Julio
Rodriguez Trueba estudiante de secundaria, Colegio
La Paz, Torrelavega (Cantabria)
Imágenes y fuente: LaSexta y Guillermo Álvarez
La
gente se queja constantemente del desempleo, de la crisis económica,
de los salarios, de la corrupción de los políticos, del
precio del petróleo .Estos temas inundan todos los medios de
comunicación .Pero en Japón, hoy la preocupación
es otra:”La radiación llega a los alimentos”. “El
gobierno y la empresa sabían que la central no resistiría
el terremoto y el maremoto”.”Ya son más de 15.000
los muertos contabilizados y 14.000 los desaparecidos”.”Se
dispara el precio del agua…”. “Vierten al mar 11.500
toneladas de agua radiactiva”. Este país está sufriendo
las consecuencias de un terrible terremoto y de un espectacular y desastroso
maremoto. A los desastres naturales se le ha unido el desastre nuclear.
Ambas situaciones no son nuevas, catástrofes naturales también
hubo en Haití, Australia, Indonesia…, ocasionando grandes
destrozos y pérdidas económicas y humanas. Accidentes
nucleares en Chernóbil (los expertos estiman que a medio plazo
se cobró la vida de más de 100.000 personas en Ucrania,
Rusia, Bielorrusia), o más alejado en el tiempo, en Pensilvania
(un total de 140.000 personas fueron evacuadas).
Y
entonces, me pregunto: ¿qué tiene esta catástrofe
de diferente?, ¿dentro de un año recordaremos estos hechos?
Tal vez nos estamos acostumbrando y sólo estemos impactados.
Quizás, después, sea todo relegado al olvido.
Lo diferente, lo que nos llena de miedo y de preocupación es
“pensar en el futuro ”y sobre todo en “nuestro futuro
energético y medioambiental” ,porque al fin y al cabo nuestro
modelo de vida, nuestro progreso dependen de la energía (en la
casa, en el trabajo ,en la calle…,).Japón nos ha puesto
en alerta porque no sólo es un desastre natural, sino también
un desastre nuclear (el petróleo se acaba y las otras energías
alternativas y limpias son caras ). Y este tipo de energía es
la única alternativa posible, no produce lluvia ácida,
ni gases de efecto invernadero y no necesita subvenciones como “las
energías renovables” (el año pasado y sólo
en España superaron los 6000 millones de euros) El mundo está
en alerta. Todos estamos expuestos a accidentes. En España, en
concreto no se olvidan los sucesos ocurridos en las instalaciones de
Vandellós (1989) o Trillo (1992).
Sabemos que nuestra la forma de vida actual genera importantes impactos
ambientales: Japón y la contaminación del agua es una
clara demostración de este hecho. Contaminación que no
sólo afecta a las aguas de la superficie sino también
a los acuíferos subterráneos .Los residuos tóxicos
que contienen ponen en peligro de extinción diferentes organismos
así como provocan enfermedades e incluso la muerte. Más
de 1.000 millones de personas en el mundo no tienen acceso al agua potable,
y 25.000 personas mueren cada año a causa de las deficientes
condiciones higiénicas del agua que beben. Y nosotros seguimos
alterando la naturaleza.
El tiempo no perdona: los recursos se agotan, aumenta la contaminación
atmosférica y acústica, se desforestan los grandes bosques
de la Tierra, especies vegetales y animales se hallan en peligro de
extinción. Nuestro planeta muere.
Situaciones como la de Japón nos hace conscientes de que un futuro
mejor está en nuestras manos. Debemos explotar de forma racional
los recursos naturales. Nuestros gobiernos deben promover políticas
de protección medioambiental, el reciclaje, el desarrollo y la
implantación de tecnologías “limpias” (que
permitan reducir cualquier tipo de contaminación), restaurar
los ecosistemas…No es el momento de quejarnos de falta de planificación,
de falta de medidas de seguridad, de falta de planes de emergencia…Somos
responsables de nuestro presente.
Debemos
entre todos evitar que Japón sea sólo un punto rojo más
en el mapa. Todos podemos colaborar para conseguir un planeta limpio.
La responsabilidad no sólo es de políticos y de empresarios.
Desarrollemos nuestra conciencia: cuidemos el medio ambiente. Tal vez
debamos comenzar en el colegio, en el barrio…Podemos empezar siguiendo
el lema lanzado por la Unión Europea:”Baja, apaga, recicla
y camina”.Baja el aire acondicionado o la calefacción,
sobre todo por la noche y cuando no estés en casa así
reduces la emisión de gases. Apaga luces, aparatos eléctricos.
Recicla papel, latas, envases, etc., para ahorrar energía. Camina,
si caminas o vas en bici, ahorramos en combustible y contaminamos menos.
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