? Un aparcamiento público y gratuito que hasta hace unos meses era un criadero de ratas y basuras en la cual habitaban familias gitanas. Una bolera en la que los integrantes de la Peña Bolística Río Indiana pasan su tiempo en un rectángulo de arena que deja mucho de desear. Lo único que se salva es el remodelado parque en el cual se han instalado aparatos para que los mayores del barrio ejerciten su cuerpo y la mítica fuente luminosa que pasó sus principios llena de espuma… ya saben la novedad para algunos. De los altercados que se viven en algunos de los bares de la zona mejor ni hablamos y de la ineficacia de la Policía Local de Torrelavega como que me morderé la lengua. Yo viví en la Inmobiliaria pero hace medio año tuve que abandonarla. Y lo que no quiero es que entiendan este artículo como racista o xenófobo porque lo único que les intento transmitir es el sentimiento de las familias que desde sus principios han habitado este Barrio y ahora se ven obligados a abandonarle por la situación de dejadez y por el asalto de los extranjeros. Un dato para que vean lo harto que están los vecinos. En la calle Casimiro Sáinz que más o menos todavía no está sufriendo esta invasión, se venden 8 pisos en 3 bloques de edificios. Quien
te ha visto y quien te ve mi Inmobiliaria. Tú me has visto crecer
y yo ahora te estoy viendo decaer.
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