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El
planeta se agota
Gustavo
Catalan

Dos
terceras partes de los ecosistemas de los que depende la vida sobre
la Tierra están sobreexplotados o se utilizan de manera insostenible,
lo que podría tener consecuencias desastrosas para la Humanidad
en las próximas décadas. Esta es la conclusión
del informe Evaluación de los Ecosistemas del Milenio auspiciado
por la ONU y presentado hace unas semanas en nueve grandes capitales.
El informe ha sido elaborado durante los últimos cuatro años
por 1.300 expertos de 95 países. En el mismo también han
colaborado una veintena de instituciones científicas públicas
y prívadas. El estudio se ha acometido para evaluar si los Objetivos
del Milenio adoptados por Naciones Unidas en el año 2000 son
posibles. El informe concluye que: «la degradación actual
de los servicios que prestan los ecosistemas es un obstáculo».
Básicamente, lo que los expertos analizan es si el agua dulce,
la pesca, la regulación del aire, el agua, el clima o las enfermedades
van a permitir alcanzar las cuotas de bienestar humano que se han marcado
los países para 2015.
Pues bien, «los expertos están en condiciones de afirmar
que la degradación se está produciendo en 15 los 24 servicios
que los ecosistemas prestan». Algunos ejemplos serían «la
aparíción de nuevas enfermedades, los cambios súbitos
en la calidad del agua, la aparíción de zonas muertas
en las costas, el colapso de las pesquerías o los cambios de
clima regionales».
La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio llega a cuatro conclusiones
básicas. La primera sería que «en los últimos
50 años los seres humanos han modificado los ecosistemas de manera
más rápida e intensa que en cualquier otro periodo de
la Historia». Se utilizaron más tierras, más fertilizantes
con nitrógeno y más esfuerzos pesqueros que nunca para
satisfacer la demanda creciente de la Humanidad. A cambio, entre el
10% y el 30% de las especies están en peligro de extinción.
Sólo cuatro mejoras han proporcionado los ecosistemas las pasadas
cinco décadas: más grano, más carne, más
pescado de granja y más absorción de carbono. A cambio,
«la pesca y el agua dulce han sobrepasado los límites de
su capacidad para la demanda actual». Mucho peor será en
la demanda futura.
En tercer lugar, aunque el informe prevé una reducción
del hambre, ésta será mucho más lenta de lo deseable.
Entre otras cosas, las epidemias han mermado la riqueza de continentes
enteros. Si hubiera desaparecido la malaria, el PIB africano contaria
con 100.000 millones de dólares más.
Hacen falta «cambios importantes en las políticas y las
instituciones», es la cuarta conclusión. Pero esos cambios
no están todavía en marcha. El informe alienta «modificaciones
radicales en la toma de decisiones» y la «cooperación
entre gobiernos, empresas y sociedad civil».
«Estamos gastando más de lo que tenemos» se titula
el estudio. El derroche de los recursos naturales tiene claras consecuencias
en el «capital natural y bienestar humano», que es como
se subtitula el informe.
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