|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
Fuego, el fin de los árboles
La deforestación es la pérdida de vegetación. Las consecuencias de la deforestación son muchas: la erosión, los incendios, el cambio del clima… debido a estas consecuencias al no haber vegetación pueden producirse movimientos del terreno, ya que no hay plantas que sujeten la tierra. Del mismo modo, la perdida de la capa vegetal puede estar en la raíz de las inundaciones al facilitar el cambio climático y la irregularidad de lluvias, vientos y otros fenómenos que exagerados pueden ser devastadores. A los bosques se los denomina pulmones de la tierra. Este nombre se debe a la capacidad que tienen todos los árboles, para transformar el dióxido de carbono en el oxigeno, que necesitamos los humanos y los animales para respirar. Esto significa que, si no hay árboles hay más dióxido de carbono y menos oxigeno lo que provoca que nuestro clima se vaya calentando. Esta acumulación de dióxido de carbono y otros gases provoca el efecto invernadero. Y una gran parte del problema, además, es evitable. Podemos reciclar para que así las industrias no tengan que utilizar recursos naturales, podemos plantar árboles, cuando cortemos otros, y podemos tener mucho cuidado especialmente en verano con las fogatas, con tirar botes de cristal, con los cigarrillos… Hay
que repetir, como decía Proust (el escritor francés autor
de la serie de siete novelas En busca del tiempo perdido, una de las
obras más destacadas e influyentes de la literatura del siglo
XX.), “la insistencia no bastará, pero al menos bastará
a los que queremos que se propague una verdad tan sencilla como que
todo desarrollo se debe a la naturaleza”.
Como
expone en su propia página el ministerio de medio ambiente, Cantabria
es una de las regiones más preocupantes en este tema. En
este mismo periodo, y según las mismas fuentes, los incendios
forestales siguen un patrón, situándose la mayoría
en los meses más húmedos (enero a marzo), en los que se
han llegado a contar hasta 49 diarios (5.500 hectáreas por mes),
siendo las zonas más afectadas Cabuérniga, Rionansa y
Los Tojos. El bosque cede a menudo para dejar su puesto a ganaderías y agriculturas insostenibles, incluso a corto plazo. Muere para nada. Pero el hacha, y la motosierra, no están solas. El fuego se lleva cinco millones de hectáreas de selvas, unos dos millones de bosques y matorrales mediterráneos y, en los de confines del Gran Norte, hasta 10 millones de hectáreas todos los años. El balance para el conjunto del planeta es de pérdidas interrumpidas. Las florestas húmedas van a la cabeza con un 60% de reducción en sus dominios tan solo en este siglo. Y el bosque mundial ha menguado en un 19% en el mismo periodo. Por tanto, nada extraña que una gran parte de los bosques de los países más avanzados goce de algún tipo de ordenamiento o protección. Solo que, por desgracia, lo que no llega desde abajo, como la llama y la sierra, a veces viene desde las alturas. La lluvia ácida, es decir, los contaminantes atmosféricos mezclados con el agua de las precipitaciones, llega a quemar por completo los bosques. Así se ha perdido hasta la mitad de la superficie forestal de Alemania y el 70% de la checoslovaca. No sobra un solo árbol en este mundo. Lo malo es que ni plantando todos los humanos uno cada día les compensaríamos por los servicios prestados.
|
Natural
sumideros de CO2, otro vertedero para Cantabria
Comparte este artículo en las redes
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||