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Marzas
Jose
Mediavilla
Estudiante de bachillerato, Torrelavega

Un grupo de marceros haciendo la ronda en el Asilo de
Torrelavega. Foto Mario Vara.
Cantabria
ha celebrado este fin de semana una de sus mas tradicionales fiestas,
entre la nostalgia, la defensa de las raíces y el olvido de una
parte de la población. Impulsada por las autoridades, grupos
marceros han hecho las rondas en la tarde noche del viernes, por instituciones
(como el parlamento regional) asilos, y centros culturales.
Es la bienvenida adelantada a la primavera, una costumbre agrícola,
propia de otros tiempos, pero que reafirma en estos nuestro compromiso
con la naturaleza.
El nombre de marzas proviene del latín Kalendae Martiae, y es
una tradición probablemente pre romana.
Consiste en una serie de cantos realizados por rondas de hombres que
se celebran en el último día de Febrero o primero de Marzo),
aunque también se dan en algunas zonas en la noche de Nochebuena,
Año Nuevo o Reyes, esto es, en días significativos de
los calendarios solares, agrícolas o religiosos.
Los grupos que tradicionalmente cantaban estas rondas estaban formados
por varones solteros que se organizaban en cuadrillas o comparsas llamadas
marzantes o marceras. Solían recorrer al anochecer una por una
todas las casas de los vecinos pidiendo el aguinaldo a cambio de los
cantos que entonaban (vamos como Halloween pero en castizo).
Avisaban al pueblo de su ronda, para que nadie se fuera a la cama sin
oírles. Al llegar a una casa, cuando el dueño abría
la puerta, se preguntaba: "¿cantamos, rezamos o nos vamos?"
por si en la casa había un enfermo grave o luto reciente. A cambio
de sus cantos, los marzantes recibían el dao o limosna, donativo
en especie o en metálico que la familia de la casa daba a los
mozos. Si los dueños habían sido generosos, se les daba
el "buen dao" a base de vivas al vecino donante. Sin embargo,
los más tacaños recibían las marzas "rutonas",
dándoles una cencerrada con los campanos que llevaban.
En la actualidad, aunque gran parte de esta fiesta se ha perdido, todavía
quedan jóvenes que salen a cantar las marzas en pueblos como
Torrelavega, Polanco, Piélagos, valle de Soba y otras localidades
cántabras, incluso en la capital. En Reinosa se celebra desde
hace más de treinta años el único concurso de marzas
de nuestra región.
Una de las grandes concentraciones de mozos suele darse en la capital,
donde el parlamento autónomo y el ayuntamiento apoyan decididamente
esta celebración.
La celebración, en parte perdida, también tenia un sentido
solidario, pues los mozos solían ayudar a los más ancianos
o a las viudas en trabajos como las labores en los prados, la recuperación
de las reses de ganado extraviadas o la reposición de las tejas
en las viviendas de los mayores.
La consejeria de cultura, en la actualidad se esfuerza en recuperar
esta tradición a través de tres instrumentos. La tradición
oral, la literaria con los textos de autores cántabros, y la
geográfica, con el foco principal del valle del Besaya.
Incluso el gobierno autónomo ha intentado sacar la tradición
fuera de Cantabria, en sus casas regionales o en actos como el que ha
tenido lugar en Getafe. En Torrelavega, la ronda concluyo, como es tradición
con un jugoso ágape servido en la fuente de cuatro caños
por el dueño del Bar Cabrero.
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