No
olvidemos
a las victimas de cualquier violencia o sinrazón
Eusebio
Balbás Fernandez Profsor de historia, Torrelavega (Cantabria)
La
vida es un instante breve, una nube delicada que nuestro corazón
evita que caiga al suelo, y que nuestro ánimo soporta en un precario
equilibrio. Hasta que un soplo de viento, un vendaval de ira sacude
el aire y lo derriba. A veces el aire es una perturbación que
ni nuestra mente es capaz de anticipar. A veces es la mente humana,
la desazón del alma de quien no la tiene la que mueve el aire,
sacude nuestros cuerpos y derriba nuestras vidas. Hace tres años,
un vendaval de odio, un viento cargado de sin razón ahogó
las vidas de nuestros compatriotas, casi enmudece nuestra voz y nos
recordó lo cercana que la muerte se pasea entre nosotros, hace
ya tanto tiempo. El odio nos mira a veces con un color de pelo, a veces
con otro de ojos, algunas con un caminar vacilante, pero siempre vociferante,
siempre ciego, siempre asesino.
Creemos que el destino nos coloca en una calle, en un semáforo,
junto a un coche lapa, encima de un tren, o junto a un teléfono
por azar. Pero no, es la cosecha de sembradores de muerte que pululan
entre nosotros, que crecen entre nosotros, que, a veces sin querer,
a veces con un atisbo de inconsciencia, alimentamos en nuestro derredor,
pero que siempre nace de un recóndito rincón de nuestras
pesadillas.
Los que, como aqui, en un colegio, o en un medio de comunicación
vivimos, tenemos mucho en común. Somos una parte de la conciencia
de nuestra sociedad, una parte del motor que mantiene en equilibrio
toda la vida que compone nuestra comunidad. Creamos ciencia, mantenemos
el arte y adoramos el espíritu humano, somos una barrera contra
el odio, que lo detiene, lo amansa, lo estrangula y lo subyuga, y esa
es parte de nuestra suprema misión . Las paredes que nos acogen
,los campos que nos rodean pueden, Dios no lo quiera, ser algún
día escenario de actos contrarios a la esencia humana, pero cada
día deben ser el semillero de donde nazca una sociedad renovada
que impida otro 11 de marzo como el que en este momento asalta de lagrimas
a nuestra memoria, como primero lo pudieron ser un 2 de agosto, un 3
de septiembre, un 4 de abril, o cualquier día en el que lo infrahumano
tomo cuerpo entre nosotros.
No alimentemos rencor, no vivamos para la venganza, cerremos en nuestro
corazón cualquier rincón donde anide la larva del menoscabo
a lo distinto, a lo diferente a lo no coincidente con nuestros intereses.
Pero no olvidemos nunca a los que murieron por querer ser libres, por
querer caminar, por ir a su trabajo, por acompañar la vida de
su hijos, por amar, por leer, por pensar, por sentir. No cerremos nunca
nuestra alma al recuerdo de quienes murieron un 11 de marzo, y tantos
otros días antes. No olvidemos a sus familias, a sus amigos,
a sus huérfanos, a sus viudas, a quienes quedan solos. No olvidemos,
sin rencor, mirando a la vida de cara, pero no olvidemos.
¿Y
tu que opinas?
Opina
y reflexiona, pero ser respetuoso. Esta web permite los
comentarios sin ser usuario registrado, pero te sugerimos
que te identifiques, como una forma de crear comunidad y
compartir ideas.