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Un
jueves más
No
tiene remedio Del Olmo. Si los árbitros de fútbol pueden
ser bajados de categoría ante una chapucilla, no entiendo como
todo un juez, ante los desmanes que este provoca, no sea discretamente
alejado hacia posiciones menos dañinas. Su secuestro de la portada
de “El Jueves” ha sido soberbio. Lo primero por que la tardanza
en intervenir, y el no hacerlo sobre los soportes digitales, mas que
evitar la difusión la ha impulsado hacia niveles desconocidos,
convirtiendo una anécdota veraniega en un incidente nacional,
en una situación parecida a cuando la policía, que persigue
a un etarra, se topa con que media España le avisa, a él
y a sus compinches, que están detrás de ellos. Pero al
margen de cuestiones estratégicas otras cuestiones mas serias
subyacen.
El motivo del secuestro una portada en la que lo banal es ver a los
principes realizando sexo explicito, lo mas intencional la mofa a las
medidadas natalistas de Zapatero, y lo mas hiriente llamar vago al principe.
¿Como debemos afrontar esta tradicional colisión entre
honor y libertad de expresión?. La ya famosa caricatura ha sido
defendida por algunos catedráticos de derecho constitucional,
y por muchos representantes de la intelectualidad, como un ejemplo de
la desproporcionada sobre protección que se ejerce sobre la corona,
como un ejemplo, quizá zafio, de la necesaria sujeción
a critica de las instituciones y de los titulares de ellas y como un
agravio entre las posiciones de unos medios y las de otros ( en alusión
a la falta de intervención sobre los comentarios de Federico
Jiménez Losantos y el cardenal Rouco). Es cierto que posiblemente
del Olmo ha realizado una interpretación laxa del delito de injurias
a la corona, en cuanto no se critica a la institución, pero si
que se ridiculiza y atenta a la dignidad de dos ciudadanos. Pero lo
que parece también fuera de toda discusión es que ciertos
recursos, como esta caricatura, son innecesarios y desproporcionados
para formar opinión pública, que al fin y al cabo es la
intención de todo medio. Hoy se ofenden algunos por que se habla
de la familia real. De igual forma deberíamos hacerlo cuando
los programas “del corazón”, practican autenticas
cacerías contra personajes de otros niveles sociales, véase
la insaciable búsqueda del pasado de la nueva novia del hijo
de Isabel Pantoja. Blandos en las cuestiones de fondo, somos muy susceptibles
en los aspectos formales, cuando estos son fácilmente solucionables
con un poco de contención en las formas. El secuestro no es como
dicen algunos, una talibanización de la sociedad. Pero si debe
ser una llamada de atención en la necesidad de hablar claro,
pero con respeto. Debemos criticar ideas y actuaciones, con dureza.
Pero la dignidad de las personas debe siempre permanecer a salvo. Ciertas
acciones, o la falta de ellas, se sustentan no en las limitaciones que
la ley impone, sino en aquellas emanadas de la autorregulación
de nuestras capacidades. Se ha llamado a este fenómeno durante
siglos conciencia. A veces no es más que sentido común.
Pero esta autorregulación choca en el caso de la sociedad española
con graves obstaculos.
El catedrático de derecho Manuel García Bardaji ha defendido
en su obra, tradicionalmente, la tendencia española al auto menoscabo,
a la auto mutilación del ser nacional. Una tendencia destructiva
que nos lleva a irradiar constantemente basura sobre nuestros signos
identificativos, hasta el desprecio de nuestros rasgos comunes. Una
idea similar a la que Rosa Montero aborda cuando define la Historia
Española, especialmente la reciente, como un melodrama cateto.
De hecho, el genial y clarividente Gerald Brenan, en su "El laberinto
español", hablaba ya, como los viajeros del XVIII, del individualismo
feroz de los españoles, y decía que nuestra sociedad estaba
atomizada en grupos tribales y que éramos incapaces de concebir
la realidad de la nación como algo común y colectivo.
Un símbolo de esa realidad nacional es la corona. De igual forma
que, para muchos, esa misma institución representa la pervivencia
de las injusticias sociales, los privilegios y el pasado. Y claro, que
una familia nacida y creada en la injusticia social y la opresión
y el oprobio al pueblo, disfrute de privilegios, vale. Pero que una
vulgar periodista, una mujer de extracción popular, venda su
alma a la oligarquía y se beneficie de ella a costa del pueblo,
es inadmisible. Que una “plebeya” case con un principie
europeo puede ser. Pero en España no. Inadmisible, tanto para
los monárquicos, como para los republicanos, que nadie sabe como
crecen tan rápido, en lo que parece mas una pose new age que
una posición intelectual madurada.

El propio "jueves", nos da un ejemplo
de como afrontar
de manera distinta temas de actualidad
Pero este tema de antileticismo como postura política esta ya
manido, y no es, creo, la cuestión fundamental. ¿Medios
tan abiertos, transgresores y vanguardistas como el jueves, se habrían
atrevido a hacer una viñeta similar con Castro o con la familia
real Saudita?. Yo creo que no. En el primer caso, por que la tendencia
a la irracionalidad de nuestro país, basa muchas de sus acciones
en el doble rasero. Ese que tan inmisericordemente, y con tanta razón
se aplica a la derecha española, pero del que participamos todos,
en una falta de coherencia rayana en lo humorístico. No se sabe
porque, pero Fidel es un tío simpático, cae bien, los
artistas van a la Habana, como el que va de fin de semana al Valhala.
¿Por qué?. No se, pero como los que opinan así,
no viven en la isla, ¿Por qué no?. Y en cuanto al rey
árabe, es uno de nuestros acomplejados tabú. Y nada tiene
que ver con la alianza de civilizaciones. Simplemente el respeto se
lo merece lo ajeno, ante el mas supino desprecio a lo que nos pertenece,
porque nos avergüenza. Al presidente del Getafe, como al editor
del El Jueves, no se le habría ocurrido una viñeta de
Mahoma haciendo “el misionero”. Pero es que Alá es
grande, y nuestros rasgos culturales una vergüenza histórica
que debemos ocultar. Quizá sea nuestra historia reciente, quizá
demasiada memoria histórica, pero somos un país sin identidad,
que se desconoce a si mismo y que se siente sucio, mas allá del
toro de osborne y la selección de fútbol. Y el tema es
importante, en cuanto esa actitud se traduce en la vida cotidiana, donde
la gente toma exquisitas precauciones para tratar con ciertas minorías.
Y no por racismo, sino por miedo, hacia comunidades que aun viviendo
en niveles culturales y sociales inaceptables, no se las integra ni
en determinados momentos se las pone las peras al cuarto. Porque si
criticas ciertas actitudes o comportamientos eres un facha o un carca,
confundiendo el sentido común o la necesidad de llegar a normas
aceptables de convivencia, con el simple racismo. Pero aquí,
además de acomplejados, somos a veces, muy simplistas.
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