198, marzo 2007
   
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La opinion


 

 

 

 

 

 

 

Agua, solo agua

Luis Cidon

Todo empezó a ir mal la madrugada del sábado 3 de marzo. Me levanté a las 3 de la mañana para preparar un biberón para el pequeño de la familia y, ¡sorpresa!, al ir a lavarlo me di cuenta que no había agua. “Nada, me dije, estarán arreglando alguna tubería por la zona de mi casa y, por no molestar, han cortado el agua por la noche”.
Mi preocupación aumentó cuando a las 9 de la mañana, me dispuse a darme una ducha.
“¡Coño, parece que todavía no hay agua!”. No se por qué, pero un gusanillo empezó a recorrerme el estómago. Algo no iba bien. Si habían cortado el agua por la noche para no molestar, ¿Por qué no lo habían dado ya?
Llamé por teléfono a un familiar que vive en la zona centro de Torrelavega para preguntar si tenían agua. No, fue su respuesta, añadiendo además que veía por la ventana a la gente en la calle acarreando garrafas de agua de los supermercados.
La cosa se complicaba. Me adecenté como pude y cogí el coche para ir al Carrefour.
Allí, la situación también era curiosa. La gente corría por los pasillos en busca del lineal donde se acumulan las garrafas de agua y las cargaban de 5 en 5, de 10 en 10 en los carros. Cuando me acerqué a la caja a pagar (tengo que aclarar que yo también cargué agua en mi carro de la compra), mayoritariamente se veía agua, agua y más agua. Pocas veces en el supermercado se habrá hecho tan poco dinero con tanto volumen en los carros.
Ahora que ya tenía agua para beber y para asearme, me dispuse a hacer la vida normal de los sábados. Llegué a la cafetería donde desayuno habitualmente, cogí el periódico y enseguida se acercó el camarero con mi tostada pero sin café. Claro, la cafetera no tenía agua y no funcionaba. “Bueno, dije malhumorado; tráeme un zumo de naranja”. Después de una larga lectura del Marca, el siguiente paso era el de pasar por el urinario. Hacia allá me dirigí pero al llegar a la puerta, un cartel me indicaba que estaba cerrado por falta de agua en las cisternas. Pues nada, corriendo a casa para saciar la incontinencia.
Por supuesto, en casa tuve que echar agua de la garrafa para dejar el baño en plena disposición de uso, asi que me imagino que en casas con familias numerosas, un hecho tan cotidiano como ir al baño ha tenido que ser una odisea.
Pero no se acabó aquí mi odisea del fin se semana sin agua. A la hora de la comida, y pensando en que luego no iba a poder fregar con garantías de una perfecta higiene, nos planteamos que la mejor opción era la de comer fuera, así que encima de no tener agua, me iba a costar dinero. ¡Maldita sea mi suerte!.
Una vez en casa después de comer, el siguiente paso habitual del fin de semana era el de poner un par de lavadoras, pero claro, tampoco había agua para la lavadora. Menuda semana me espera.
Y por la tarde más de lo mismo. Llegar a casa lo más tarde posible para no usar mi baño (pero si el de los demás) y cena basura para no tener que fregar.
Por la mañana me harté de valor y decidí “ducharme” nada más levantarme. Cogí una de las botellas de agua de dos litros y….¡ahhhhhhh, qué fría estaba!. Todavía me acuerdo de los gritos que pegué y seguro que mis vecinos también. Todo sea por la higiene y el decoro.
A media mañana empezó a llegar el agua a casa. Se abría un claro en la oscuridad reinante durante 36 horas. Eso si, la ducha que me di, como homenaje, al mediodía no entendió de economizar agua. Ahora intento ponerme al día en lo referente a la lavadora pero esa es otra historia que os contaré otro día.
Y todo este lío por agua, sólo agua.


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