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Vivir sin CO2 Antonio Cerrillo, Barcelona
Nada más levantarse, Miralles se ducha con agua que se ha ido calentando todo el día anterior con placas solares térmicas instaladas en su terraza, aunque cuando la temperatura del agua solar no es suficientemente cálida (pues se va enfriando por la noche) no le queda más remedio que poner en marcha el soporte eléctrico del termo. Lo primero que hace antes de ir a dormir es mirar el marcador de la temperatura del agua del termo para calibrar si será adecuada a la mañana siguiente, pues durante la noche el agua desciende unos cuatro grados y la ducha (para que sea confortable) requiere no menos de 45 grados. El indicador de temperatura marca 42 grados, por lo que ha puesto en marcha el soporte eléctrico hasta alcanzar los 45 grados. "En cambio, hoy - jueves- va a hacer sol todo el día. Las placas térmicas se irán calentando y podré tener agua caliente solar directa suficiente durante todo el día a 50 o 55 grados para ducharme", dice. Miralles podría evitar tener que mirar la temperatura del termo la noche anterior. Bastaría con que tuviera continuamente conectado el soporte eléctrico, que se activaría automáticamente cuando abriera el grifo de la ducha. Pero no quiere tener encendido el dispositivo, para ahorrarse incluso el gasto mínimo del stand by.Prefiere ver la temperatura con sus ojos, y recurrir al soporte eléctrico de forma manual. De esta manera, dice, es consciente siempre del ciclo del sol y de cómo el calor generado en la placa solar en su terraza le ayuda a disfrutar ese milagro tonificante de una ducha solar incluso por la noche. Miralles ha instalado en todos los grifos de la casa un sistema para reducir el consumo de agua bajando la presión. En la ducha salen siete litros por minuto; pero dice que le basta. Además, no deja que se pierdan por el sumidero del baño esos primeros cinco o siete primeros litros de agua fría o destemplada que guardan las tuberías antes de salir el caudal caliente. Esa agua que no se dirige al cuerpo la echa en un pequeño depósito en la bañera y la recoge con un cubo para descargarla en el váter. Así, se ahorra caudal de la cisterna.
Miralles va cada día a su trabajo en bicicleta, que deja aparcada en en la Escola Industrial (entra por Rosselló esquina con Comte Borrell), donde trabaja como funcionario de la Diputación. Tarda unos ocho minutos en llegar desde su casa en el Raval. Está más que orgulloso de los más de 9.000 kilómetros recorridos hasta el año 2000, y lamenta que le robaran el contador, aunque ya lleva otra vez registrados más de 3.600 kilómetros. "El 40% de los desplazamientos que se hacen en Barcelona tienen menos de dos kilómetros. Mi casa está a esa distancia del trabajo. Ese recorrido se puede hacer en 25 o 30 minutos caminando, o en ocho minutos en bicicleta, pero mucha gente coge el coche, pero tarda no menos de cinco minutos. Los tres minutos de más que yo invierto pedaleando son el gran ahorro de CO para la atmósfera al 2 que contribuyo. ¿Es que no podemos dedicar ocho minutos a pedalear, en lugar de coger el coche?", se pregunta. Esta mañana, Jordi Miralles tiene que coger un coche para salir a un pequeño municipio al que la Diputación asesora. Se apuntó a un cursillo de conducción eficiente y sigue unas pautas para ahorrar gasolina. Y ahí van sus consejos fruto de la experiencia: hay que cambiar las marchas antes de que el coche alcance las dos mil revoluciones, no debe bajarse velocidad dejando el coche al ralentí y se tiene que parar el motor si los semáforos son de los que tardan en cambiar. Así, se puede ahorrar hasta un 30% de carburante en ciudad. Y en carretera, recomienda no superar los 100/ 110 kilómetros por hora. Miralles come a las 15.15 horas con un grupo de amigos aficionados a la bici en la terraza de la Fundación Terra - de la que él es miembro-, en el Barri Gòtic. Han preparado la pasta en una cocina solar aprovechando el día tan soleado, y la saborean entre risas. La cocina solar es como una antena parabólica de aluminio (de 1,4 metros de circunferencia) que concentra el calor intensamente en el centro, donde se coloca una cazuela que en seguida quema los dedos si la tocas. "Es mejor que el recipiente sea negro, pues absorbe aún más el calor", aconseja. Aquí, tres litros se pueden calentar en 15 minutos. Y ¿cuánto se tarda en hacer una paella? "Pues en lugar de 40 minutos, échale unos 55", dice. Tan original cocina la han convertido en una herramienta educativa en la fundación. "Lo único negativo es que para el montaje se necesitan seis o siete horas, pero luego ya es para siempre", rememora. De camino a la compra, baja la basura, que ha agrupado selectivamente. Hoy baja los periódicos. Nunca ha perdido la costumbre de recoger separadamente toda la basura desde que vivía en Sabadell (aunque en su barrio el Ayuntamiento de Barcelona no ha previsto reaprovechar la fracción orgánica). En la tienda o en el mercado, siempre intenta que los productos procedan de lugares próximos, convencido de que los alimentos que vienen de lejos comportan un gasto desmesurado de consumo energético en el transporte. En la tienda cerca de su casa suele comprar patatas de Caldes o tomates del Baix Llobregat, mientras que hoy, en el puesto del mercado del Ninot, en la calle Mallorca, se interesa por las manzanas de la Costa Brava o las setas de Berga. Sin embargo, en buena parte de los lustrosos puestos se venden kiwis de Nueva Zelanda, peras de Murcia (no de Lleida) y tomates de Marruecos. No siempre es fácil encontrar alimentos producidos cerca. "En Londres, sin embargo, la agricultura en la zona de la periferia aporta el 17% de las hortalizas que la gente come", dice. Miralles siempre pone la lavadora cuando la carga es completa, para ahorrar electricidad. Además, extiende sus hábitos ecológicos en un uso muy limitado del detergente convencional. Cuando la ropa sólo está sudada, usa productos naturales (nueces jabonosas o perlas cerámicas a base de ceolita), y sólo si hay ropa sucia, añade un 20% de detergente. En su casa, todas las bombillas son de bajo consumo ( "aunque son un poco más caras, duran diez veces más; y con lo que te ahorras, te sale a cuenta", dice). Tiene una bomba de calor, y en invierno la temperatura nunca sube por encima de los 20 grados, mientras que en verano prefiere aclimatarse sólo cuando hay temperaturas superiores a 27 grados. Todo esto le ha permitido gastar en un año 1.600 kilovatios hora (cuando la media española familiar es de unos 5.000 kilovatios hora), explica mientras enseña las facturas. Miralles fue de los primeros usuarios catalanes que aprovecharon la liberalización del sector eléctrico para pasarse a una compañía que suministra exclusivamente energía renovable (Electra Norte) a base de energía eólica, solar y demás. Y por eso ha vivido como un mazazo la decisión de esta empresa de cerrar sus puertas, debido, entre otros factores, a los altos costos del peaje que las compañías comercializadoras deben pagar a las empresas distribuidoras dueñas de los tendidos de transporte. "Me apunté a una compañía de electricidad verde convencido de que cuantos más usuarios reclamen energía renovable, más obligadas se sentirán las eléctricas a cubrir esa demanda. El cierre de esta empresa debería movilizar a los ecologistas", afirma.
Si se queda a media noche sin luz, no tendrá problemas. En la
ventana de su casa ha ido acumulando, en una pequeñísima
placa fotovoltaica, electricidad suficiente para disponer de energía
si la noche se presenta a oscuras, como de vez en cuando pasa con los
apagones causados por la demanda insostenible. "De todas formas,
tengo velas, porque siempre es más romántico", dice
previsor.
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