217, julio 2007
   
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Biografias


 

 

 

 

 

 

 

Jesus Polanco

Javier Trueba

Uno de los más destacados periodistas del franquismo e irredento molestón del régimen, Emilio Romero, califico a Jesús de Polanco como uno de los pocos hombres capaces de “glorificar, putear, encumbrar, descalificar, chulear, animar y amedrentar a una clase política entera”. No es posible saber si era una constatación de hechos vividos por el periodista, o una premonición. Pero valga como ejemplo de aquella afirmación, la famosa anécdota ocurrida en el restaurante Jockey de Madrid, en el que ante significados comensales, Don Jesús alzó firme su voz para proclamar a toda la sala “No hay cojones en España para negarme una televisión”. En agosto de 1989, unos meses después, el gobierno de Felipe González le otorgaba la licencia de la primera televisión de pago española, Canal plus. Anécdotas como esa, o aquella que sitúa a D. Jesús en el Palacio Real, tras una recepción, en la que el Rey tras una explicación, y al descubrir a su espalda al editor apostillo “Siempre que don Jesús esté de acuerdo”, han alimentado la fama de un hombre ambicioso, influyente y manipulador, dominador de la escena política española desde la transición. Una fama, merecida o no, que oculta otro aspecto tan importante o mas, la de creador de un imperio de comunicaciones de indudable calidad, que aporto a los medios españoles un estilo moderno y cosmopolita y que ha alimentado la cultura y la modernidad de la clase media española como ninguno otro lo ha hecho.
Polanco creo, como gran objetivo vital, el mayor grupo de comunicación español, siendo su gran obra, sin duda, “El País”. Su virtud radica en haber revolucionado con él el mundo periodístico español, a través de un peridoto moderno y plural, editado con el estilo y cuidado de un libro, la sensibilidad de una revista de arte y cultura y la contundencia del acta de reuniones de un comité de sabios. Junto a las nuevas técnicas de impresión aportadas por El País, la creación de un estatuto de redacción, de un libro de estilo,o del defensor del lector son novedades que aportaron al periodismo español el gusto por lo erudito, la confección delicada y la profundidad temática, mas allá del noticiero aldeano o la cancha de disputa política, y todo ello en un clima de libertad que mantuvo mucho tiempo a los equipos de redacción alejados de toda influencia política, al regular claramente las relaciones profesionales entre la redacción, la dirección del periódico y la sociedad editora.
Independencia también alimentada por el pulmón financiero que los éxitos editoriales de Santillana proporcionaron, y que permitieron extender el modelo a todo el grupo. Hasta el punto de crearse una situación rara en el periodismo español. Un medio no era manipulado por las fuerzas políticas o los poderes fácticos, era él quien imponía criterio.

Hijo adoptivo de Cantabria, donde radico la sede histórica de la Fundación Santillana (en la Torre de Don Borja de la villa de Santillana del Mar), el editor fallecido el sábado 21 de julio en Madrid, nació en esa misma ciudad en 1929. Su historia es la clásica de un hombre hecho a si mismo, que huérfano desde muy niño hubo de superar adversidades y ascender en su profesión desde las posiciones mas bajas del escalafón. Estudio la carrera de derecho en las aulas de la Complutense en la calle San Bernardo, junto a juristas del nivel de José María Ruiz-Gallardón y Federico Carlos Sainz de Robles, al tiempo que sufragaba sus gastos vendiendo libros a domicilio. Terminados sus estudios en 1953, oriento pronto su carrera al mundo editorial, al constatar, como en una ocasión explicó, que era tan mal escritor, que era preferible ganar dinero con las letras de otros, todo un alarde de pragmática sabiduría. En 1958 fundaría la Editorial Santillana, una editorial llamada a ser una referencia en nuestro país, pero que no cuajo hasta 1970, afectada por “un golpe de suerte”. En aquel año, el ministro de educación, José Luís Villar Palasí ponía en practica la Ley General de Educación, ante la cual, solo el grupo de D. Jesús, conocedor del terreno, fue capaz de tener a punto los libros de texto de aquel año, dicen las malas lenguas que gracias a la filtración a D. Jesús de todo el entramado de la reforma por parte del subsecretario de educación Ricardo Díez Hochtleiner, alias Jolines. Comenzaba así una historia de “aciertos”, que sentó las bases de su imperio económico. Tras el “éxito editorial”, el grupo se consolida con la creación del grupo de medios Timón en 1972, que consigue en la agonía del régimen los permisos, de manos de Fraga Iribarne, para iniciar una aventura editorial que nacería oficialmente en mayo de 1976, bajo la dirección oficial de José Ortega Spottorno, y que estaba llamada a convertirse en adalid de la nueva sociedad española. Polanco se incorporaría al nuevo diario como consejero delegado y posteriormente como presidente, aunque con o sin cargo orgánico, seria siempre el alma mater del proyecto. El triangulo se completaría con la creación en 1979 de la Fundación Santillana, nacida con el ánimo de promover y estudiar nuevas técnicas educativas y de comunicación, y de difundir la cultura. La cobertura financiera y jurídica de este conglomerado se alcanzaría en 1984, con la creación la sociedad Promotora de Informaciones Sociedad Anónima (PRISA), que seria la base de la gran expansión de los siguientes 20 años.
A sus contactos y amistades con importantes dirigentes hispanoamericanos, lo que le abriría la puerta a acrecentar su influencia y poder sobre las telecomunicaciones americanas, le seguiría una basta operación de diversificación en las comunicaciones españolas, en la mejor línea de ciudadano Kane, y en condiciones, que han alimentado la leyenda negra del editor, dando alas al escarnio a sus detractores. Así, en 1985 obtenía, y a un módico precio, las emisoras de la cadena SER, vendidas en circunstancias curiosas con la aquiescencia del gobierno de Felipe González. Hecho que se repetiría años después cuando el gobierno Aznar se saltaba la ley anti concentración de medios y otorgaba a Polanco la licencias de la extinta Antena 3 radio, lo que ha llevado a que en la actualidad, en una significativa parte del territorio nacional mas del 50% de las emisoras de radio pertenezcan al grupo PRISA. La expansión seguiría con la concesión por el gobierno González, en 1989, de uno de los tres canales de televisión privada, Canal Plus, aun cuando este canal no emitía totalmente en abierto, en detrimento de otras solicitudes que si lo hacían, tal como exigía el decreto de concesión. A ello seguiría el control de las emisiones de fútbol, o el monopolio de los medios de satélite, tras su fusión con la plataforma Vía Digital que auspiciaba Telefónica. Sobre este aspecto escribiría El ex comisario europeo responsable de la Competencia, Karel Van Miert, en su libro “El Mercado y el poder” que en el último Gobierno de Felipe González, Solana y Solbes le presionaron para que favoreciera a PRISA e ignorase la posible ilegalidad de su alianza con Telefónica en la sociedad de Cablevisión.

Pero las dudas sobre algunos de sus pasos, o su larvada guerra con parte de la comunidad periodistica o con parte de la oposición conservadora, no deben desmerecer la realidad constatable de un empresario rico e influyente, cierto, como tambien innovador y estimulador del panorama cultural, que ha convertido a España en un peso pesado de la información y la cultura europea, que ha impulsado editoriales de prestigio que han colocado en el futuro a la cultura española, caso de Taurus, Alfaguara, Altea o Aguilar y que desde posiciones de reconocimiento como la Academia Europea de las Artes y de las Ciencias, Fundación de Ayuda contra la Drogadicción o Fundación Escuela de Periodismo, han contribuido de forma decisiva a la edificación de la España actual.



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