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| Aintze Zaratagabaster Weyden |

 

fotografia de cabecera: Mª Elisa Duque | www.256colores.com
30 Septiembre, 2007
   
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Opinion


 

 

 

 

 

 

 

Ama, no te vayas

En los viejos bancos de la pequeña escuela de Zarautz, o en las excursiones a Elkano o a Zizurkil, entre fábricas, o en las lindes de caseríos, Koro Errandonea fue mi primera maestra. “Hola bajitos, que sois?”. “Euskaldunes”. “¿Dónde esta vuestra casa?”. “En España”. “¿Quiénes son los malos?”. “los de las pistolas”. ¿Simplista, verdad?. Pero real. Era la oración de la mañana en mi escuela de primaria. Un latiguillo matinal, a modo de educación para la ciudadanía, que nos adoctrinó a decenas de escolares, en un mensaje sencillo. Nuestra patria era Euskadi, por encima de todo. Nuestra casa era España y Europa, nuestra vocación una sociedad plural y justa, nuestra pesadilla repudiable la violencia. Nuestra señorita murió hace unos años. Quizá mejor que no viera como nuestro mantra matutino ha quedado rasgado por los delirios de visionarios como Juan José, como Arnaldo, como Pernando o como Nekane. Un día me fui, aunque siempre vuelvo, es lo suyo. Y siempre que lo hago paseo por los lugares por los que aquella nacionalista de generaciones, hija de gudaris y maldecida por el franquismo, nos enseñaba a amar nuestra tierra, pero por encima de ella a nuestra gente. “Ningún trozo de arcilla, ninguna hoja de brezo, vale lo que la uña de un vasco, o de cualquier otra persona”, decía con gesto adusto, marcando una pausa posterior, sin descuidar su mirada hacia nosotros, como escrudiñando en que corazón la semilla no había prendido, para arremeter con mas argumentos.


La suya no era una escuela especial. En muchas se sembró la concordia. Pero en muchas otras el odio. Un río negro que hasta hoy ha llegado, repleto de fango. Muchos hemos volcado en estos años, cientos de páginas repletas de palabras que expresan nuestro interminable e irreducible deseo de vivir en paz, de aunar nuestra raíz y nuestro futuro, de plantear para nosotros y nuestros hijos un porvenir sin exclusiones, marcado por una sincera vocación de convivencia plural y abierta, que no puede olvidar una historia digna, plena y honorable, pero vacua al margen de España. Hemos apelado a la razón y a la inteligencia, a la necesidad y a la conveniencia. Hemos apelado a la historia, a las corrientes de esta y hasta a la sangre, aunque a esta con tanta asiduidad, que los suelos de Euskadi han quedado manchados para siempre. Ya apenas nos queda voz con la que gritar en defensa de la razon, tapados como estamos, por el ruido de la violencia.
Ajeno a la voluntad de los dirigentes que democráticamente hemos elegido, soslayando la voluntad de su partido, nuestro lehendakari ha puesto fecha de caducidad a la historia y a los sentimientos. Un día cercano, mis dos madres se separaran, y mi cuadrilla de Donosti, mis compañeras de Lezcano, serán extranjeras entre mis amigos de Usera. Un abismo tiende a separar mi pequeño mundo de Malasaña, de aquel que me espera cada semana en Guetaria. Un abismo cavado con ahínco con los dientes del odio, y alicatado de sangre, mientras los que la vertieron ríen, y los que hemos sufrido su mancha seguimos en silencio, encerrando en una lagrima el adiós de una familia.

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