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El
fin de las playas
Alejandro
Gómez

Un
reciente estudio del Centro Superior de Investigaciones Cientificas,
ha corroborado lo que las Universidades de Cantabria y El Pais Vasco
vienen machaconamente exponiendo desde hace un tiempo: las playas del
Cantabrico desapareceran en su mayoria, por culpa de un cambio climático
que elevara el nivel del mar hasta quince metros, y eso pese al rellenado
artificial de nuestras playas y los planes en marcha, lo que hace urgente
planear el urbanismo teniendo en cuenta, que muchos jardines de adosados
seran, dentro de 20 años, patria de mejillones.
En el año 2050 el mar se habrá comido una media de quince
metros de cada playa del Cantábrico, por los que si no ponemos
remedio muchas de las playas que sirven para crear nuestra riqueza,
y nuestro desarrollo turistico desapareceran o se veran reducidas a
algo simbólico.
Desde hace meses científicos de varias universidades exponen
el alcance del cambio climático a responsables municipales de
toda España y les piden que lo incorporen como variable a los
planes de ordenamiento urbano. «El cambio climático no
es de mañana, es de ayer: la ola de calor de 2003 en Europa mató
a más de 30.000 personas», dijo recientemente José
Manuel Moreno, biólogo de la Universidad de Castilla-La Mancha
y coordinador del informe del Ministerio de Medio Ambiente sobre el
impacto de este fenómeno en España. Ese trabajó
cuantifica el aumento de la temperatura media en nuestro país
hacia 2100 en un máximo de 7º C y alerta de una disminución
importante de las precipitaciones, si bien los efectos del cambio climático
serán menores en el litoral. Las zonas costeras se enfrentan,
por su parte, a otro problema: el ascenso del nivel el mar.

Javier Medina, director del Grupo de Ingeniería Oceanográfica
y de Costas de la UC que ha estudiado lo que pasará en nuestras
costas, ha explicado que el 50% de la población mundial vive
al borde del mar, que 70 millones de europeos residen en municipios
costeros y que los 500 metros de suelo próximos al mar acogen
en el continente bienes y servicios por valor de un billón de
euros. «Europa gasta cada año en su franja costera 3.200
millones en protegerse de inundaciones y de la erosión, y otros
5.400 millones en la recuperación de los bienes y servicios afectados
por esos problemas».
El nivel del mar ha subido una media de 2,5 milímetros anuales
en las últimas décadas. Sólo eso, sin la aportación
extra del deshielo acelerado de glaciares y de la Antártida y
Groenlandia, supondrá una elevación de entre 15 y 20 centímetros
hacia 2050. Las playas del Cantábrico retrocederán por
esta causa unos 15 metros; las del golfo de Cádiz, unos 10 metros;
y las de la Costa Brava, el sur de Canarias y el sur de Baleares hasta
70 metros. En estas últimas zonas, a la subida del nivel de mar,
se sumarán cambios en la dirección del oleaje que harán
que los arenales giren para colocarse perpendiculares a las olas, avanzando
en un extremo y retrocediendo en otro, en el que desaparecerá
la playa.
Los cientificos piensan que ante este hecho se tomaran medidas solo
paliativas, que la gente no aceptara el hecho y pretendera rellenos
masivos. Habrá sitios donde eso sera una pequeña soluciónserán
la solución, pero no en otros casos. Debemos admitir que muchos
de nuestros arenales se perderán, y con ellos una parte de nuestra
forma de vida, y de nuestra propia vida.
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En
Cantabria, el Grupo de Mareas adscrito al Área del Medio
Marino del Instituto Español de Oceanografía (IEO),
departamento que lidera María Jesús García,
ha advertido que el Mar Cantábrico incrementa todos los
años sus niveles a razón de 1,8 milímetros
al año (desde 1944); una tendencia que puede acelerarse
en los próximos años.
Las agresiones que sufre la atmósfera por parte del llamado
Primer Mundo parece estar en el origen de «estas variaciones.
Aunque la subida en términos absolutos es importante, en
el caso del Norte de España no lo es tanto en términos
relativos por sus cantiles y sus mareas vivas», admitió
García.
«Preocupa más el Mediterráneo, porque allí
no hay marea y las subidas absolutas y relativas coinciden. El
impacto es mucho mayor», insistió la responsable
del IEO. «Por supuesto que aún tenemos tiempo de
invertir tendencias y controlar los ascensos. ¿Cómo?
Cumpliendo los mandatos del Protocolo de Kioto y, sobre todo -enfatizó-,
no construyendo tanto en la costa. Debemos alejarnos de ella,
porque el problema ya no es que suba el mar, sino que nos estamos
metiendo dentro de él».
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Si
García es relativamente optimista, no lo es menos César
Vidal, miembro del Grupo de Ingeniería Oceanográfica y
Costera de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos
de la Universidad de Cantabria.
«En principio, el impacto es relativo en Cantabria, porque la
costa es muy alta (...) Lógicamente, el mayor daño se
revela en los deltas, como el del Guadalquivir o el Ebro, o en ciudades-delta,
caso de Nueva Orleans, Holanda...», señaló Vidal.
Eso
sí, reconoció que, «si se cumplen del todo los modelos
climáticos con vistas a los próximos cien años»,
la situación también se puede tornar preocupante para
el litoral de la comunidad autónoma y, sobre todo, para las urbanizaciones
muy pegadas a la costa, como sucede en Somo. «El modelo nos da
que el mar va a aumentar mucho más rápido de nivel, y
ese incremento se sitúa entre el medio metro del que hablan los
más optimistas y los dos metros que citan los más pesimistas».
No
puede ser de otro modo. Vidal es contundente: «Seguimos calentando
el planeta, y al calentarse el mar, el agua se expande y el nivel sube.
En el caso de Santander, la ciudad es alta y los muelles están
medio metro por encima de la cota de la pleamar viva. Además,
habría soluciones para impedir que la mar anegue la capital,
porque hablamos de un plazo de tiempo largo. Ahora, el problema son
los saneamientos ya que se ejecutan a cota fija con respecto al nivel
del mar. Vamos, que el saneamiento de la Bahía de Santander,
por ejemplo, lleva pendientes referenciadas al nivel del mar.
Otro riesgo mediomabiental grave so las soluciones . Asi, desde hace
varios años el sistema de dragado que la Autoridad Portuaria
de Santander (extracción de sedimento en la canal de entrada
a la Bahía y depósito en zonas próximas a Cabo
Menor), esta descapitalizando de arena todo el sistema dunar de El Puntal
y, a la par, Las Quebrantas, que ceden progresivamente metros al mar.
Tal es así que el puerto ha solicitado ayuda a la Escuela Técnica
Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, que ha diseñado
un nuevo plan de dragado -verter el material extraido en Latas para
retroalimentar el sistema-, que ha empezado a dar algunos frutos, deteniendo,
al menos de momentos el retranqueamiento de las dunas, dando la impresión
de entrar en una fase de estabilidad.
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Ambiente
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