Maria
Izquierdo estudiante de bachillerato, Fuenlabrada,
Madrid
La
sala Riviera de Madrid ha sido el templo en que los adoradores de los
neoyorquinos Vampire, ha saboreado la sangre indie y africana de un
grupo que si en estudio es ardiente, en directo se supera hasta cotas
increíbles. El motivo era la presentación en España
de "Contra", el último álbum de la banda, y
que se ha estrenado en Madrid, justo el mismo dia en que otra banda
de americana de culto, The drums, presentaba su nuevo sonido indie en
la sala Heineken. Y se sabe dias de mucho, vísperas de nada.
En Riviera, Ezra Koenig (guitarra y voz), Rostam Batmanglij (teclados
y voz), Chris Baio (bajo) y Chris Thomson (batería) no defraudaron
a nadie, desde los primeros acordes de "Holiday", una de las
nuevas canciones de "Contra", hasta el sofisticado “California
English”, en el que Ezra emplea moduladores de voz. Pasando por
"White Sky", "Cape Cod Kwassa Kwassa" y "I
stand corrected", y ya metidos en mezclas de sonido su esperado
"A-Punk", un ska breve pero intenso que, como era de esperar,
puso los pelos como escarpias al personal, al ritmo trepidante de la
batería de Chris Thomsom.
Su periplo por el mundo de los sonidos nos ha acercado en esta visita
a joyas "One (Blake's Got a New Face)" cantada por el público,
"The Kids Don't Stand A Chance", una balada dispar y sorprendente,
y "Diplomat's son", un tema de fuerte regusto caribeño,
con toques electrónicos y hasta del folclore canario, en la línea
del Guincho o del pop experimental de Animal Collective.
Y todo, como viene siendo habitual en el grupo, desde su eclosión
en 2006, con una marcada impronta étnica africana. Un sello,
visible en temas como "Giving up the gun", "Campus"
y "Oxford Comma" que mantienen a su público bailando
durante horas.
Quizá el momento más emotivo resulto a los acordes de
"I Think Ur A Contra", una canción que es todo un himno,
y que los Vampire Weekend elaboraron en sus veinteañeros tiempos
de la Universidad de Columbia.
Pero han pasado algunos años, y mucha madurez, desde que aquella
banda (en el peor sentido) de muchachos pijines con aire de “Hombres
G”, se conocieron en al universidad y decidieron divertirse tras
una partitura, como ellos mismos cuentan en uno de sus primeros grandes
éxitos ”Walcott”.
Un año después de iniciar su aventura, su tema “Cape
Cod Kwassa Kwassa” ya estaba arriba de las listas, y la revista
Rolling Stone ponía su punto de mira en ellos. En 2008 salía
el mercado su primer álbum. Su éxito quedaría refrendado
no solo por la crítica, sino por hechos como que microsoft adquiría
los derechos de su tema "A-Punk", para su quinta versión
de Guitar Hero.
Tras ello, todo ha sido coser y cantar para este grupo innovador, muy
vinculado a España, desde que en 2009 descubrieran el sabor de
la horchata, convirtiéndola en nombre e icono de uno de los discos
más logrados.
Como siempre, su visita a España ha estado más presente
en la prensa por sus problemas extra musicales, que por su creatividad.
Tratados siempre con cierta sorna en nuestro país, al considerarles
cuatro niños bien que han viajado mucho y que hacen una música
muy refrescante y agradable, llena de sonidos ecos africanos y exóticos,
su presencia estos días ha estado marcada por las continuas preguntas
por sus problemas con Ann Kristen Kennis, la musa, dicen, de estos prepppies
(pijos de colegio privado, siguiendo la terminología de la célebre
película “Love Story”.
El problema viene de que Vampire buscaba para su último álbum,
“contra”, la imagen de una chica rubia, estilosa, anacrónica,
preppie y deseable.
Los Vampire creyeron ver a ese pibón en unas fotos de juventud
(más anacrónico imposible) de la modelo Ann Kristen Kennis,
en tiempos un bellezón, y hoy una respetable vecina de Malibú
de 52 años, recién salida de su particular guerra contra
el cáncer de mama y, por tanto, muy deteriorada. Cuando Ann descubrió
que los chicos habían rescatado su imagen del pasado, tomo conciencia
de que los años no pasan en balde, y de que, claramente, tubo
tiempos mejores. Lo segundo que recordó es que en aquellos buenos
tiempos a ella la pagaban una pasta por prestar su imagen, cosa que
hoy ...
Así que la portada, en tiempos, de Vanity Fair decidió
reclamar a Vampire Weekend dos millones de dólares por apropiación
indebida de imagen. La respuesta del grupo no ha sido muy comprensiva.
Los chicos defienden que la foto es una de tantas hechas con polaroid
por su fotógrafo Tod Brody, y luego desechada. Ellos compraron
este descarte, y en paz. Parece que, aunque las leyes indican que la
imagen de las modelos está sujeta a derechos, ha sido en tiempos
corriente que los fotógrafos se quedasen con algunas pruebas
que les gustaban especialmente. Es probable que el asunto termine con
indemnización, pero aun así, nunca el hecho pasara del
terreno de la anécdota, en un grupo de tanta calidad, que lo
que le rodea debería pasar desapercibido. Y como lo importante
es la música, próxima parada Bruselas.
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