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Kaká de Floren, a la cacá de Jose Si el Gobierno cuando habla de “brotes verdes” se refiere a las frutas y hortalizas, va bien encaminado. Lo digo por eso de que el precio de los productos de la huerta aumenta en un 4,4 % con respecto al mes pasado. Pero no se asusten todavía ya que los servicios que dependen de la administración, como son el transporte público urbano y las tasas universitarias, aumentan también sus precios entre un 6 y un 7 %. Ahora, juzguen ustedes si a esto lo podemos considerar como “subida de impuestos”. En realidad la administración aumenta su recaudación con dinero del contribuyente a la vez que los funcionarios ven crecer su sueldo en un 3 % de media. Resulta chocante que los servicios dependientes de la Administración vean aumentado su coste para la sociedad, aunque no ayuda a que en el mes de mayo el Índice de precios al consumo (IPC) vuelvan a registrar tasas negativas. El índice general acumuló una tasa del -0,9 % mientras que el subyacente (aquel que no incluye los alimentos frescos y el petróleo) bajó del 1,3 % hasta el 0,9 %. Y las previsiones de la Fundación de Cajas de Ahorro nos auguran que se tocará fondo cuando el IPC llegué este verano hasta un 1,3 % negativo. A partir de ahí, los precios se irán recuperando a la vez que lo haga el consumo. ¿A qué se debe la caída de la inflación? Desde el Gobierno de España achacan la caída del IPC a la disminución del precio del petróleo que, en un año, se ha visto reducido a la mitad. Además, el Secretario de Estado de Economía añade que la caída supone un incremento real de la renta disponible de los ciudadanos y una mejora de la competitividad de la economía. A simple vista puede resultar obvio, pero no tiene por qué suceder así. La mayor carga de esta bajada de precios hay que atribuírsela a la caída de la demanda interna, al consumo de la sociedad. Es cierto que la base de la mayoría de los productos es el petróleo, pero no es la causa principal. La bajada de ventas de las empresas y el comercio producido por la falta de confianza en el mercado, hace disminuir el precio de los productos con el fin de reactivar el consumo y poder, aunque solo sea, el cubrir gastos. El ejemplo son las marcas blancas que, al ser más baratas, han visto duplicadas sus ventas en algunos casos. Existe miedo a consumir. Me explico. Les he comentado otras ocasiones que la base de la economía es la confianza. Como en las relaciones de pareja, si en algo no se cree, no llega a funcionar. Aquellas familias que tiene alguno de sus miembros desempleados, se aprietan el cinturón y reducen su consumo o cambian sus pautas hacia productos de más bajo coste (marcas blancas). Pero poco cambia si hablamos de una sociedad con empleo y sueldo fijo ya que estos no se atreven a amplificar su consumo con más adquisiciones pensando que los precios seguirán cayendo. Un claro ejemplo es el tema de la vivienda. Es innegable que su precio ha disminuido, quizás no lo esperado, pero la perspectiva de los consumidores a que su valor siga depreciándose hace que su consumo se congele hasta que llegue a la cifra que ellos consideren óptima. De ahí nace la iniciativa del Gobierno de suprimir la deducción por vivienda para determinadas rentas con el fin de que su consumo se reactive inmediatamente. El Ministerio de Economía no quiere hablar de deflación. Algunos hablan de “deflación percibida”, que es lo que les explicaba en el anterior párrafo de que ni los que pueden consumen. Pero lo peligroso y más dañino para la economía española puede llegar cuando los precios vuelvan a recuperarse y la sociedad siga sin consumir. Y aunque la economía sea cíclica y por inercia vuelva a existir una recuperación económica, existen problemas estructurales que hay que subsanar. Les dejo una pregunta en el aire, ¿cómo es posible que cuando el precio del petróleo aumenta, en España lo hace de forma inmediata y cuando baja tarda más en producirse el efecto? Eso es un problema de base, algo por lo cual el Gobierno debería preocuparse.
Donde no tienen miedo al término “deflación” es en el Real Madrid. Es más, si los jugadores de fútbol estuviesen en la cesta de compra, tendríamos una inflación desorbitada similar a la de algún país subdesarrollado. Cristiano Ronaldo y Kaká son “mileuristas”, pero mientras que algunos lo son al mes, éstos lo son a la hora. Está claro que Florentino Pérez es uno de los grandes empresarios de Europa. Presidente de la mayor constructora de España, ACS, no busca otra cosa que no sea negocio en los jugadores que ha adquirido. Entre sus logros deportivos posee el de haber fichado a los 3 jugadores más caros de la historia del fútbol: Cristiano Ronaldo, Kaká y Zidane. Y como les digo, en el fondo no hay más que negocio, deportivo, pero negocio. Se pueden considerar excesivos los precios que se han pagado por los fichajes del Real Madrid, pero califiquen de descomunales los contratos que se firmarán con los patrocinadores del Club. No es lo mismo que vista una camiseta de Adidas Raúl González Blanco que Kaká. Tampoco es lo mismo que la publicidad de “BWIN” la porte Drenthe que Cristiano Ronaldo. Y que se prepare el que posea los derechos de emisión de los partidos del Real Madrid porque toca revisión de contrato. Los que califican de inmorales los fichajes de Florentino Pérez, no entienden de negocios. Florentino trata al Real Madrid como si fuese una empresa, y el tener a los mejores no es barato. Quizás pequen de pagar más de lo que valen, de todas formas están seguros que amortizarán y se beneficiarán, con creces, del fichaje que hagan. Lo que reporten estas nuevas figuras a las arcas del Club, superarán el coste. El querer comparar un fichaje futbolístico con cualquier situación laboral, no es factible. Posiblemente el Real Madrid acabe teniendo más figuras que un Belén. Esperemos que Kaká no se convierta en el “Caganet”. Pero si el Real Madrid fuese una Sociedad Anónima y cotizase en Bolsa, sus acciones se hubiesen multiplicado en los últimos días. Que culpen a Florentino Pérez de forjar una inflación futbolística por confiar, en demasía, en el mercado de jugadores. Al fin y al cabo, no es más que un negocio. No obstante, yo me preocuparía más por la inflación de los servicios públicos, esa subida encubierta de impuestos, que me afectará mucho más a mí que a cualquier figura del nuevo “Floren Team”.
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