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Vascos
Aintze
Zaratagabaster

El
domingo fue un día especial. El mas grande del año, tal
como nos han enseñado nuestros padres desde que éramos
chicos. Es domingo de Resurrección. He acabado mis vacaciones
antes de tiempo para volver a casa, a mi Donosti del alma. Hemos ido
pronto a misa a Santa Maria del Koro, para luego marchar a Bilbao a
la celebración del Aberri Eguna del 75 aniversario, en la Plaza
Nueva. Y aun hemos tenido tiempo de regresar para poder ir de txiquitos
por la Cepa y el Urola y acabar comiendo todos en casa de Juan Mari.
Todos juntos, y en paz.
Ha sido un día de símbolos un día grande para nosotros
los católicos. Para nosotros los nacionalistas. Para nosotros,
los que vivimos en España con gusto.
El año pasado, los bestias de siempre pretendían intimidarnos
a los que acudíamos a misa aquella mañana. Solo lo intentaron.
Estamos ya muy curtidos para tonterías así. Este año
la calle estaba limpia. Había más gente, sus rostros eran
más luminosos. Nunca he oído cantar a la gente tan alto,
proclamar el nombre de Dios con tanta convicción, ni pedir al
cura que nos diéramos la paz de manera mas convencida. “Sopla
la paz”, dijo en su homilía, “que no se detenga el
viento, que no sea por nuestra culpa”. Yo creo que esta vez es
difícil que se detenga. Tenemos tantas ganas, nuestros deseos
son tan intensos, nuestra fe en poder vivir al fin sin odios tan tenaz,
que solo la ineptitud de quienes nos gobiernan, las ambiciones y los
egoísmos pueden hacerlo imposible. Así que estamos en
riesgo.

Pertenezco con orgullo a un pueblo que tiene motivos para serlo, pero
que se ve obligado a bajar la cabeza y sentirse avergonzado cuando recuerda
toda la sangre que guardan bajo si las baldosas de nuestras calles.
Y ahora se atisba la paz y no queremos que se vaya. Alec Reid, un sacerdote
norirlandés declaraba el lunes que en su opinión, la de
un hombre experimentado en procesos de paz, ETA esta en condiciones
de abandonar las armas en un plazo de dos años. El domingo, Imaz
declaraba ante miles de alderdikides y alderdizales que el futuro es
nuestro, ahora. Mi vecino de Donosti, por citar un caso, es un hombre
masacrado por la violencia de todo tipo. Nadie de su familia ha muerto
ni ha sido herida. Pero su vida ha sido un infierno. ¿Porque
demonios debe esperar dos años?. Dos años más.
Porque no creáis que los nacionalistas nos hemos ido de rositas
en todo este tiempo. La barbarie no conoce de banderas ni equipajes,
y somos muchos los que vivimos fuera de nuestra tierra, y no por placer.
Pero los mas castigados han sido los no nacionalistas. Gentes sencillas
que con o sin uniforme, en solitario o representando a sus conciudadanos
han sufrido lo indecible. Han vivido un calvario evangélico,
nos han hecho sentir el sentido de Cristo vivo. Y muchas veces, casi
siempre, les hemos dejado solos, no hemos tenido el valor de unirnos
a ellos, sufrir con ellos y protegerlos y cuidarlos, y hacerles sentirse
queridos, en su propia tierra, porque también es suya. Con tanta
sangre como han derramado Euzkadi es casi mas suya que de nadie.

Sin embargo, ahora el gobierno parece olvidarse que la mayoría
de los euskaldunes somos peneuvistas, aunque el negocio se lleve con
la minoría que mas vocifera. Y nuestro estatuto no vale, el catalán
si. Y nuestro lehendakari queda en segundo plano, Otegui, un don nadie
movido por hilos, es el protagonista. Y los no nacionalistas, los que
mas han padecido y sufrido, hasta perder la vida o el futuro, no están,
se les aparte, son un estorbo, dan mala imagen, quieren venganza, dicen,
y ya se sabe, todos podemos equivocarnos, también los asesinos.
¿Qué no piden perdón?. ¿Por que van a pedirlo?.
Que poca vergüenza tenemos.
Como muchas otras, intento olvidar que mi abuelo murió en una
cárcel de Franco, por ser del PNV. O que a uno de mis tíos
le molió a palos la policía por tener en su restaurante
una ikurriña. Porque es la hora de la paz para mi tierra. No
debe haber vencidos pues ello nos llevaría a una pugna estéril
que nos alejaría de nuestro futuro. Pero este debe ser limpio,
para que cuando estemos en él no debamos avergonzarnos de cómo
lo conseguimos. Lo que exige justicia con aquellos que sufrieron sin
merecerlo. Lo que exige reconocimiento y apoyo para quienes han estado
solos y marginados. Lo que exige que quienes estén manchados
de sangre y nos trajeron el horror, se aparten discretamente y permitan
que la gente decente construya el país, para que Euskadi vuelva
a tener honor. Lo que exige que seamos conscientes de que el futuro
es nuestro. Si somos capaces de volver a ser nosotros, y dejamos de
ser ellos.
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