nº 180 - noviembre 2006
   
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Cantabria


 

 

 

 

 

 

 

¿Castigamos a los enfermos por su enfermedad?

Elena Rivas

Los padres de Miguel, foto Diario Montañes

Hace algunas semanas se publicó un artículo en El Diario Montañés sobre el llamado “Caso Miguelín”. Para los que no sepan nada sobre este vecino de Cantabria les informo a continuación.
Miguel Ángel Carral Martínez, era un niño de 6 años que iba en bicicleta por la acera de una urbanización privada donde vivía con sus padres, cuando su vida cambió irremediablemente. Un conductor borracho se metió en la acera atropellándolo brutalmente y dejándolo en un estado de coma. Después de unos 2 meses, los médicos creyeron que quedaría en estado vegetal para siempre. Gracias al apoyo incondicional y los recursos aportados por sus padres el niño se recuperó, pero a la edad de 14 años aparecieron síntomas de trastornos de personalidad y alteraciones del comportamiento que reflejaban la lesión cerebral de Miguel.
Entonces empezaron los problemas. “Miguelín” debido a su falta de personalidad se dejaba arrastrar por cualquiera y cierto día un chico bastante avispado hizo una apuesta con él. Miguelín cogió el coche de un vecino que, “casualmente”, tenía problemas con los seguros. Y “casualmente” el coche tenía las llaves puestas. Ahora me pregunto ¿quién fue el responsable? Opino que una persona con un problema mental que se deja inducir por otra de malas intenciones, merece toda nuestra compasión. ¿Debería recibir castigo aquel que se aprovecha de un enfermo de este tipo? En mi modesta opinión sí. Al coger el coche Miguelín sufrió un segundo accidente que agravó su estado. El tratamiento que recibía hasta entonces se convirtió en insuficiente. Sus padres solicitaron una plaza en el Centro los Delfines, en Medina de Pomar (Burgos). El centro no quiere a Miguelín, pero si abonan cierta cantidad de dinero sí tendrá plaza. Sinceramente no debería permitirse que la gente se aproveche económicamente de esa forma de las enfermedades de las personas. Si alguien tiene tal enfermedad debería ayudársele y punto ofreciéndole todos los medios al alcance. Durante todo este proceso Miguelín va a la cárcel por unos robos menores cuyas víctimas no recuerdan con miedo sino más bien con pena tal es el estado del chico. Los jueces han reconocido a Miguelín como un enfermo mental no como un delincuente y ordenan su ingreso en el Centro los Delfines que le rechaza y como consecuencia Miguelín continúa en la cárcel, donde ha sido violado y humillado. ¿Qué clase de justicia es esta que mete en la cárcel a un enfermo en vez de procurarle ayuda?. En el siglo XXI puedes estar localizado en cualquier parte del globo y los ricos se meten en salas antigravedad para divertirse, pero una persona enferma tiene que estar en la cárcel hasta que una justicia ralentizada decida que hacer con él... Personalmente creo que se podría hacer bastante más por él. La gran mayoría de los presos se han solidarizado con Miguelín y han firmado un escrito para pedir que le saquen de la cárcel y le lleven a un lugar apropiado para tratar su enfermedad. Opinan que Miguelín no paga su deuda con la sociedad en la cárcel. Allí solo empeorará su estado y se ejercerán sobre el muchas malas influencias. Es totalmente inadmisible encerrar con delincuentes y posiblemente drogas a un chico que precisamente tiene problemas con ello debido a un trastorno de personalidad. ¿Por qué Miguelín no puede tener la ayuda que necesita? Sin duda en estos casos el gobierno debería prestarle la ayuda necesaria, en especial económicamente, para su traslado a un centro que pueda ayudarle. Creo que el bienestar y en especial la salud (tanto física como mental) de los ciudadanos, debería ser lo primero para todos y tal vez entre todos podamos hacer algo para ayudar a que finalmente Miguelín cuente con la ayuda que necesita. Pero la decisión final se encuentra en la justicia que se está tomando un tiempo precioso para por fin hacer algo con el joven. Para colmo, para lo único que han recibido noticias del ayuntamiento los padres de Miguelín es para mandarle a la cárcel a este una multa de 180 euros por beber en la calle. A un chico al que han atropellado y arruinado la vida, han utilizado, violado sus derechos y se han burlado, le castigan, tomándose todo el tiempo del mundo para sacarle de la cárcel. Sin embargo que rápida es nuestra justicia para hacer llegar multas a casa por beber en la calle o ir 5 kilómetros de velocidad por encima del límite establecido Mientras tanto Miguelín se encuentra en la sección de menores, con los reclusos de entre 18 y 21 años. En lactualidad, las autoridades, según relataban los medios de comunicación, siguen buscando una solución digna y eficaz al asunto.Tal vez para cuando se tome una decisión y se lleve a cabo sea demasiado tarde para Miguelín... En el futuro lo sabremos. Lo que nunca sabremos es que maldito destino trunca la vida de una persona de manera tan insultante e impune y que perversa justicia permite a un desalmado romper los sueños depositados por una familia entre los brazos y las miradas de su hijo.

 


 

     
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