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Opinion |
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Palestina nos mira
Gobierna
desde hoy en la Palestina Cisjordana Salam Fayad, a tenor de su historia
personal, un hombre honesto. Una excepción en Oriente Medio,
aun más en Palestina. Un hombre valioso que llega tarde, nos
tememos al tren de la historia. Desde los tiempos lejanos en que el presidente americano James Carter, y los lideres Beguin y Anwar el Sadat consiguieron iniciar un camino de paz entre israelíes y egipcios, que marcaría el posterior de Rabin (Israel) y Arafat (Palestina), siempre se supo de las dificultades y penurias que se deberían atravesar. Pero pocos pensaron que tanta gente se mostraría tan torpe y tan mal hadada, y que fueran más los obstáculos que las facilidades. Tras décadas en el exilio, el poder de la naciente Palestina, alborada bajo la tutela americana y europea, quedo encarcelado en las ambiciones del partido del presidente palestino Arafat, el histórico líder de la Organización para la Liberación de Palestina, grupo que mantuvo el frente militar contra Israel. Su partido y su gobierno (OLP) mantuvieron ese poder, desde la creación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en 1994 en base a una tupida red de corruptelas, relaciones mafiosas y favores personales, que no solo ha dilapidado fondos increíbles, sino creado una masa de descontentos entre aquellos que no se han beneficiado de esa densa corrupción, y de aquellos que por ella, han visto como su país caía irremediablemente en la pobreza, y ellos con ella. Pero
los grandes males han venido de fuera. El gobierno americano ha demostrado
una falta de miras y de sensibilidad, rayana en la inconsciencia. Desde
2002, el gobierno Bush no realizado un solo gesto o acción encaminada
a resolver la difícil situación palestina, confiando la
salvación de la crisis a una supuesta victoria militar en Irak
que aplastaría a islamistas de Oriente Medio, dejando libre el
camino para la imposición de un nuevo marco de relaciones y fronteras
que facilitara el dominio de la potencia en esa área geoestratégica.
Muy al contrario, la presencia militar occidental en Mesopotamia ha
desatado un renacimiento islamista que se ha extendido por toda la región,
impulsando el liderazgo local de Siria e Irán, que amparados
en los movimientos integristas de la zona (Hamas y Hezbollaha), amenazan
no solo a occidente, sino a los gobiernos moderados de la zona, o a
los pueblos que iniciaban, tras años de crisis y guerra, su reconstrucción
la vuelta a la paz, caso de Líbano, al borde de nuevo de la guerra
civil.
Un primer mal arranca de la ficticia imposición de una democracia manipulada (Egipto) o bloqueada cada vez que la libertad del pueblo amenaza con llevar al poder a grupos islámicos (Palestina tras el triunfo de Hamas, o Turquía). En esos momentos en que las urnas aupan a grupos contrarios a los intereses occidentales, estos asfixian a los nuevos gobiernos en económico o en lo militar, o sus adláteres (el ejercito en Turquía, por ejemplo) desatan una oleada de violencia genocida. Es el caso de la brutal represión del gobierno afgano, que ha propiciado el rebrote taliban, de la violencia anti sunni en Irak, de la violencia con que el gobierno paquistaní desata contra las tribus de la frontera afgana o del brutal terrorismo de estado que los islamistas ha soportado de las fuerzas de seguridad del estado en Palestina, dirigidas por el temido miembro de la OLP, el corrupto Dahlan. Una violencia entre palestinos que ahora ha tomado respuesta. Así, recientemente el coordinador de Naciones Unidas para Oriente Próximo, Álvaro de Soto, denunciaba contundentemente boicoteo internacional a los palestinos tras la victoria electoral de Hamás. La retención de fondos por Israel a la Autoridad Palestina ha creado tal frustración y pobreza entre la población palestina, y tal odio hacia el gobierno colaboracionista, que ha llevado a un enfrentamiento fratricida entre quienes se benefician de las ayudas europeas e israelies, y quienes no. Las
responsabilidades del drama palestino se extienden a Europa, incapaz
de imponer una actitud comun de sus miembros y de hacer valer su peso
y su dinero en la region. A Rusia, mas pendiente de evitar un avance
de la influencia americana en al zona, que amenazaria sus rutas de abastecimiento
energetico, que de frenar un avance radiocal que puede amenzazar a la
larga a sus fronteras. A Estadois Unidos, cuyo gobierno aparece dividido
en lo tocante a impulsar una via militar o diplomatica, y que incluso
arma a unos grupos contra otros (incluso en Irak), constyruyendo asi
cada dia un monstruo inmanejable. A Siria, que al desestabilizar a Libano,
para afianzar su presencia en la región, asesinando al presidente
reformista y moderadao Hariri, ha dado a las a los radicales palestinos.
A Israel, que fia su paz en la matanza interna de su enemigo, sin darse
cuenta que hace crecer un odio qque amenaza a su propia existencia.
A nosotros, incapaces de usar nuestro voto y nuestra soberania para
obligara anuestros gobiernos a frenar un rio de sangre, que arrastra
como una riada, vidas, sueños y miradas de niños.
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