Ángela
Sánchez, Francisco Sánchez, Juan Lázaro estudiantes de bachillerato, Torrelavega
(Cantabria)
Todos
sabemos que, desde hace tiempo, se instalan en la calle máquinas
expendedoras que ocupan suelo público (a veces convirtiéndose
en una barrera arquitectónica que impide el libre transito).
Pero lo que muchos no saben es que algunos de los productos se venden
en una dudosa legalidad.
La verdad es que nos hemos acostumbrado tanto a ver nuestras calles
tan repletas de guetos de tabaco, veladores de cafetería y barras
de pinchos en las fiestas, y todo ello para ayudar a nuestra maltrecha
economía, que no solemos reparar en todo ese amplio catalogo
de negocios en vía pública que nos rodean
En el caso de una ciudad como Torrelavega, podemos hablar de dos casos;
el primero de ellos, corresponde a una máquina expendedora de
bebidas alcohólicas y papel de liar, situada junto a un kiosco
del pueblo de Tanos, en las afueras de la ciudad. El otro caso, corresponde
a una céntrica calle de Torrelavega, donde la máquina,
situada en plena calle peatonal, ofrece una amplia gama de productos
destinados al disfrute sexual, como consoladores, lubricantes, lencería
erótica y demás placeres mundanos, justo a veinte metros
del parque infantil “Torreaventura”, y a 10 de una concurrida
terraza, donde los niños retozan alegremente, ante la desatenta
mirada de sus progenitores, ensimismados en los placeres habituales
de un adulto (un cafetito y su cigarrillo).
La pregunta es obvia. ¿Cómo es, que estando prohibida
la adquisición de bebidas alcohólicas y ciertos productos
eróticos a menores de edad, estos se puedan adquirir en plena
calle, y por cualquier persona, sin discriminar edad?. De hecho, cuando
dos redactores de enredados pretendieron acceder al comercio, propietario
de la maquina expendedora de utensilios de disfrute, su responsable
nos invito a no traspasar el umbral del comercio, dado nuestro carácter
de menores, a la vez que, en su presencia, ojeábamos la maquina
y su contenido y echábamos unas moneditas (por motivos estrictamente
periodísticos).
Lo cierto es que en esta cuestión existe un importante vacío
legal. Como nos explicaba el abogado torrelaveguense Leopoldo Pérez
del Olmo, la ley prohíbe la adquisición de ciertos productos
a menores de edad (por ejemplo alcohol), pero la legislación
reguladora de los productos que pueden ser vendidos en las máquinas
expendedoras, únicamente restringe productos de carácter
alimentario y de tabaco, no aclarando las condiciones de lo que aclaramos.
Es más, la mayoría de las normativas sobre usos de la
vía pública son municipales. Ordenanzas que determinan
el uso de las vías y plazas para vados, carga y descarga, paradas
de servicios públicos u ocupación (andamios, por ejemplo),
pero en muchos municipios, tampoco existe regulación de estas
maquinas. Ello genera un fraude de ley, al permitirse la adquisición
de ciertos productos, mediante estas maquinas, en el quicio de un local,
cuando un metro más allá, en el comercio del dueño
de la maquina, no esta permitido.
Un aspecto destacado es el de la salud. Para el sexólogo Carlos
San Martín, está bien este tipo de prácticas si
están acompañadas de un progreso en el tema de la sexualidad,
que a día de hoy sigue siendo tema tabú entre muchos padres
e hijos. Puestos así, la curiosidad de un niño ante una
de estas maquinitas puede despertar una reacción de cabreo parental
que afecte a la visión que el niño adopta sobre la sexualidad,
de igual manera que convertir a sus ojos, esa sexualidad, en un elemento
mercantil, tampoco es muy formativo. “Puede que favorezca el acceso
a consumidores a los que entrar en una tienda y pedir, según
que productos les resulta violento, pero es que el punto de venta de
preservativos son las farmacias y no los parques infantiles”.
De igual forma que a la lucha contra el consumo abusivo de alcohol,
la venta libre de bebidas en maquinas de libre acceso, 24 horas, no
la ayuda mucho.
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