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Jose
Antonio Nieves Conde
Aintze
Zaratagabaster

Llevo
varias semanas intentando contaros la apasionante historia de un hombre
poco conocido, José Antonio Nieves Conde, uno de los grandes,
de los extraordinarios cineastas españoles del siglo XX, muerto
en silencio el pasado 14 de septiembre, sin alharacas ni reconocimientos,
salvo algún obituario despistado. Ya sabéis, no es Almodóvar.
Y sin embargo fue el ejemplo claro de que a la inteligencia pocos obstáculos
se oponen
Periodista
de incisiva capacidad y gran dominio del lenguaje, Nieves Conde destaco
por su trabajo en el cine, durante los difíciles años
de la posguerra española, donde creo obras maestras del realismo
social como 'Surcos', 'Angustia' o 'Balarrasa'.
Nacido en Segovia el 22 de diciembre de 1911, su consagración
se produciría en 1951, al dirigir 'Surcos', obra nacida de un
excelente guión de Natividad Zaro y Torrente Ballester a partir
de un argumento de Eugenio Montes, y que contó con grandes profesionales
de la interpretación como Luís Peña y María
Asquerino.
‘Surcos’, que increíblemente se pudo estrenar, causó
una gran polémica, en los grises años cincuenta españoles,
siendo duramente atacada por la jerarquía de la iglesia , que
veía en ella claros elementos transgresores, al abordar elementos
tabú de la sociedad de la época como la miseria, el estraperlo
y el éxodo rural, lo que obligo al autor a remodelar parte de
la obra, principalmente el final.
Pero
pese a ello, la verdad y la calidad son difíciles de frenar,
así que Nieves Conde consiguió el segundo Premio Nacional
del Sindicato del Espectáculo y el primer premio del Círculo
de Escritores Cinematográficos. Un éxito, sin embargo,
que el público, quizás por su crudeza, quizás por
la beligerancia de los pulpitos, no supo apreciar.
Nieves
Conde había nacido en una numerosa familia de raigambre militar,
en la que aprendió desde bien chico a amar el cine. Tras estudiar
el bachillerato en su ciudad, inicio la carrera de derecho, que nunca
terminaría, al estallar la Guerra Civil. Participo en ella como
voluntario falangista, llegando a ser alférez provisional de
Infantería. Terminada la contienda volvió a su ciudad,
iniciándose en el mundo de la prensa y la radio. Pero para su
mente inquieta Segovia pronto resulto escasa. En 1939 llego a Madrid,
donde se convertiría en crítico de cine del diario “pueblo”
y redactor de la revista “Primer Plano hasta 1942, donde dirigía
la exitosa sección 'Fuera de cuadro'. De la mano de su amigo
Rafael Gil, se inició en el cine en 1941, como ayudante de dirección
en cinco de las películas del gran Gil, entre ellas 'Viaje sin
destino' y 'Tierra sedienta'.
Pero sus ideas eran demasiado limpias, su visión de la vida española
demasiado acida, y su actitud ante el franquismo, demasiado inquietante.
En 1942 ello le llevaría a abandonar (o perder) su puesto en
'Primer Plano' y 'Pueblo'.
1946, dirigía su primera película , 'Senda ignorada',
una historia de gángsters situada en Estados Unidos, a la que
siguió 'Angustia' (1947), con Rafael Bardem y Julia Caba Alba,
también policíaca y declarada de "interés
nacional", y 'Llegada la noche' (1948).
Su primera obra maestra llegaría en 1950 al dirigir 'Balarrasa',
sobre un guión de Vicente Escrivá y con un cuadro de actores
de impresión, María Rosa Salgado, Maruchi Fresno, Luís
Prendes y José Bódalo. Fue su primer gran éxito
comercial, y la critica tuvo que rendirse a su talento, aunque la clase
política le viera cada vez con mas miedo. Ese mismo año
conseguía otro gran éxito de taquilla: 'Jack el negro'
(1950).
Tras ese brillante inicio llegarían 'Rebeldía' (1952);
'Los peces rojos' (1954); 'La legión del silencio' (1955), codirigida
con Forqué; 'Entre hoy y la eternidad' (1956), con Arthur M.
Rabenalt; y 'Todos somos necesarios' (1956).
En 1958, Nieves Conde soltó un increíble latigazo a las
conciencias de la época, con su genial 'El inquilino', con un
reparto en el que figuraban Manuel Alexandre, Antonio Ozores y Fernando
Fernán Gómez. Fue su primer gran choque con la censura
que primero la prohibió y más tarde la autorizó
con importantes cortes y gran número de cambios. Fue el inicio
de su final. De ser el director mas premiado del régimen, a ser
considerado un director maldito, demasiado critico, poco dócil.
Su carrera en los sesenta aporto grandes obras, en su línea social
y de denuncia, fueron obras de arte, como todas las suyas, pero sin
la repercusión de los anteriores. Así llegaron 'Don Lucio
y el hermano Pío' (1960); 'Prohibido enamorarse' (1961); 'El
diablo también llora' (1963); 'El sonido de la muerte' (1965);
'Cotolay' (1966); 'Marta' (1971); 'Historia de una traición'
(1972); 'Las señoritas de mala compañía' (1973),
y algunas de cierto contenido erótico como 'La revolución
matrimonial' (1975); 'Volvoreta' (1976) y 'Más allá del
deseo' (1976), ya se sabe, hay que comer y pagar las facturas, como
un día dijera José Sacristán. Tras el silencio,
el final de los 90 intento recuperar su obra y valorar su gran aportación
a nuestra historia colectiva. La Seminci de Valladolid dedicó
en octubre de 1995 un ciclo monográfico a su trayectoria profesional
con la proyección de toda su filmografía y le entregó
una Espiga de Oro especial.
Al año siguiente, en octubre de 1996, este mismo certamen castellano
incluyó su película 'Surcos' en el ciclo 'Cien años
del cine en España' recibiendo en Zaragoza una de las medallas
de oro del Centenario del cine en España, que le concedió
la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas.
El 1 de marzo de 1990 la Asamblea de Directores y Realizadores Cinematográficos
y Audiovisuales de España (ADIRCAE) le concedió un premio
especial como homenaje por toda su trayectoria profesional, en la que
se destacaba "su intento de introducir el discurso neorrealista"
en el cine español. Pero fuera de ahí, el silencio. Que
triste para alguien que mostró el mundo y su miseria, su verdad
y nuestras vergüenzas a una sociedad española atontada en
mitad del franquismo. Hoy casi nadie sabe quien fue, ni que hizo, nadie
recuerda la gesta de un hombre que se enfrento con una humilde cámara,
como muchos intelectuales al franquismo imperante. Y hoy llamamos a
cruzada cuando a un Rubianes cualquiera, huérfano de talento
se le critica por decir groserías y tontadas. Que pena de país.
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