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Llamame
Telesforo

El senador,
y otrora dirigente político del PNV, Iñaki Anasagasti,
hombre al que conozco y admiro, por su altura humana e intelectual,
ha rescatado en estos días la figura de Telesforo Monzón,
uno de los dirigentes históricos más significativos y
menos recordados del nacionalismo vasco. “Llámame Telesforo”,
es un libro laudatorio que recoge la trayectoria del que fuera significativo
dirigente peneuvista durante la segunda republica, y que a su regreso
del exilio se convertiría en referencia del nacionalismo y fundador
de Herri Batasuna.
“Todo político debe tener un discurso ético, y no
atarse a la muerte, ni esconder un discurso vacio tras palabras huecas”,
han sido las palabras del político vasco en la presentación
de su libro. Nacido en 1904, Monzón y Ortiz de Urruela, fue uno
de los hombres encargados de dirigir el partido de Arana en los difíciles
momentos de la republica, aquellos en los que el gobierno ninguneaba
a sus territorio, evitando impulsar una autonomía que no agradaba,
proviniendo de un partido católico. Pero que a la vez debía
convivir con una derecha católica que le despreciaba abiertamente
como sentencio la famosa frase de Calvo Sotelo en 1935 “Antes
España roja que rota”. Una premonición de las contradicciones
de su tiempo, de su vida y de su partido. Fue consejero de gobernación
en el primer gobierno autónomo de Aguirre, puesto desde el que
creo la estructura de los cuerpos de seguridad vascos, y en el que su
comportamiento quedo en tela de juicio al no haber sabido evitar el
asalto a la cárcel de Bilbao que costaría la ejecución
de decenas de presos franquistas. Busco proximidades con Pórtela
Valladares, un republicano reflexivo, y tiro de su partido para no separarle
de la legalidad republicana. Pero llegado el momento crítico
de la guerra civil, asumió la defensa militar de Guipúzcoa
a través de la junta de defensa del territorio, de la que dimitiría
por negarse a aceptar la política de fusilamientos del organismo.
Desde su exilio, tras perder la guerra, el hombre de la palabra hubo
de aceptar la necesidad de la lucha armada contra Franco, siendo el
creador de los batallones de gudaris. Pero la vida a mediados de siglo
se torno muy agria. El PNV se comenzó a desgarrar en la disputa
entre etistas y ejelkistas. La encrucijada era mantenerse en la defensa
de las leyes viejas desde una línea política o conducir
al nacionalismo a un discurso más radical y social, comprometido
con la “liberación vasca” a cualquier precio. Telesforo
nunca asumiría ese “a cualquier precio”, como tampoco
aceptaría la política de alianzas de su partido. El precio
de esa actitud seria el alejamiento progresivo del primer plano político.
Desde sus escritos, sus poemas, y sus canciones, en su finca vasco francesa
de Meandros Berri, Telesforo seguiría luchando por una postura
ética ante la vida y la instrumentalización de la palabra
y el dialogo para obtener las metas, que el otorgaba a la sociedad vasca.
El autor de canciones tan simbólicas durante la transición
como “Ixiarren semea”, solo, sin embargo consiguió
hacer calar su mensaje en grupos como Aralar, tal como, curiosamente,
reconoce Anasagasti. Hoy, el PNV inicia un discreto camino para recuperar
la memoria de quien dice defendió el dialogo y la vía
de la paz, hablando de un hombre que en los años 70 defendió
públicamente la línea etista, impulso un frente amplio
de la izquierda, y recibió la reprimenda de su partido, por su
actitud. Y todo ello, mediante un libro ensalzador, a través
de la editorial Chalaparta, curiosamente la misma que publica los “escritos”
de De Juana Chaos, y promueve la obra ideológica del entorno
abertzale mas radical. Son reflejos quizás de la imagen tierna
del político que en sus últimos años consiguió
el acta de diputado y arranco, solo con la palabra, 170.000 votos en
su tierra, como independiente en las filas de HB. Son reflejos sobre
todo de una profunda contradicción.

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