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Leer
por decreto ley
Aintze
Zaratagabaster
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El
gobierno acaba de aprobar el proyecto de ley de Lectura, del Libro
y de las Bibliotecas, que entre sus medidas mas vistosas establece
un precio fijo para los libros que no sean de estudio (de texto,
salvo los de los bebes, como indican los políticos, son
todos).
Que el gobierno afronte la reforma de la ley de 1975, parece una
actitud loable y, hasta si me apuran necesaria, en tanto que el
mercado, los instrumentos de difusión y las necesidades
sociales sobre la cultura han cambiado. Cierto es que en el campo
legislativo magro ha sido el trabajo de los gobiernos españoles
a lo largo de estos 31 años, contándose solo una
breve reforma de precios (liberalización) sobre libros
educativos en el año 2000, lo cual atenúa la crítica
a la escasa atención gubernamental a estos temas, y diluye
la responsabilidad del actual ejecutivo, entre la piara de políticos
que nos vemos obligados a sufrir año tras año.
La argumentación del gobierno para afrontar esta reforma
ha sido clara “La industria editorial trasciende el carácter
mercantil, porque puede contribuir al fortalecimiento de los derechos
humanos y a combatir el analfabetismo”. |
Cita textual de José
Luís Rodríguez Zapatero ante el gremio de editores iberoamericanos,
hace un mes. Ya arrancado por bulerias, nuestro primer ministro ha justificado
la ley por la importancia que posee la lectura, y el protagonismo en
nuestra sociedad de la creación, edición, comercio y bibliotecas.
¿Si?. Que el comercio tiene un gran protagonismo social es evidente,
no hay más que ver Dolce Vita para darse cuenta que hasta la
misma vida, el honor y la intimidad han alcanzado ya el mismo nivel
crematístico que las alcachofas. ¿Pero la creación?.
Además, ¿lo único importante de un libro es su
precio?. ¿Ahí se acaba todo?. Claro, que tontos hemos
sido, lo teníamos delante y hasta que no emergió de entre
las brumas Carmen Calvo no lo percibimos. Para conseguir que nuestro
país lea hay que hacer libros más baratos. Que mas da
que tengamos a medio pais sumido en el atontamiento o el pelotazo urbanístico,
sino en el analfabetismo. Total, lo que digan los libros es lo mismo,
y quien lo lea también. Pues, ¿desde cuando creador y
lector poseen importancia en todo esto?.
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Hace
una semana leía en estas páginas el trabajo de Erika
Álvarez sobre Henning Mankell, y de cómo millones
de europeos y americanos, ignorando las instrucciones de nuestro
gobierno (¡que osadía!), compran libros ciertamente
caros, por su necesidad de abrir su alma para enriquecerla, por
su necesidad de conocer la profunda realidad, por encima y por
debajo de lo evidente, por la necesidad de compartir con otros,
de sentir con otros, de soñar en otros. Ese estado de necesidad,
ese placer recóndito por aprender, ese embelesamiento y
admiración critica, pero respetuosa por las ideas de otros,
por agrandar miras, es lo que precisamos. ¿Qué es
evidente que un libro mas barato se compra mas?.No. Sin ese estado
de necesidad sin esa alma educada, no solo no se compra, ni siquiera
se mira de reojo el escaparate de una libreria.Porque conviene
recordar que los libros se toman para leerse, o así deberia
ser, y que cuando la necesidad existe, el precio es anecdótico. |
Y
si no lean en estas páginas el magnifico articulo de Marta González,
este verano sobre el libro peregrino, esa modalidad que permite compartir
la cultura y las ideas, algo que, por definición, no tiene precio,
gratis. ¿Qué un precio mas bajo puede proteger a los pequeños
editores y distribuidores, favoreciendo la pluralidad editorial, frente
a las grandes cadenas que imponen sus contenidos a golpe de descuento?.
Quizá. Pero no lo veo tan claro, aunque esa no es la cuestión,
solo una arista
Una ley no puede obligar a leer. Ni siquiera, con necesarias, serán
útiles las dotaciones en infraestructuras. Esas magnificas bibliotecas
que los políticos suelen inaugurar en época electoral
y luego languidecen abonadas por la desidia.
Estos días hemos sabido que De Juana Chaos, el vil asesino que
se jacta y enorgullece de cuantos desmanes y asesinatos ha cometido,
va a escribir un libro. Eso si que será un saldo. Seguro que
ahora que los libros serán más baratos se venderá
y leerá bien. Pues estupendo. Ayer paseaban por San Sebastián
Jo Berry hija de sir Anthony Berry, miembro del Parlamento británico
que fue asesinado junto a otras cuatro personas en 1984, durante el
congreso que celebraba el Partido Conservador de Margaret Thatcher en
el Gran Hotel de Brighton, junto Pat Magee, el asesino del IRA que coloco
la bomba que le mato. Y el la miraba a los ojos, y la pedía perdón,
y ambos hablaban en un congreso sobre no violencia. En una sociedad
así el amor y la certidumbre en la vida que emanan de un libro,
siembran y hacen crecer una sociedad libre, culta y enamorada de la
vida. Pero nosotros estamos aun lejos. En un país donde los asesinos
de 1000 personas nos intimidan y proclaman su orgullo, en un país
donde un 20% de nuestros estudiantes de enseñanzas medias son
analfabetos funcionales, en un país donde los programas rosas
acumulan cinco veces mas espectadores que los informativos y los programas
culturales, en una país donde la memoria histórica solo
sirve para revivir odios, en un país donde se apalea a profesores,
se mata en el hogar a mujeres, se amedrenta a niños en un templo
de la cultura como la escuela o se practica una crueldad rabiosa con
los animales, ¿Quién quiere libros?. Mejor, y para empezar,
podria ser conveniente que el gobierno explicara a sus socios (Jose
Luis Carod), que cuando un creador habla (Elvira Lindo), hay que abrir
la mente, y cerrar la boca. Eso si que podria ser objeto de una ley.
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