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Sexo,
mentiras y política
E.
Balbás Fernandez, Aintze Zaratagabaster Weyden

Foto: el País.es. Apertura de un colegio electoral
en Madrid, el 27M
Drudu no
vota. Es uno más de los casi 937.000 adultos que viven en España
en situación irregular según varias ONG, y que tienen
por ello mermados el ejercicio de muchos de sus derechos, por ejemplo
el de sufragio. Un tema de planteamiento sencillo, pero de resolución
compleja, entre otras cosas porque parece un asunto menor en el debate
político, algo no prioritario, como tampoco lo son los servicios
sociales, la educación o las infraestructuras. En primer lugar
porque de esas personas, y de parte de esos temas, se encargan la iglesia
y las organizaciones no gubernamentales. En segundo porque para la clase
política hay otras prioridades.
Es de sobra conocido el escándalo desatado por las preguntas
de Miguel Sebastián a Ruiz Gallardon en un debate televisivo.
Lo que posiblemente no sea tan conocido es el trasfondo y las intencionalidades
de la maniobra. Nadie debería extrañarse de que un candidato
a la alcaldía de una ciudad tan importante, solicitara de su
contrincante, y alcalde en funciones, información sobre las razones
que han llevado al ayuntamiento a desdecirse en sus decisiones, y las
de la Comunidad de Madrid sobre el permiso de rehabilitación
de los palacios de Villagonzalo y Tepa, edificios protegidos de la capital,
y del intento de hacer lo propio con el frontón Beti-Jai, una
de las joyas del arquitecto vasco Joaquín Rucoba, creador del
Teatro Arriaga de Bilbao. Aunque en este último caso la fortuna
no sonrió a Corulla, lo cierto es que la sociedad Condeor S.L.,
tras la que se esconde, supuestamente, un holding de empresarios vascos,
que buscan el anonimato por seguridad, y de la que Corulla era administradora
única, obtuvo licencias y permisos en varios edificios singulares
de Madrid, contraviniendo las decisiones de las comisiones de patrimonio,
o aligerando los trámites habituales en estos casos. Más
aun, nadie ha aclarado todavía por que el Ayuntamiento, a través
de la gerente de urbanismo Beatriz Lobón, decidió el 14
de julio de 2004, y por escrito, expropiar el Beti-Jai, para cambiar
de opinión el 13 de febrero de este año, cuando Pilar
Martínez, concejala de urbanismo anunció que se iba a
solucionar el tema mediante un convenio amistoso con los dueños.
Dueños que de pronto cambiaron, con la entrada en juego de la
sociedad Aguirene, una sociedad vasca que se hacia depositaria de las
acciones y derechos de Desarrollo Beti-Jai S.L. y Nuevo Beti-Jai, dos
sociedades instrumentales, al igual que Aguirene. Y tampoco nadie se
preguntó en todo este baile de empresas, quien era Proinsa, la
dueña real de Aguirene, con sede en la Plaza de Muragame 4 de
Donosti, y cuya representante legal en Madrid es Montserrat Corulla,
visitante habitual de la gerencia de urbanismo madrileña, cuyas
puertas se abrían sin dificultad al grito de “soy amiga
de Alberto”.
Con
todo, la pregunta de Sebastián no parece ociosa o malévola.
Pero lo era. Era intrincadamente perversa. Hasta el punto, de que su
partido, lejos de apoyarle se ha desmarcado de él. Hasta el punto
de que el diario ABC le ha desautorizado en público, retirando
su blog de campaña de sus páginas. Hasta el punto de que
el diario El País ha mostrado una inusual, aséptica y
distante política informativa sobre el tema, evitando hacer sangre
de un tema, aparentemente, muy rentable. Ni siquiera los enemigos de
Gallardón se impulsaron en el hecho constatable de que su nombre
aparece en el sumario “malaya”, en forma de conversaciones
telefónicas grabadas, aunque parte de ellas hayan sido retiradas
del caso, por pertenecer a temas privados y personales del alcalde con
Corulla, ajenos por tanto, al caso.
La explicación de estos comportamientos es compleja, y no del
todo aclarada. Pero cuando menos curiosa e inquietante. Tanto como el
hecho de que el PSOE no había hecho en los últimos dos
años grandes esfuerzos por aclarar este tema inmobiliario, ni
en la asamblea, ni en el ayuntamiento. Y ahora tampoco.
Tan inquietante como la leyenda urbana que afirma que el 30 de octubre
del año 2005, Alberto Ruiz Gallardon, Montserrat Corulla y otra
dama (M.J.S), cenaban “amigablemente”, en el Harry´s
Bar de Venecia. En esa cena, un avispado paparazzi obtuvo fotos muy
comprometedoras, que nunca vieron la luz (de hecho hasta ahora el gran
público y los periodistas desconocían el aspecto de Corulla).
La leyenda vincula la desaparición de ese material y de esa noticia
a un esforzado movimiento de PRISA para proteger al alcalde. ¿Por
qué?. Según el inefable Federico Jiménez Losantos
porque "Gallardon es la quinta columna de la izquierda expañola
en la derecha española". Por ello cuando Sebastián
realizó su “inocente” y procedente pregunta, una
sacudida tenebrosa chocó contra los pilares de la clase dirigente
de Madrid, amenazada por un freelance que, aparte de desconocer las
reglas del juego, va por libre, se salta todo sentido de equipo, se
pasa por el arco de triunfo a todo su partido y carece de toda elegancia,
por más que sustituida de una chulería y creencia de superioridad
que resulta insoportable. Su soledad ha sido tan palmaria, que ni lo
que queda de IU, tanto en el sector Sabanés, como en el oficial,
se han alzado voces de pregunta sobre el tema inmobiliario. Pero es
que ese aspecto del problema no importa.
Antes de que Sebastián concluyera su famosa pregunta la primera
vez, todos, incluido Gallardón, habían ya detectado su
pérfida y rastrera intención. Nadie entendió que
se preguntaba de urbanismo, sino que el candidato opositor escarbaba
en el aparentemente solidó matrimonio del alcalde con una de
las figuras más representativas de la élite capitalina.
Pero destapar las vergüenzas de uno puede abrir la compuerta de
un río de miserias, en el que los demás no quieren bañarse.
Y además Sebastián ha cometido muchos errores, y su candidatura
por eso solo ha sido un pasaporte intencionado a la nada. Su fama de
déspota, despreciador y ególatra le cerró el paso
al ministerio de economía. Pero eso no le arredro. Su asesoria
presidencial ha convertido a La Moncloa en el centro real de decisiones
económicas (ENDESA por ejemplo) inauditas, perniciosas para el
país, defensoras de intereses privados y base permanente de submarinos
contra el poder de Solbes. Esa actitud prepotente ha querido ser trasladada
a las elecciones, donde el candidato ha trabajado con su equipo, y al
margen del partido, que ha esperado pacientemente a que Sebastián
se metiera solo en la ratonera y se ganara el solito el precipicio.
El tiempo dirá quien gana en esta batalla.
Pero la historia, o quizás la leyenda, que acabáis de
leer solo es un ejemplo. Un detalle. En pocos países del mundo,
democráticos me refiero, la clase política actúa
de manera tan impune, tan soberbia y tan falsaria. Ya no vamos a hablar
del robo sistemático que un grupo hace, a la luz del día,
hurtando a la sociedad su suelo, sus bosques o sus costas. Los periódicos
sacan cada día decenas de casos de corrupción urbanística.
Pero no pasa nada. Conocido es el manejo que hay de subvenciones, campañas
publicitarias, inauguraciones y reinauguraciones y proyectos absurdos.
Y lo triste no es el delito, sino su impunidad. Y lo triste no es la
actitud de “yo soy el rey y hago lo que me place”, sino
el ejemplo que eso muestra al resto de la sociedad. Un breve y mísero
detalle. Dos redactores de eolapaz.com, entrevistan a los candidatos
a la alcaldía de Torrelavega (Cantabria), en las mismas condiciones,
con las mismas peguntas, y para mostrar una información objetiva
sobre programas. El último día de campaña, sin
posibilidad de replica ni rectificación, uno de los partidos
en liza, cuyo candidato ha sido entrevistado, buzonea un pasquín,
con formato periódico, que reproduce íntegramente la entrevista
que su candidato concedió a eolapaz.com, sin pedir autorización,
sin citar la fuente, ni las circunstancias de igualdad en que se hizo,
exponiendo que la entrevista ha sido hecha por alumnos de un colegio,
y dando a entender el partidismo de ese colegio. Que no es así.
Soberbio, menos elegancia es imposible. Es solo una anécdota,
no se debe esbozar con el incidente más que una sonrisa. Pero
un hilo común une ambos episodios de campaña. Una clase
política extraplanetaria, sumida en su mundo, que mira al pueblo,
solo porque necesita su voto, para justificar el pesebre del que se
alimenta, y que ha creado un mundo paralelo de sórdidos intereses,
dependencias y lealtades personales, por encima de las que debe a la
sociedad a la que sirve.
Quizás, como decía un lector esta semana, la educación
para la ciudadanía debería estar pensada para los adultos,
no para los jóvenes, y dentro de aquellos, para los políticos,
así tendríamos la posibilidad de que aprendieran que esta
mal comprar votos en Melilla, no impedir que la gente no pueda ser libre
en el País Vasco, sacar dinero del Ayuntamiento en Fuenlabrada
o robar la propiedad intelectual en Cantabria.
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