Si uno repasa lo que le han enseñado en ética, filosofía,
o mismamente educación para la ciudadanía, sacara como
primera conclusión que una de las cosas con las que te bombardea
la educación en España (no hablemos ya de la católica),
es el servicio a los demás, los valores ciudadanos y el oficio
publico como una especie de ministerio sacerdotal a favor de la sociedad.
Pero solo es eso. Un, montón de letras que están escritas
en los libros educativos, que te obligan a recordar y repetir para obtener
un titulo. Detrás no hay nada. Resulta curioso que aquellos que
ensalzan el servicio a los demás, desde los pupitres de sus catolicisimos
colegios privados, o quienes tirando piedras contra estos, demandan
una enseñanza publica que defienda valores ciudadanos y laicos,
y me refiero a políticos de uno y otro signo, sean los primeros
en meter la mano al cesto, a la primera que se presenta.
Realmente no somos conscientes en este país, yo creo, que la
democracia no esta realmente asentada, pese a sus treinta y pico años
de existencia. Quitando el tema del modelo de estado, que sigue sin
definirse (republica, autonomías, poder del estado central, sistema
electoral …), cosa que ya tiene bemoles, a mi entender, España
mantiene ante si tres grandes enemigos, para sostenerse como comunidad
democrática capaz de dotar de felicidad y futuro a sus ciudadanos.
Una amenaza es el terrorismo, un montón de hijos de puta que
no pararan hasta acabar con nosotros. Otra es el paro. Un problema misterioso
que nadie ha sido capaz aun de desentrañar. Da igual que crezcamos
que no, aquí siempre hay medio país sin empleo, y lo que
es más gordo, ni la sociedad en su conjunto se revela contra
tamaña injusticia social, ni los sindicatos montan la gorda,
ni los afectados salen a la calle para exigir su derecho al trabajo.
En un país normal, tras 30 años con dos millones de parados
de mínima, ya se habría organizado, no una, sino 33 revoluciones,
que Chávez subió al trono venezolano por menos.
La tercera amenaza viene de la catadura moral de nuestra casta política.
Porque es una casta. Un grupo cerrado, que ha hecho del servicio, una
profesión. No hay más que apostarse una mañana
delante del hotel Palace, o darse una vuelta por los restaurantes de
las traseras del congreso para ver como viven diputados, senadores,
alcaldes, directores generales y demás ralea que vive del poder
o de sus comederos.
Hasta ahora nos habíamos sonreído ver a nuestros políticos
dormidos en sus escaños, a nuestros alcaldes en coche oficial
y a empresarios de medio pelo o que nunca lo fueron, engordados a la
sombra de los contratos del poder. Ahora es peor.
Desde que el PSOE se dedico a robar vía Filesa, no habíamos
visto un espectáculo como el actual. Solo en Madrid han caído
por presuntos ladrones tres alcaldes, siete altos cargos o ex cargos
de confianza y trece directivos o cargos del PP madrileño. Eso
sin contar con la trama valenciana y el agujero negro de Baleares, donde
el PP tiene más imputados por robo y soborno, que afiliados.
Con todo, eso no es lo peor. En país en crisis y lleno de parados,
que quien debe ayudarte robe, despilfarre y te quite de la boca el pan
es grave, pero que encima le quite importancia y eche la culpa al empedrado
es humillante.
El PP, el partido de la oposición, el llamado a sacarle las vergüenzas
al gobierno y dar ejemplo de alternativa democrática esta siendo
en los últimos tiempos un estercolero. Como ciudadano no doy
tanta importancia, que la tiene, a esa ristra de políticos y
adláteres enjuiciados (que hay más, y de más partidos
y un ejemplo esta en Castro Urdiales, en Cantabria), sino esa actitud
chulesca e inhibida de sus dirigentes. Camps riéndose, mientras
dice que no pasa nada, Rajoy hablando de inquisición y Cospedal
usando el tan español método del ventilador, acusando
gravemente a la policía, los jueces y demás elementos
del estado, con lo que siembra en la ciudadanía la sospecha de
que no se enfrenta a la corrupción de un partido, sino de todo
el estado.
En una actitud más propia del teatro de Mihura o , peor aun,
de la SGAE, la única, que yo sepa, que se ha atrevido a cortar
cabezas, Esperanza Aguirre, se ha encontrado con la critica de su partido,
la oposición de cuadros, especialmente en Arganda y Pozuelo,
dos ayuntamientos descabezados por la caída de sus alcaldes.
En lugar del pan (esos subsidios de mierda que reparte Zapatero) y circo
( esas salidas de todo de los cabezas de cartel nacionales), ya es hora
de que los partidos nacionales se abran, se limpien, se sometan la ley
y se dediquen a solucionar nuestros problemas, no a crear otros nuevos.
Y eso va por el gobierno, pero sobre todo por ti Rajoy.