Cuando
ruge la tierra
La experiencia de los cántabros Borja Ibarra y Jesús Chocan
en el maremoto de Indonesia nos revela los devastadores efectos medioambientales
de un tsunami
Ana
María Fernández Peñalba estudiante de bachillerato, Colegio
La Paz, Torrelavega (Cantabria)
Imágenes: Borja Ibarra
La
localidad cántabra de Suances siempre ha sido cuna de una febril
actividad surfera. Su afamada ola de Los Locos es la base de operaciones
de importantes campeones, profesores de surf y aficionados impenitentes.
Dos ellos, muy conocidos en estas playas, el empresario Borja Ibarra,
y analista químico Jesús Chocan, decidieron en pasado
otoño, traspasar la barrera del Cantábrico y probar la
ola de Mentawai un soñado paraíso indonesio, cada vez
más popular entre los surfer, desde que revistas especializadas
y fotógrafos de mar descubrieran al gran público King
Millenium, una empresa de los guipuzcoanos José Manuel “Poti”
Illumbe, y el gallego David Valladares que ofrecen a los buscadores
de olas un maravilloso viaje por los archipiélagos de la costa
sur este de Sumatra, en busca de la ya famosa ola de Mentawai. Borja
y Chocan se encontraban en la zona el 25 de octubre, a bordo del King
Millenium 2, anclados en Sikakap, para emprender rumbo al día
siguiente hacia las playas de Playgrounds, cerca del resort de Macaronis.
A las 10 de la noche del lunes (hora indonesa), el viento ceso, la corriente
se hizo envolvente y el mara comenzó a agitarse. Cuando a la
mañana siguiente iniciaron travesía rumbo a la isla de
Rags Right, comprendieron el horror del que les había salvado
su posición resguardada. Un maremoto de 7,7 grados, y el tsunami
que le sucedió, habían arrasado toda la costa norte de
la Metawaii, desde Playgrounds hasta Malakopa, destruyendo poblados,
palmerales, hoteles e infraestructuras en la zona turística de
Macaronis y en las costas de Lances Left, Bintang y Tuapejat, la capital
de Mentawai, bloqueando el canal de Padang, que sirve de acceso y salida
a esta parte de la costa, desde Sumatra.
Durante los siguientes días, los pretendidos turistas cántabros
transformaron su actividad, como otros buques de la zona, en una labor
constante de apoyo, trasladando víveres, médicos y personas
hacia zonas seguras. “Fue una situación difícil
de asumir, en lagunas zonas el escombro y el lodo acumulado ponía
en peligro el calado del barco y te impedía acceder a zonas en
las que eras conciente que te necesitaban”, nos explica Borja
Ibarra, “en otras ocasiones, al aproximarte a una isla, comprendías
que no debías acercarte, pese a la presencia de personas deseosas
de salir de su islote, porque si lo hacías, una marea de 200
personas intentarían abordarte y haría zozobrar el barco.
Dos semanas después, el barco abandonó la zona, después
de haber colaborado en las primeras tareas de ayuda, y con la sensación
de que ahora llegaba lo peor. Por lo que nos relataba Borja, la mayoría
de la población no había abandonado la zona, no se había
producido una migración intensa, como en ocasiones se supone,
lo que impedía abastecer y auxiliar a una gente concentrada en
un área muy inaccesible, a la vez que potenciaba la presión
sobre un medio muy mermado. Pero el que nos explica más claramente
la gravedad del impacto medioambiental de este fenómeno es Jesús.
“Cuando lo vives de cerca, comprendes el impacto a largo plazo
que estos fenómenos producen, potenciando la acción humana
o creando problemas nuevos. Cuando nos fuimos el departamento de agricultura
estaba iniciando la evaluación, pero era evidente que la destrucción
de la costa era importante”. Este hecho resulta especialmente
grave, según nos ha explicado la profesora de Ciencias de la
Tierra y el Medio Ambiente Heidi Rodríguez, “la destrucción
de un tsunami genera cantidades ingentes de escombro. Los generados
por la destrucción de masa forestal o de viviendas de los habitantes
locales pueden degradarse de forma natural, pero las infraestructuras
y las construcciones hoteleras, que no están pensadas para estas
situaciones, sino que buscan el menor coste, liberan cantidades incontroladas
de productos químicos y deshecho no biodegradables. A ello se
une el tiempo que pasara hasta la limpieza de la zona, lo que extenderá
en el tiempo el periodo de liberación de gases, por la putrefacción
y de compuestos químicos contaminantes, procedentes de pinturas
y revestimientos. Cuando se empiece a limpiar, un país como Indonesia
se enfrentará a la falta de medios para almacenar y reciclar
esos escombros, en un lugar sin política medioambiental, y en
medio acuíferos contaminados con las filtraciones”. Es,
la nueva basura, normalmente reciclable en un 10%, en el menor de los
casos, y un problema que se añade, tras un maremoto, en focos
de infección que hacen crecer las infecciones y las poblaciones
de roedores, en las zonas devastadas o en los vertederos improvisados
o ilegales que suelen aparecer rápidamente, ante el deseo de
la gente de reconstruir su vida. Una vida que suele quedar en estos
entornos mutilada. Por lo que nos comenta Jesús, uno de los mayores
temores de las autoridades era el golpe que un maremoto así provoca
en la biodiversidad. Miles de plantas, animales y organismos se verán
obligados a adaptarse a unas nuevas condiciones de su hábitat,
y muchos no lo lograrán. Muchas de las especies endémicas
de estos archipiélagos habrán sido arrancadas agresivamente
por el tsunami, alterando la cadena de vida y permitiendo la entrada
a especies alóctonas, en un drama ambiental, a medio plazo, que
se ve agravado por otros fenómenos añadidos como la deforestación
o la contaminación del aire y el agua.
Seguro que algún lector ve en toda esta historia la maldad de
la tierra y nuestra fragilidad ante ella. Quizá debamos ver la
irresponsabilidad de nuestras construcciones, de sus materiales, de
sus ubicaciones, y de nuestra falta de recursos para afrontar, una vez
pasado un tsunami, las exigencias de una reconstrucción sostenible,
en la que debemos mirar a las personas afectadas y también a
la naturaleza
¿Y
tu que opinas?
Opina
y reflexiona, pero ser respetuoso. Esta web permite los comentarios
sin ser usuario registrado, pero te sugerimos que te identifiques,
como una forma de crear comunidad y compartir ideas.