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94, 2005


 

 

 

 

 

 

 

El ocaso de los bosques

Ruben Martín, Angel Trueba
estudiante de bachillerato, Colegio La Paz, Torrelavega (Cantabria)

 

 

Antaño los peregrinos que cruzaban de España a Francia o viceversa, contaban que se podía disfrutar en gran manera del paisaje que los rodeaba, en la medida que se iban acercando más a su próximo destino.

Sin embargo, también había otros obstáculos no tan deseables como la abrumadora extensión y tupidez de la madreselva y de los frondosos bosques, los cuales dificultaban el camino al obligar al viajante a esquivar esos altos troncos y tener cuidado de no golpearse con las ramas abundantes. Esta terrible situación del caminante se prolongaba hasta que éste se encontraba un claro en el cual podía descansar. Además se contaba que las ardillas eran unos animales privilegiados, en cuanto a que podían observar todo este paraje desde el cielo en una posición panorámica. En aquellos tiempos las ardillas estaban capacitadas para hacer el mismo recorrido que los viajeros, con la diferencia de que éstos lo hacían por el suelo y las ardillas podían ir saltando de árbol en árbol, de arbusto en arbusto hasta llegar a Francia sin tener que haber pisado el suelo en modo alguno desde el inicio de su periplo.
Esto es una vaga ilusión que se desvaneció rápidamente en el tiempo, a medida que la humanidad iba destruyendo esos bosques para impíos fines. Todo esto se desarrollaba a un ritmo trepidante y sin la debida replantación; aunque en algunos casos ni siquiera ésta se ponía en práctica. Esta gran pérdida no es valorada ni siquiera por aquellos que han visto morir a la Madre Naturaleza mientras ellos crecían. Este pensamiento engendra seres que como sus progenitores carecen del suficiente ansia de restablecimiento natural, con lo que se desarrollará, si no lo ha hecho ya, una especie humana que solo se interesará por el medio en el que viven cuando éste pueda aportarle algo.
Si esta abominación llegara a producirse el medio en el que vivimos probablemente desaparecería.
Aun así esta situación no se ha consumado gracias a que todavía hay contadas personas que se puede decir ayudan a evitar la tala de árboles y demás acciones destructivas propias del ser humano. Hay dos tipos de personas respecto de este tema. Unos son aquellos que ayudan, ya sea en pequeña o en gran medida, al restablecimiento de la naturaleza y a la consecución de un "mundo verde" mejor. En el segundo grupo, se generaliza la idea de que el medio solo sirve para extraer lujosas y exóticas maderas como la caoba y el ébano para fabricar muebles. Ello supone un grave precio para la naturaleza que no se puede pagar constantemente.

Otro significativo y posible cambio es el de la repercusión en el calentamiento global de la deforestación. Esto se causaría por la desaparición de los bosques; los cuales son los principales almacenamientos de carbono, y sin ellos las grandes cantidades de CO2 irían directas a la atmósfera. Ésta va acompañada de una acción de degradación forestal, lo cual provoca también la erosión continua del suelo sin la sujección que ofrecen las raíces de los árboles talados.

La sistemática supresión de los bosques equivaldrá a destruir las especies que allí habiten; de esta manera los vegetales desaparecen, lo cual supone la desaparición del alimento de los animales herbívoros. Si éstos no comen mueren, por lo que no pueden proporcionar alimento a los carnívoros y omnívoros (los cuales somos nosotros).
Por eso hay que tener mucho cuidado con lo que talamos, pues podríamos estar sesgándonos la propia vida.

 

 

 




Medio Ambiente

 

 

 

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