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El
precio de la traición
Pablo
Arce, Eusebio Balbás

Imagen exterior de la cooperativa y su
sección de crédito.
Hace 80 años, Monte, un pequeña
localidad de la Bahía de Santander, comenzó una aventura
empresarial comunitaria, que hoy vive sus días mas críticos.
La cooperativa ganadera asentada en el pueblo, desarrolló entonces
una extensión de crédito con el objetivo de canalizar
la rentabilidad del patrimonio de sus asociados hacia el beneficio común
y la obtención de servicios financieros en mejores condiciones.
Un sencillo local, de fácil acceso, una ventanilla, algunos archivadores
y una maquina de escribir parecen poco bagaje, frente a los logotipos,
la informatización y el merchandising de las grandes corporaciones
de nuestros días. Lo que algunos han tachado de la prehistoria
crediticia, era una experiencia financiera asentada en la confianza,
la lealtad y la cogestión de los impositores y socios, de los
vecinos, en muchos casos unidos por lazos de amistad y familia. Durante
años, los miembros de esta comunidad han domiciliado nominas
y pensiones en su cooperativa. Han empleado la sección de crédito
como destino de sus fondos en forma de cuentas de plazo u otros medios
de inversión y han obtenido créditos en condiciones muy
favorables para sus explotaciones ganaderas.
La entidad se convirtió así en la base de las operaciones
de sus socios (hasta el punto de que otras entidades no consiguieron
controlar el mercado minorista de la población) y en la fuente
de financiación de bienes y servicios comunes (almacenamiento
o distribución de productos agropecuarios por ejemplo).
La peculiaridad de este tipo de entidades, su nacimiento en épocas
convulsas de principios de siglo y su escasa importancia territorial
les sumió en una cierta confusión legal, que quedo subsanada
con la ley cooperativas 27/1999 de 16 de junio, que establecía
un marco regulatorio y de control de las cooperativas agrarias y sus
secciones.
La cooperativa de Monte se estructuraba en torno a una junta rectora
formada por socios elegidos por la asamblea general. Se renovaba en
u 50% cada 2 años, siendo su mandato cuatrienal. Los vocales
de la junta elegían al presidente y vicepresidente, y bajo ellos
se encontraba la figura del gerente, único cargo remunerado y
de carácter técnico. En los últimos 22 años
José Ramón Gómez, desde 1985, además consejero
delegado de la entidad. La cooperativa comenzó a revisar sus
estatutos y actualizar su estructura, bajo la supervisión del
gerente, que poseía la preparación económica necesaria
para asesorar a la junta. En palabras de varios miembros a los que ha
tenido acceso este periódico, como el actual vicepresidente,
D. Carlos Borragan, D. José Ramón Gómez, presento
a la junta en este periodo (como en los anteriores) estados de cuentas
que representaban una situación contable y patrimonial optima,
a la vez que oculto a la Junta los mecanismos de control, y auditoria
previstos por la ley. En 2005, una renovación de parte de la
junta motivada por el fallecimiento de su anterior presidente condujo
a los nuevos rectores a impulsar nuevos proyectos tales como un nuevo
almacén de granos o, sobre todo, la construcción de un
geriátrico. Pese a que los informes revelaban una situación
que permitía afrontar estos proyectos, la nueva junta decidió
iniciar un auditoria, a fin de determinar si los fondos que revelaban
la contabilidad eran suficientes, o si era necesario complementarlos
con financiación externa. La auditoria fue concluyente. La entidad
no solo no disponía de patrimonio ni de liquidez, sino que habían
desaparecido casi 21 millones de euros. La misma auditoria determino
claramente que parte del patrimonio perdido correspondía a los
miembros de la junta de gobierno, que no habían realizado ningún
tipo de operación irregular detectable, mientras que las irregularidades
contables realizadas por el gerente eran manifiestas.
La cooperativa tiene depositados sus fondos en una gran entidad bancaria
que ofrecía una rentabilidad por ellos y ciertos servicios a
los socios a cambio. Presuntamente, el gerente José Ramón
Gómez extrajo parte de esos fondos por caja, satisfaciendo con
ellos los pagos de determinadas empresas, algunas ni siquiera pertenecientes
a la cooperativa, y que no tenían en ella fondos suficientes
para satisfacer esos pagos. Junto a ello se concedían créditos
irregulares, incluso a no socios o a personas ajenas al municipio. En
suma mas de 15 millones en créditos no devueltos por empresas,
descubiertos en cuentas personales aun no totalmente cualificados y
de cierta antigüedad, mas de dos millones de euros en letras sin
fecha de libranza lo que elimina su valor legal y hace casi imposible
su cobro, y miles de euros en intereses de morosidad perdidos. La inexactitud
del sistema de mantenimiento de cuentas hace difícil evaluar
aun la cuantía de lo perdido, de lo cedido y de lo prestado,
dado el primitivo sistema de contabilidad que presuntamente llevaba
el gerente. Conocida la noticia, un movimiento inicial de parte de los
vecinos enterados antes de hacerse publico el suceso, para retirar sus
fondos, ha llevado al cierre momentáneo de la sección
de crédito y a la paralización de pagos e ingresos.

Un grupo de afectados accediendo a la
iglesia de la localidad, en la reunion de afectados del dia 21
Varias querellas contra el gerente y contra las empresas
morosas o beneficiarias de los pagos en descubierto dibujan el panorama
actual de la entidad.
Fracasado el intento que la caja Rural de Burgos adquiriera los activos
y pasivos de la entidad de crédito, desde finales de marzo un
numeroso grupo de asociados se han constituido en coordinadora de afectados,
que dirigida por Agustín Arríola, ha llevado a cabo la
contratación de un equipo de abogados (el bufete de Pérez
de la Lastra, Pellon y Mouro) que dado los primeros pasos legales para
la solución del problema. Así se ha iniciado la identificación
de los afectados, la contabilización de sus saldos y documentos
acreditativos y el otorgamiento de poderes notariales para poder hacer
frente a su representación legal. En la actualidad, la cooperativa
se encuentra intervenida por el juzgado numero 10 de Santander, que
ha determinado el establecimiento de una defensa judicial y una administración
que ha quedado en manos de Manuel de la Fuente, Antonio Relea y un representante
de la agencia tributaria. Por su parte las autoridades han ofrecido
apoyo mediante las gestiones pertinentes, la entrega de un local desde
donde actuar y la prestación de diversos servicios sociales..
A dia de hoy, todo parece acercase a una trama organizada, dado el volumen
de impagos, su extensión en el tiempo y la falta de patrimonio
embargable a nombre de los afectados, lo que conduce a una situación
irremediable de quiebra, salvo que otra entidad se haga cargo de la
cooperativa que, si Dios no lo remedia, vive sus horas finales. Entre
las empresas embargadas se encuentran Varias empresas de Valentin Falagan
(Meatlicas Rivadedeva, Construcciones Rivadedeva y Metalicas Santander),
Revestimientos Pielagos y Evangelina Barbero, Manuel Alba y Metalicas
Hermanmos del Corral.
Cabe preguntarse ahora, como hacen algunos vecinos, ¿que ha impulsado
a una persona del pueblo, muy enraizada en él, a llevar a sus
vecinos a la ruina?. ¿Por qué el gobierno de Cantabria
no ha desarrollado una legislación autonómica que permite
un mayor control y asesoramiento de estas entidades?. ¿Es cierto
que el carácter de cooperativa agraria exime al banco de España
de sus responsabilidades de control y de intervención , además
de utilizar el fondo de garantía?. ¿Será este el
final de la cooperativa?. ¿Y de la convivencia y el buen nombre
de algunos de los afectados?.
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