Una
rara sensación de soledad
carta de un estudiante torrelaveguense, hijo de un trabajador de Bridgestone
Ruben
Fernandez estudiante de secundaria, Torrelavega
(Cantabria)
Me
llamo Rubén, tengo catorce años, y mi padre se va a ir
al paro. Por eso él, y muchas personas más de Torrelavega,
se manifestaron el sábado en la Plaza Mayor. En los próximos
días y semanas, los periódicos seguirán hablando
del tema, habrá alguna manifestación más, y los
políticos hablaran del tema y dirán lo preocupados que
están. Pero yo se que mi padre se va a ir al paro, y tiene cincuenta
y uno. Estas cosas son así. Te desahogas, haces ruido, te sientes
arropado, y luego al paro. Bueno, arropado es un decir.
Mi hermana mayor trabaja en una peluquería de Torrelavega, de
ayudante. No debe ser mucho, pero cuando echen a mi padre de Bridgestone
será el único sueldo que tengamos. El viernes, en su peluquería
hubo lío. Los piquetes informativos habían repartido papeles
por la ciudad pidiendo al comercio que se uniera a la protesta, cerrando
los comercios a partir de las 12 de la mañana. En la peluquería
de mi hermana, la encargada, dice ella, se paso el día intentando
hacer entrar en razón a la dueña de que debían
cerrar. “Eso no va conmigo”, la dijo a la encargada. Como
si sus clientas fueran extraterrestres o vinieran en Madrid, cuando
son las mujeres e hijas de los obreros, o las mujeres e hijas de las
tiendas donde compran los obreros, o las mujeres e hijas de las empresas
que atienden a las tiendas donde compran las mujeres e hijas de los
obreros. Tampoco iba, nos contaba, con algunas clientas, que resumían
el problema de una manera muy simple, “si no hay trabajo, pues
no hay, y ya esta”. Si, ya esta, ahí se acaba todo, que
cada uno se solucione el problema.
Esta mañana me he decidido a escribir a eolapaz, porque así
podré enseñar estas palabras a mi ciudad, y me leerá
alguien. Igual alguien así se da cuenta que el sábado
no salimos a la calle unas familias y sus amigos por un problema nuestro,
solo nuestro. Si las fabricas cierran, el problema nos va a manchar
a todos. Mucho dinero dejará de entrar en la ciudad, y sus tiendas,
y sus empresas, caerán con nosotros. Pero esta ciudad, tan obrera
como es, a veces saca una vena burguesa incomprensible, y mientras muchos
se dejan la piel por sacarla adelante, otros te miran por encima del
hombre, y con una media sonrisa te dicen, “la vida es así,
has tenido mala suerte, te aguantas”.
No me intranquiliza que mi padre se quede en paro. Se que lo vamos a
pasar mal, pero se que mi padre no dejará que nos pase nada.
Lo que me intranquiliza es saber que estamos solos. Muchas empresas
de la región atraviesan graves dificultades, que van a arrastrar
a sus ciudades. Pero no vi a nadie del ayuntamiento de Camargo, de Reinosa
o de Puente. No vi a nadie del gobierno regional, que ya se que la Noria
es más agradable, no vi a muchos de mis vecinos. Vi a unos concejales
muy amables y sonrientes, cuando creo que mi padre y sus compañeros
no necesitan solo su presencia, que agradezco, sino polígonos
industriales, anticiparse a los problemas, en lo que sea tema de su
competencia, y administrar el dinero de todos, que ahora nos va a hacer
falta todo y faltará.
También me sobrecoge en estas situaciones, en las que resulta
tan evidente el grave problema que tenemos, que ante una movilización,
no estén todos los obreros. La falta de unidad y de compañerismo
me resulta incomprensible. Faltaron el sábado obreros, de los
normales, como mi padre, y obreros de los de traje, que también
son obreros, y también van a por un sueldo, y también
les echaran cuando ya no valgan.
Mi padre ha trabajado siempre en Bridgestone, incluso cuando no se llamaba
así. Siempre ha hecho lo que le han mandado, hasta más
tiempo que el que debía. Siempre se ha dedicado a su trabajo,
incluso cuando yo necesitaba su tiempo. Ahora la fabrica es mala, su
trabajo esta mal hecho y su labor y la de sus compañeros, no
vale nada, y como si fuera una bombilla usada se va a la basura. Pero
de los le mandaron, debieron controlar, supervisar o dirigir, no se
sabe nada. Nadie pide responsabilidades para directivos, propietarios,
representantes y gobernantes que han permitido, dicen, el deterioro
de una fabrica, hasta su muerte, hasta dejarla a la altura del barro,
y cuya imagen ya es, para todo el mercado, el de una fabrica que hace
malas ruedas, porque tiene malos trabajadores
Hoy he leído en el diario que la mitad de los parados de Cantabria
son mis vecinos, y que cada día, el eco comedor de la coordinadora
del paro da de comer a cientos de personas que ya no tienen casi nada.
Me gustaría dar las gracias a todos los que nos apoyáis,
ponéis carteles en vuestras casas o comercios, acudís
a las movilizaciones y nos hacéis sentir menos solos. A los demás,
solo os deseo que nunca paséis por esta situación.