Luís
Laherrán estudiante de derecho,Santander (Cantabria)
La
Noria, el programa de tele cinco de la noche de los sábados contaba
esta semana con Miguel Ángel Revilla Roiz, dicen que en calidad
de presidente de Cantabria. El motivo de esta segunda entrevista en
el mismo programa parece estar relacionada con los puros. Por lo visto,
Revilla había amenazado con abandonar una asociación de
fumadores o admiradores del habano, si tal grupo osaba rendir homenaje
al presidente del fútbol club Barcelona. La polémica,
el morbo y la sangre estaban sobre la mesa, así que nuestro máximo
mandatario regional allí que fue. Entre sus comentarios lo esperado,
algún ataque al independentismo, mucha sorna hacia vascos y catalanes,
un recordatorio a las anécdotas de la boda del príncipe
en el baño de caballeros, donde Revilla pillo en plena operación
al rey de Noruega y el último chascarrillo del rey, esta vez
con motivo del desfile de la Hispanidad, donde Revilla agasajo al monarca
con un “vengase donde le quieren, y no donde le chamuscan las
fotos”.
Con lo que nadie contábamos es con que D. Miguel Ángel
ejerciera de economista, navegando sin amarres entre las verdades incomodas,
el populismo televisivo y las simplezas ofensivas.
Tres perlas soltó esa noche quien, por su cargo de representación,
debería ser diligente en el trabajo y discreto en los discursos.
Vamos que alguien debería explicarle que hay una sutil diferencia
entre hablar a voces, ante cuatro parroquianos, loso domingos en el
bar de los bajos de los campos de Sport, y dictar es cátedra
en una televisión, ante varios millones de personas, que hasta
lo graban.
Revilla explico, en un afán, me temo, por exculpar al gobierno
central, que el drama del paro en España hay que relativizarlo,
reduciendo considerablemente las cifras oficiales, dado que, según
el presidente cántabro, sea como fuere la situación económica,
hay en España un millón y medio de personas activas que
nunca van a trabajar … porque no quieren. Con lo que ya esta claro
que el drama del paro no es un problema coyuntural, ni económico,
sino de vagancia. Ahondo la tesis con argumentos de peso, como que los
empresarios deben buscar mano de obra fuera de nuestras fronteras, o
que a estas llegan miles de inmigrantes para cubrir los puestos que
los nacionales desprecian. Solo le falto el adjetivo, los empresarios
buscan mano de obra barata, no solo de obra, si no barata.
Por si la cosa no había quedado clara, y ante la cara de póker
de Jordi González, el presentador, Revilla expuso que ese mal,
la tendencia de los españoles a hacer el vago, se ha incrementado
y o hará más en los próximos tiempos. La explicación
es sencilla. Una persona que se queda en el paro recibe un subsidio
y, claro, el tener dinero, y a la vez, tiempo libre, crea en el individuo
“actitudes nocivas”, literalmente así lo llamo. El
ex trabajador se acostumbra a comer de la sopa boba, a jugar la partida
todas las tardes, a dar paseos y a vivir como un maharajá, conclusión,
no trabaja más en la vida.
La cosa término con la etiología del problema. España
es un país que ha basado su crecimiento pasado en dos pilares
endebles, el turismo y la construcción, los cuales han creado
un espejismo de riqueza sobre el cual ningún poder público
había advertido ni intervenido a fin de racionalizar. ¿Y
desatado el problema que?. Pues aun peor, porque los sindicatos y las
empresas recurren a los EREs de forma abusiva, incrementando esa masa
de gentes que viven del pan y circo del estado, en lugar de seguir el
ejemplo alemán de repartir el trabajo, y con el los sueldos.
No se por donde empezar, ni como catalogar tamaño despropósito.
No es la primera vez que oigo a alguien de las clases pudientes, dirigentes
o influyentes del país acusar al pueblo de la situación
de crisis económica, de acusar a los trabajadores de ser los
responsables con sus actitudes egoístas de los males de la economía
nacional. Pero nunca se lo había oído decir de una manera
tan clara a un representante democráticamente elegido para defender
al pueblo. Solo una breve comparativa de los beneficios empresariales
y de los ingresos de trabajadores por cuenta ajena y autónomos
despejan cualquier duda sobre quien se queda con la renta de este país.
Mirar esos datos permitiría a cualquier persona con minima formación
evitar decir que los trabajadores deben repartir su sueldo con los parados,
porque en algunos casos, ya sin repartirlo, apenas da para pagar la
hipoteca a los bancos y los servicios a las empresas.
Que un representante político explique en público, en
un medio de masas, que España adolece de vagancia, no solo es
ofensivo con todas esas familias abandonadas a su suerte por el sistema,
que pueblan las colas del paro cada día, los barrios de chabolas
de las grandes ciudades, los comedores de caritas o los contenedores
de basura de los hipermercados. Es una muestra de que quien lo dice
posee una escasa formación, además de sensibilidad, lo
que le permite confundir paro, con economía sumergida. La única
salida para muchos en un mercado que basa su competividad en los salarios
y las largas jornadas, antes que en la innovación y la educación.
Cuando los empresarios emplean a trabajadores externos a los que pagan
en negro, cuando emplean a inmigrantes a los que no dan de alta, cuando
muchas cuentas bancarias son opacas, o cuando mucho dinero se mueve
en las alturas, sin ningún control fiscal, no es porque no hay
actividad económica, sino que esta es ilegal. Lo incomprensible,
en último término, es que un gobernante, que encima ha
tenido la gestión de obras públicas, denuncie que los
poderes públicos, o sea él, no intervinieron cuando debían,
o no advirtieron de lo que ocurría.
No podemos pretender que los responsables públicos no hablen,
ni expliquen la realidad de las cosas. Es bueno que se hable claro,
y se abandonen los eufemismos. Pero hay diferencias, entre analizar
las cosas y hacer pedagogía, como hace cada tarde en “asuntos
propios” de radio nacional el socialista Rodríguez Ibarra,
y decir irresponsablemente lo primero que a uno se le viene a la cabeza,
sin reflexionar.
Teniendo en cuenta que el pelotazo inmobiliario se fraguo en este país
en los tiempos del PP, justo aquellos, en los que él era socio
de gobierno en Cantabria, quizá callarse sería más
prudente.