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Economia y ecologia Javier
Sanchez Becerril,
Muchos países del mundo han firmado un acuerdo, llamado el Protocolo de Kyoto, para reducir las emisiones a la atmósfera de gases que producen el efecto invernadero, que está calentando cada vez más el planeta, provocando, entre otras cosas, el progresivo deshielo de los polos. Estados Unidos no ha querido firmarlo, porque supondría que muchas de sus fábricas que hoy están contaminando la atmósfera tendrían que reducir su producción o, directamente, dejar de producir, al menos con los métodos que hoy día se utilizan. Pero las cosas no son tan sencillas y, como todo en la vida, no todo es completamente negro o completamente blanco. En Torrelavega tenemos una prueba de ello. Algunas industrias instaladas aquí son claramente contaminantes, ensucian el medio ambiente y huelen mal; de hecho, hace poco la prensa ha publicado que los primeros días de marzo Sniace superó los límites aceptables de emisiones de SO2 (dióxido de azufre) a la atmósfera, lo que supone un peligro para la salud. Pero lo cierto es que estas empresas que contaminan también dan un número importante de trabajos y generan una riqueza que repercute en el bienestar general de la ciudad. Además, está claro que las sociedades industrializadas son, también, las más desarrolladas. Cuanto más débil es la producción industrial de una región, menor es el bienestar de su sociedad y más dependiente es su economía. Por ejemplo, Extremadura ha sido tradicionalmente una región con un desarrollo industrial muy limitado, relacionado sobre todo con la transformación de productos cárnicos y hortofrutícolas. Sin embargo, en los últimos años, un empresario, Alfonso Gallardo, ha puesto en marcha un importante grupo de empresas, en el que destaca una industria siderometalúrgica, Siderurgia Balboa, que se ha extendido hacia Madrid y el País Vasco; además, cuenta también con una cementera. Este empresario, con el apoyo de los actuales gobernantes regionales, ha decidido levantar en Extremadura una refinería de petróleo. Para situarla, ha elegido un lugar de la provincia de Badajoz, en la llamada Zona de Barros, cuya tierra destaca por su riqueza para el cultivo. En concreto, el cultivo preponderante es la vid, de la que se obtiene una importante producción de vino de calidad que se exporta en buena parte fuera de la región. También es destacable la producción de aceite de oliva. La decisión de construir la refinería ha recibido en la región una fuerte oposición por parte de los productores de vino, porque afirman que la proximidad de la refinería puede poner en peligro la calidad y limpieza medioambiental necesaria para sus vinos, que, además, se verán desprestigiados en el mercado por la proximidad de una industria con fama de ser muy sucia. Además, los ecologistas rechazan la refinería tanto por ser contaminante por sí como por obligar a la construcción de un largo oleoducto que lleve el crudo desde los puertos donde atracan los barcos hasta la planta refinadora. Los que defienden la refinería dicen que en Puerto Llano (Ciudad Real) lleva funcionando mucho tiempo una refinería también muy alejada del mar y que con los avances tecnológicos estas industrias son mucho más limpias de lo que la gente dice. Además, afirman que creará muchos puestos de trabajo (hablan de 3.000, entre directos e indirectos) y que pagará importantes impuestos a la Hacienda de la Comunidad Autónoma para que pueda hacer obras públicas y dar mejores servicios. El asunto está todavía discutiéndose y parece que todos tienen buenas razones. Como se dijo antes, las cosas no son tan fáciles como parecen. Por fortuna, últimamente, ecología y economía van encontrando zonas de interés común, teniendo en cuenta que determinados aprovechamientos ecológicos parecen demostrar que también tienen valor económico. Puede ser el caso del combustible biodiésel, más limpio y respetuoso con el medio ambiente que el diésel normal y que tiene varios efectos ventajosos para nuestra economía: supone una nueva fuente de ingresos para los agricultores, alternativa a los cultivos tradicionales para el consumo humano, y además reduce nuestra dependencia del petróleo, que hay que comprarlo en el exterior. Además cada vez son más evidentes las utilidades que pueden darse a la energía solar, como producir electricidad o calentar agua, entre otras. A lo mejor, para que nos vaya bien a todos, lo que tienen que hacer la ecología y la economía es atender más a los que las une, la “eco”, que a lo que las separa, que es la visión diferente que cada cual tiene de esa “casa”.
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