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Música |
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Un poeta llamado Manolo Garcia Maria
Izquierdo
“Me sentiría extraño sin una
melodía y una poesía en mi vida”. Y esa ha sido
su vida. Desde que este albaceteño de medio siglo vio la luz
de la Mancha, desde que el campo fue la sede de su trabajo infantil,
desde que el monaguillo manolo ahorraba las dos pesetas que le pagaba
el padre Ramiro, desde que el Poble Nou de Barcelona se convirtió
en su casa con apenas seis años. Harto de los bailes de pueblo, se integro en varios grupos más “serios”. El principio es muy dificultoso hasta que encuentra en su camino a Esteban Martín (el luego miembro de Gabinete Caligari). Ambas se unen a José Luís Pérez, Lluis Visiers y Antonio Fidel. Y los cinco consiguen en tan solo dos meses un contrato con EMI-Odeón. De ahí lo de “Los Rápidos”. Su primer disco no tuvo gran repercusión, pero su presencia en los escenarios no paso desapercibida. Sus conciertos eran una obra de teatro (idea de Manolo), con explosión de televisores, uso de herramientas, mecanismos y elementos más propios del happening teatral de espectáculo. En
1982, su grupo coincide en un concierto en Barcelona con los Kilimanjaros
en los que colaboraba Quimi Portet, componente de “Kul de Mandril”
y fundador de compañías de teatro como "La Troca"
y del "Circo Sémola". Estaban naciendo “Los burros”,
de Manolo y Quimi. Los
premios y la luna de miel con el mercado seguirían en 1986 (Enemigos
de lo ajeno) y 1987 (Nuevas mezclas), años en los que se rescata
incluso la discografía de “Los Burros”, pudieron
escoger discográfica y se trasladaron a Londres para experimentar.
La cumbre de la creación llegaría en 1988 con “Como
la cabeza al sombrero”, obra que les abriría las puertas
a colaboraciones y halagos de Bruce Springsteen o Sting. Es
entonces cuando dejan de ser un grupo minoritario, rompiendo con su
segundo disco la barrera de las 100.000 copias vendidas. Son los años
de las grandes giras. Los años en que acaparan todos los premios
del mercado entre ellos los de la revista Rock de Lux, cuyos redactores
y lectores convirtieron al grupo en el mejor de 1986 y el mejor grupo
en directo, convirtiendo su tema "Insurrección" en
el himno del año.
Sin
embargo, sus trabajos de 1990 (Nuevo pequeño catálogo
de seres y estares), 1993 (Astronomía razonable) y 1995 (La rebelión
de los hombres rana) presagian el final. La sintonía se va perdiendo
hasta que en 1998, una rueda de prensa conjunta muestra a sus seguidores
lo inevitable. No se sienten capaces de mantener juntos este ritmo creativo
y se separan. Es también el reflejo de un agotamiento fruto de
haber dado en dos años mas de 500 conciertos por tres continentes.
En trabajos agotadores en lo físico y lo creativo, con continuas
innovaciones, como las coreografías y escenografias, diseñadas
en combinación con el grupo Els Comediants
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