Luís
Laherrán estudiante de derecho,Santander (Cantabria)
La
prensa rosa, en su sección de humor, se ha hecho eco estos días
de la polémica surgida a cuento de la boda de Mª Dolores
de Cospedal, la secretaria general del PP. En pocas palabras, la política
manchega, recientemente casada en Toledo, se ha encontrado de sopetón,
con que los socialistas de esta comunidad han fijado el debate sobre
el estado de la región, en las mismas fechas en las que supuestamente
la escudera de Rajoy iba a estar de viaje de novios. Como a Lola se
le hacia muy fuerte protestar por motivos personales ha mandado por
delante al secretario de su partido en Toledo, que ha sacado aquello
de la conspiración judeo masónica y, ya de paso, la mala
leche.
De sobra es sabido que las relaciones entre Cospedal y Barreda (presidente
manchego) no son amorosas. A la ineptitud de Barreda, preclara hasta
para el PP, se une el deseo de ella de arrebatar el puesto al heredero
de Bono. Cualquier forma de hacerla opaca a la opinión pública,
o de deslavar su imagen es bien recibida. Si habitualmente este tipo
de fechas (las del debate, lógicamente) son consensuadas entre
los partidos, dada su importancia, en esta ocasión se ha notado
que los socialistas querían o dejar al margen a la secretaria
popular, y así hacerla menos ídem, o provocar en ella
la reacción que han provocado, fortaleciendo su posición
de niña bien quejica y llorona. Y es que el veranito que se ha
tirado la Cospedal protestando ha sido antológico, y ahí
si que debemos ponernos serios.
Un buen número de españoles se quejan cada vez con más
intensidad de un gobierno desorganizado, sin brujula y que da sobradas
muestras de que los criterios habituales de gestión no son los
que están sobre la mesa del consejo de ministros. En cualquier
lugar del mundo (Inglaterra sin ir más lejos) eso seria más
que suficiente para desatar un cambio político completo, a la
japonesa, por ejemplo. Aquí, la ciudadanía asiste perpleja
al espectáculo de un partido de oposición, que representa
a millones de españoles, que gobierna casi en la mitad de autonomías
y ayuntamientos, que hace comer de su mano a jueces, fiscales y altos
funcionarios encuadrados en sus filas o en asociaciones muy conservadoras,
y que se dice perseguido.
Hay gente que es muy psicotica, la vida moderna, realmente intensa,
conduce a desequilibrios mentales incuestionables. Pero nunca nos habíamos
enfrentado a una paranoia colectiva de tal calibre. Los jueces y los
fiscales persiguen al PP, por orden del gobierno, no por cometer delitos,
sino por causa ideológica y de pensamiento. Los policías
hacen escuchas ilegales y siguen a los cargos electos del partido, coartando
su libertad. Incluso los poderes públicos se esmeran en reventar
efemérides tales como bodas y lunas de miel.
Una mirada, incluso poco atenta, a la realidad nos muestra que el sistema
de partidos en España precisa de una clara refundación.
Con los nacionalismos sin identidad, perdido el poder, la izquierda
pos comunista aparece en periodo de liquidación, con Cayo Lara
de albacea general. Las nuevas incorporaciones, UPyD, fenecen lánguidamente
de la mano del autoritarismo y la falta de ideario y democracia interna.
Frente a eso, los dos grandes partidos, 6 de cada 7 diputados y senadores)
se erigen como dos monstruos, erguidos de espaldas al pueblo, rapiñando
la cosa pública.
Las debilidades del PSOE son palmarias, estando como esta sometido al
escaparate público cada día. El problema de los populares
es, sin embargo, no de debilidad, sino de criminalidad política.
Provincias enteras se encuentran en manos de autenticas mafias que controlan
el poder desde hace décadas, a través de redes de clientelismo
más propias de la época de Canovas (Castellón,
Lugo, Orense..) que aprovechan las telarañas familiares y el
predominio rural. En otros lugares, y al cobijo del crecimiento económico
pasado y la creación de clases vip nacidas de los negocios fáciles,
se han montado economías paralelas, fuera del alcance del estado
que han vaciado las arcas públicas y enriquecido a unos pocos
ligados a la administración (caso de Baleares, donde ahora la
justicia se afana en desmontar el escalón intermedio, aun no
se ha llegado a la cúpula). En otras las prácticas de
amiguismo y enchufe de redes completas de parásitos del poder,
que juegan al merodeo con los contratos de las administraciones, han
acabado haciéndole un traje a gobiernos enteros, sumidos en la
sospecha de la prevaricación y la financiación ilegal
de sus familias y sus partidos. El partido del gobierno no se libra,
lo veremos más claro cuando abandone Moncloa, aunque ya Caja
La Mancha nos da un aviso, pero al menos ha tenido hasta ahora la habilidad
de esconderse y no empeorar el panorama. Pero la actitud popular ante
estos hechos ha sido vil, cobarde y criminal. Especialmente lo último,
porque si no reconocer los errores es moralmente grave en quien es faro
de la sociedad, y no hacer limpieza es un error que puede condenar a
un partido por décadas, extender la mierda, poniendo en cuestión
todos los cimientos y bases de la democracia, extendiendo sin pruebas
la sospecha a todo aquello que sirve para crear confianza y seguridad
a los ciudadanos, es una forma como otra de asesinar el sistema. Porque
en estos días, personas como Cospedal no solo se han permitido
poner en tela de juicio nuestro sistema político, sino has el
económico, avisando González Pons que el gobierno no va
a ser capaz de garantizar el pago de la deuda. Bonita manera de conseguir
fondos y endeudamiento en el extranjero, vitales, en este momento para
el mantenimiento de los servicios del estado.
Términos como inquisición, persecución ideológica,
régimen o espionaje a partidos, se han vertido a la opinión
publica sin ningún rubor, y sin ninguna prueba, cuando el único
espionaje reconocido ha sido el de miembros del partido sobre compañeros,
y a costa del contribuyente, y cuando los únicos compadreos conocidos
se han producido en comunidades como Valencia, donde la amistad entre
el presidente autonómico y el del Tribunal Superior de Justicia
de aquella zona han salvado de la quema, de momento, al primero.
Un poco de humanidad con quienes sufren paro, chabolas, enfermedad y
marginación deberían mostrar nuestros servidores públicos
y ya de paso, una separación de poderes real que haga fuertes
a nuestros tribunales, un sistema de control de partidos eficaz y un
examen ético para ser político. Y si no te puedes casar,
no te casas, y si no te puedes ir de luna de miel, no te vas, que el
trabajo es lo primero y si no estas conforme te largas al paro. Eso
les dicen a las cajeras de super, con contrato basura. Claro que ellas
no tienen privilegios y honores como Lola.