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Y
el hombre dijo no (a ser mis y madre)
Aintze
Zaratagabaster
Ángela
Bustillo, con su hijo de tres años en brazos. (Foto: EFE).
Publicada en Elmundo.es
Dicen
que soy en mis comentarios muy feminista, y que suelo resultar monotemática
en mis artículos. Pero convendréis conmigo que la realidad
parece empeñada en empujarme a una actitud hostil y desafiante
hacia una parte del mundo, absurdo hasta el agotamiento. Tenía
ya preparado para esta semana un artículo sobre el cambio climático.
Digamos que con un enfoque inusual. Pero los que me leen aquí
y no en mi blog, deberán esperar unos días, por que lo
que voy a relataros no tiene nombre. Bueno, lo tiene, pero al ser esta
una publicación juvenil, no me esta permitido decirlo.
Situémonos. La empresa Propulsora Montañesa SA, organizadora
en esa comunidad autónoma de la fase regional de Mis España,
elige en su gala a la señorita Ángela Bustillo hace dos
semanas como la más bella entre las cantabras. Quince días
después descubre que es madre y la descalifica. La nueva mis
es su dama de honor Elena Outeiriño Elizalde. La empresa organizadora
invoca el articulo 7.4 de las bases del citado concurso, tanto en su
ámbito regional como nacional (no es esta una tropelía
única de Cantabria), que establece que no podrán optar
al triunfo en este laudable torneo, “las mujeres embarazadas o
que hayan pasado por el deleznable trago de la maternidad, pues ello
les supone cambios físicos sustanciales que impiden el desempeño
de las funciones habituales de una miss o un mister, tales como viajes,
pasarelas o desfiles". Pero el articulo excluye de esta norma a
los hombres, por que a ellos lo de ser padres solo les dura 5 minutos
(bueno algunos aguantan hasta los 10, depende de su autocontrol).
Partamos de la base de que la norma existe. Es cierto que Ángela
Bustillo la conocía, y aun así desafió a la varonil
sabiduría que la estableció. Es cierto que este es en
suma un concurso de ganado (se valoran las quijadas, las ubres, la osamenta…
y la belleza interior, ya), y que por tanto una señora con barriga
y seis kilos de mas, o con un churumbel colgado del omóplato
no es plan para la alta responsabilidad que estas mujeres asumen. Consideremos
que dicen las malas lenguas que en el mundo de las mises los favores
sexuales son “no excepcionales”, y claro, hay gente a la
que una embarazada o una madre no le da morbo. Admitamos incluso que
estas cosas son normales dentro de la lógica de un certamen mercantil,
que maneja a las mujeres de una forma infame y zafia, convirtiéndolas
en mercancía, con la aquiescencia de aquellas otras mujeres con
cuya connivencia sobrevive este lamentable espectáculo, y la
colaboración de otras que ven en este circo (en el sentido romano
de la palabra) la salvación de su vida, promocionándolas
a un olimpo de barro que les dará tele y pan.
Pero con eso y con todo. Que pena, que vergüenza, que asco considerar
la maternidad como una desgracia, un criterio de descalificación,
una limitación. Aunque sea como en este caso, una limitación
que libra a una mujer de ser “mis” (hasta el britanizado
nombre es una horterada).
Como es lógico, Ángela no esta dispuesta a perder esta
gran oportunidad de ser famosa y vivir del “candelabro”,
así que ha puesto el asunto en manos de su abogada, Beatriz Bermejo.
La defensa se basara en argumentar que la organización ya sabía
que Ángela era madre, cuando formalizo su inscripción,
y que aun así permitió su participación, como en
los cuatro certámenes anteriores en los que ya había participado.
Una aportación más al teatro del absurdo. Lo único
razonable es el último argumento de la abogada. Según
el código civil, las partes de un contrato, y las bases del certamen
lo son, pueden pactar las condiciones que quieran, siempre que no contravengan
las leyes, la moral, o el orden público. Y no parece que esta
norma sea muy respetuosa con una constitución que proclama que
no puede existir en la ley y la vida españolas “discriminación
alguna por razón de nacimiento, sexo, religión, opinión
o cualquier otra condición o circunstancia personal o social".
Lo mas preocupante es esta frase lapidaria de Ángela: "Para
mí esta era una oportunidad, y me la han quitado". Hasta
el punto que promete combatir a la organización "hasta el
final o hasta donde pueda económicamente".
Sinceramente no me parece correcto entrar a jugar a una partida con
tus reglas, y no con las de los demás jugadores y la banca. Y
sinceramente, creo que estas situaciones de discriminación incalificable,
las alimentamos nosotras prestándonos a un divertimento de cuatro
“vendecarnes”, en el que lo único que tenemos es
que perder. Quizás la cuestión no sea modificar las reglas
de ciertos juegos (mises, Cibeles, tele basura…), sino eliminar
el juego. Anteponer la dignidad de las personas a todo interés
mercantil y favorecer una educación que ensalce la igualdad y
la formación como base de la libertad. Aun recuerdo a mi profesor
de matemáticas en COU, el padre Luís Maria Arbizu, que
nos recalcaba incansablemente aquel principio jacobino de “lee,
aprende, medita, ergo se libre”.
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