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Miguel
Ángel Revilla Roiz
Quizás
nuestra distinción como país radique precisamente en la
existencia de personajes como él. Gentes que rompen nuestra ancestral
tendencia al borreguismo, a la uniformidad y a esa rebelde quietud que
nos perfila cuando se hunde el suelo, o el techo, o las paredes, o sabe
Dios que, de hasta nuestros trenes.
Se que voy a ir contra corriente, pero quede sentado que me cae simpático.
Y no es ello una apreciación en lo personal, sino en lo político,
que a fin de cuentas es lo único que debería tener relevancia
en el ámbito de lo público, pero que, ya se sabe, queda
en este país relegado ante nuestra tendencia al marujeo y la
actitud de corrala que la televisión ha exaltado en los últimos
tiempos.
¿Qué veo en él?. Mucha gente en este país
ve en él a un paleto gracioso. Porque en una sociedad donde la
mentira y el disimulo se han convertido en el águila bicéfala
de nuestro escudo, el que alguien diga lo que piensa, y lo diga cuando
piensa que necesita decirlo, resulta pintoresco, extravagante, anormal,
pero al tiempo carente de maldad, como tampoco la tiene la inconveniencia
de un niño, porque en su ignorancia, no pretende hacer mal. En
realidad, este tópico sobre Miguel Ángel es una forma
fácil y elegante de descalificar y desactivar las opiniones de
quines mantienen más lucidez que el resto o tienen más
vergüenza y no callan lo que la mayoría oculta o, aun peor,
desconoce o prefiere desconocer.
Y eso es lo que me gusta de él, no oculta, no calla y no da la
espalda a cuestiones que son relevantes, por oposición al discurso
insulso y mentiroso de la mayoría de políticos. Y aprecio
su habilidad para realizar su trabajo contra galernas y calmas chichas.
Recordemos que comenzó su vida política sacando del pozo
a un partido aldeano y desconocido, menospreciado por la burguesía
santanderina. Recorrió cada pueblo y cada aldea contando sus
ilusiones y el amor a su tierra. Toco el poder de soslayo, pero lo ejerció.
Fueron los tiempos en que era el consejero de obras públicas
de los gobiernos del PP, arrinconado en su despacho, o visitando sólo
cada pueblo, peleándose con alcaldes y constructores para mejorar
unas infraestructuras decimonónicas, a las que solo rendía
visita el presidente para cortar cintas en las que al fondo de la foto,
muy al fondo, aparecía Miguel Ángel. Y realizó
su trabajo en medio del desprecio y la risita del gobierno de Martínez
Sieso, el entonces presidente regional de esa tierra, que miraba con
desden, y a media sonrisa, a ese bigote bajito y albarqueño.
Pero Miguel Ángel aguanto el tipo, cumplió con su trabajo
y mantuvo vivo a su partido. Tan vivo que mediante lícitos pactos
ha asumido por dos veces la presidencia de esa comunidad autónoma.
Y en condiciones nada envidiables, pues a penas un cuartillo de su administración
esta en sus manos. Medio gobierno actúa de forma autónoma,
según las directrices del PSOE nacional y bajo la égida
de la vicepresidenta regional, amenazada en su propio partido por las
agrupaciones de las más importantes localidades, que reniegan
de un pacto que les esta costando una sangría de votos. Y no
es mejor la perspectiva en su partido, en el que la carrera por la sucesión
esta desatada, y su persona mediatizada por las poderosas y ambiciosas
personalidades de los consejeros de presidencia y cultura. Y pese a
todo, y con muy pocos fieles de verdad, él sigue enhiesto, como
símbolo de una Cantabria pujante que hace hoy de modelo a seguir
por otras comunidades, entregadas a veleidades nacionalistas o socavones
de ineficacia. ¿Cuánto les cuesta a los cantabros los
taxis de Revilla en Madrid?. Les cuesta una ahorro de dinero, en esa
y otras tonterías protocolarias, traducido en uno de los sistemas
educativos mas pujantes del país (eolapaz.com, el portal educativo
de mis chicos de La Paz, reciente premio nacional de tecnologías
educativas es un claro ejemplo). En uno de los sistemas sanitarios referencia
en Europa, en uno de los sistemas de acción social mas innovadores
del país. Eso les cuesta. Porque hablamos de un gobierno centrado
en gobernar, donde, a pesar de varios de sus colaboradores, la impronta
de Revilla se mantiene. Donde, conviene recordar, no se gasta el dinero
en mantener onerosos e innecesarios complejos de información
institucionales (televisión autonómica, etc).

Ni siquiera creo en la tan afamada tendencia al exhibicionismo y al
populismo que se le adjudica, sino en la naturalidad de un hombre que
entiende que gobernar exige pedagogía, que a la gente es preciso
contarle con claridad los problemas y las soluciones, como quien charla
en una taberna con sus vecinos, en torno a un chato o un café,
de aquello que en su vida es importante, no en la de Belén Esteban,
y de forma que todos lo entiendan.
Es el suyo un perfil de los que pululan en las páginas de Bergamín,
Casares o Blasco, cuya vulgarización pública es solo un
arma que busca arrinconar a un hombre sincero, en ocasiones equivocado,
en otras certero, en algunas inconveniente, en ciertas preso ingenuamente
cazado en la red de los medios y su tendenciosidad, y siempre discordante.
Su olor a puro no casa bien con los aires de loewe y los trajes de Brioni
de la oficialidad política. El citroen blanco de alquiler que
le lleva a Moncloa, o su utilitario santanderino, poco tiene que ver
con los audi que transportan a sus consejeros. Su aspecto de vecino
sereno y respondón, poco encaja con el discurso de mentira contenida
del que presumen los políticos profesionales de nuestro país.
Pero si no fuera por su tipismo galdosiano, y su aire de tipo normal
que se asoma a la radio, como quien se recuesta en el portal de su casa,
de cháchara con un vecino, muchos no sabrían que en las
tierras del norte, entre el paraíso de Euskadi, y el calido verdor
de Asturias hay una tierra de ensueño, poblada de gentes nobles
llamada Cantabria. Y el conocimiento es riqueza, que de publicidad se
algo.
PD. No digáis
a nadie que tengo un blog, porque como se entere Cebrian…
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