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¿Donde
esta la salida?
Lo de ocultar la realidad en un momento para no sembrar pánico, puede llegar a ser entendible. Ocultar. Pero negar la mayor, cuando la situación económica española y mundial se complicaba con un fin político, es engañar. Y cuando eso ocurre, cuando comienzan a relucir datos que evidencian la crisis en un momento en el cual queda poco margen de maniobra para reactivar la economía, el agua llega al cuello de aquellos políticos que copan el Gobierno de España. No existe una semana desde finales de verano hacia acá que no se halla conocido un mal dato económico. Y el de esta semana es el que cerciora la grave crisis económica en la cual estamos sumergidos. La economía española ha sufrido la mayor caída de su historia. El Productor Interior Bruto (PIB), variable que se usa para medir el conjunto de la actividad económica española, descendió un 1,8 % en el primer trimestre y un 2,9 % en el último año. Traduciendo, España no crece. Y es en esta variable donde se acumulan todos aquellos datos que nos exhiben un presente desalentador. El consumo, la inversión, el gasto público, las exportaciones, las importaciones… todos estos están presentes en la variable del PIB. Hay una causa fundamental de la caída del PIB, la crisis económica mundial que no ha dejado indiferente a nuestro país y que el sector de la construcción ha agravado gracias al pinchazo de la burbuja inmobiliaria. La crisis financiera, con las hipotecas basura como estandarte, sembraron el pánico en Estados Unidos. Mientras en nuestro país, el crecimiento económico a base de ladrillo se desplomó y con ello cientos de empresas que despidieron a sus plantillas. Concretando, debido a estos acontecimientos, el consumo de los hogares y la inversión empresarial (que son los dos primeros factores que se incluyen en la medición del PIB), cayeron cerca de un 5 %. Si no hay trabajo, no hay consumo. Es decir, el paro se ha doblado en un año así que los que pierden su empleo consumen menos y aquellos que trabajan tienden al ahorro (dato positivo) ya que temen perder su puesto de trabajo. Vamos que, tampoco consumen como antes. La consecuencia de esto es que la producción empresarial disminuye viéndose obligados los empresarios ha reducir plantillas con el resultado del aumento del paro. Y aquí acaba el “cáncer” del desempleo que era la construcción ya que el sector industrial y servicios comienzan a destruir más empleos que el ladrillo. La burbuja inmobiliaria estalló, se complicó lo de conseguir créditos para vivienda y aun más para los promotores que al no construir, afectaron a otras muchas PYMES que se nutrían de la actividad del sector. Como resultado final, el sector servicios está siendo el que más desempleos genera actualmente gracias a la fuerte caída del consumo. Y todo esto lo hemos conocido gracias a un informe del Banco de España, aquel del que Miguel Ángel Fernández Ordóñez es Gobernador. La persona que se ha convertido en impopular en el gobierno socialista ya que dice la verdad a la sociedad sin tapujos. Como ya saben, las medidas que toma el Gobierno para reactivar la economía van con cargo al déficit público. Obligado por esto, se estima que el endeudamiento del Estado llegará al 8 % saltándonos los acuerdos europeos de Maastricht. Por tanto, queda poco margen de maniobra, se acaban las políticas presupuestarias para impulsar la economía. Incertidumbre y poca confianza. Quizás sean las dos palabras que mejor describan la situación económica del momento. Incertidumbre porque nadie sabe lo que puede ocurrir. Por que el Gobierno la incentiva por sus previsiones poco acertadas y que en todas ocasiones se han quedado cortas. Y como la sociedad no sabe lo que va a ocurrir, no invierten, no consumen y no ayudan a la recuperación económica. Pero tampoco hay confianza porque en caso de que existiese, el riesgo se dejaría a un lado y las empresas comenzarían a invertir en sus procesos productivos, en bienes de equipo. Otro componente de la demanda interna que tiene datos negativos por el endurecimiento del crédito. Las líneas ICO no cuajan pero la poca confianza en una recuperación tampoco incentiva a la inversión. Concluyendo
señores. Ni las previsiones han sido certeras y mucho menos las
medidas económicas que se han llevado a cabo. Queda poco margen
de maniobra, el déficit público es muy alto y crea una
deuda a generaciones futuras que deberán pagar esa deuda más
un interés. La caída de la inflación y
la bajada de tipos de interés tendrán su repercusión
pero en trimestres sucesivos y quizás, lejanos. Hasta
entonces, el horizonte está colmado de nubes. Y si desde el Gobierno
no se sopla al cielo para que se despeje, nos espera un verano tormentoso.
Dejando a un lado lindezas poéticas, si el ejecutivo
de Zapatero no da en el clavo con medidas que de verdad incentiven
a la recuperación y no escucha a todos aquellos que tienen algo
que decir, como son la oposición, la patronal y los sindicatos,
tendremos crisis para largo. Aunque, visto el 1 de mayo, los sindicatos
tienen bien claro que las empresas utilizan los despidos en época
de crisis para mejorar sus balances en beneficio propio. ¡Qué
malos que son los empresarios!
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aqui el blog de Pablo Arce
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