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Ezkerrik
asko Josu Jon

Pensaba titular esta breve reflexión
“el fin de la esperanza”, pero me cuesta aceptar que la
mitad de las txapelas del EAJ solo oculten pelo.
Hemos perdido esta semana a un hombre generoso, inteligente y entregado
a la idea de vincular al partido, santo y seña del nacionalismo
vasco y voz mas autorizada de nuestro pueblo, con la época en
que vivimos, llevándonos al futuro. Por que los partidos no son
museos de ideas, sino crisoles donde las ideas sirven a la mejora de
los pueblos, la articulación de soluciones y la anticipación
a sus problemas.
Los sucesos del lunes, en los que la ejecutiva peneuvista aprobó
la ponencia para la próxima asamblea del partido, solo ha sido
el capitulo final de una historia que se remonta a casi treinta años,
y que ha vivido momentos de gran amargura, como la caza interna a Carlos
Garaicoetxea, o la marcha de los compañeros de EA.
En síntesis, la causa formal de la marcha de Imaz reside en la
desautorización implícita de la ejecutiva a su política,
al aprobar aquella una ponencia (que no es mas que un pega y corta de
anteriores documentos), que recupera la filosofía de Lizarra
y saca del vertedero de donde nunca debió salir, el plan Ibarretxe,
mandando al olvido la declaración sobre pacificación y
normalización, inspirada por Imaz en octubre de 2005. Hemos vuelto,
por tanto a las tesis políticas del "derecho a decidir",
como una salida para la pacificación del País Vasco, rebajando
las condiciones para una consulta popular y un acuerdo de todos los
partidos del nítidamente comprensible “ausencia de violencia”,
o lo que es lo mismo, la amenaza de ETA, a un subjetivo e interpretable
“respeto a los derechos humanos y libertades democráticas".
Mantener la intención de consulta popular que propone Ibarretxe,
no solo implica empecinarse en una actuación política
arriesgada y fracturadora, sino que persiste en la actitud de acometer
una consulta unilateral ilegal y sin efectos jurídicos, un inane,
y, lo peor, desautoriza al presidente del PNV, en un momento tan delicado,
dejándole solo, tan solo como el gobierno vasco le dejo en los
momentos críticos de la tregua de ETA, en los que el ejecutivo
de Vitoria, se dio, como de costumbre, por desaparecido.

Ahora se abre un periodo sucesorio, que a luz de la relación
de fuerzas existentes, y de la incapacidad de evolución de una
de ellas, no nos llevara a ningún sitio, bueno.
Conceptos políticos clave, como nación, estado o frontera
han cambiado, es así, como expuso Imaz, pero parte del EAJ no
ha dado ese paso intelectual, y no creo que lo de, como nuestro nombre
indica, EAJ, Euzko Alderdi Jeltzalea, partido vasco de los ejelkistas,
los defensores del Dios y leyes viejas. Vale lo de Dios, pero…
Ese anclaje en los lodos de antaño ya nos ha valido una ruptura
familiar, la que en 1986, alejó de nosotros, con angustia y tristeza
a Eusko Alkartuná, rompiendo aun más la convivencia en
el País, al dividir familias, amistades, pueblos y cuadrillas.
Pero no hemos aprendido. En este año, la regeneración
del partido y su modernización de ideas y estructuras ha chocado
con los francotiradores de Ibarrtexe, la guerra interna en la organización
Guipuzcoana de los seguidores de Eguibar y la extensión de la
fractura a Lapurdia, Zuberoa y Benafarroa. Pero el acoso a Imaz no solo
ha sido interno. Los socialistas, tan conciliadores y pacíficos
ellos, han dado toda una lección de cómo abrir boquetes
en la quilla de un barco. No han facilitado en nada los planes de dialogo
de Imaz, ni apoyado sus estrategias, ni salido en su defensa ante las
criticas mordaces de ETA en sus comunicados, no al PNV, sino al PNV
de Imaz, ni fortalecido su posición allanando el camino a propuestas
que podían haber aumentado la autoridad moral de Imaz en el seno
de la organización, como ha demostrado el ninguneo a Erkoreka
en el congreso, o la falta de valentía para apoyar a Imaz en
Navarra a través de su intento de integrar a los abertzales pacíficos
mediante Nafarroa Bai, eso sin contar lo mal que el PSE ha manejado
la negociación en Álava.
De poco mas de 40 años, Imaz, es doctor en Ciencias Químicas
por la UPV, con premio extraordinario fin de carrera. Realizo sus estudios
becado por la Universidad de Navarra y trabajando desde los 14 años
para cubrir sus gastos, en una familia de cuatro hermanos, donde su
madre cobraba una modesta pensión de viudedad, tras la muerte
de su padre, cuando apenas contaba 8 años. Desde entonces ha
crecido sin detenerse, forjando uno de los curriculums más impresionantes
de entre los políticos vascos. Un hombre hecho a si mismo con
tres grandes ingredientes: vocación, tenacidad y dialogo. Nacido
en Zumarraga en 1963, ingreso en el PNV a los 15 años. Comenzó
su carrera política como concejal en Zumarraga, en temas financieros.
Tras ello, ha sido consejero de Industria, Comercio y Turismo y portavoz
del Gobierno vasco, diputado por Guipúzcoa, diputado europeo
y en la actualidad presidente del EBB. Habla euskera, castellano, francés
e ingles. Este montañero aficionado, esta casado desde 1995,
tiene tres hijos de 1,6 y 8 años, y se jacta de haber formado
un hogar plural, donde no todos comparten sus ideas.
¿Qué ha hecho mal?. Luchas por el poder al margen, una
frase. "Conceptos como estado-nación, soberanía o
independencia adquieren hoy tintes necesariamente diferentes de lo que
en el pasado representaban. Las fronteras se debilitan e incluso desaparecen
en nuestro entorno". Una muestra, al fin, de inteligencia en la
política vasca, pero inaceptable en cualquier partido nacionalista,
si se sigue la lógica que nos lleva a la conclusión de
que con el de nación, el concepto de nacionalismo esta llamado
a desaparecer.
Una idea transparente en Imaz desde sus principios, en los que, sin
renunciar a su abertzalismo, ha pretendido interpretar este de manera
abierta e integradora y no con un criterio de confrontación ni
de bronca permanente con el estado.
Y
ese concepto ha chocado con todo. Con los que ven en la política
su caserío particular. Con los que anteponen las tradiciones
a la vida. Con los que, como Ibarretxe prefieren que se hunda el mundo,
antes que no hacer su santa voluntad (la consulta). Pero debemos caer
en la tentación de suponer que hablamos de una cuestión
interna de un partido, o de un episodio más de la vida particular
de un político. España necesita al PNV. El País
Vasco necesita al PNV. Y este no sirve para nada mientras no se aclare
y abandone ese confusionismo que vive desde 1930, cuando se unieron
las dos ramas históricas del partido alrededor de la idea de
solapar la ideología fundacional de Sabino Arana, teocrática
y antiespañola, y la política gradualista, autonomista,
demócrata cristiana, que acabaría encarnando la generación
de Aguirre, Irujo, Ajuriaguerra y Landaburu, basada en el reconocimiento
de la pluralidad vasca. Y de esos cuatro grandes políticos arranca
el proyecto de Imaz. Un proyecto que acepta la existencia de "diferentes
sentimientos de pertenencia", que no pueden convivir con la imposición
de una mayoría nacionalista.
Un proyecto que desafina con el plan Ibarretxe basado en el unilateralismo
que nos lleva a un enfrentamiento sin salida con el Estado, y que traslada
a la sociedad la confrontación entre partidos e instituciones,
dando alas a ETA.

Terminamos
estos días una larga noche de cuchillos largos que inicio el
sector de Arzallus y su delfín Eguibar, tras la derrota en las
elecciones internas de 2003. El resultado, hemos perdido para el partido,
para Euzkadi y para España a una gran hombre. Nos quedan los
trikitrilaris que no acaban ni la ESO, y en cuyo escudo campa un borrego.
Ahora solo queda rezar para que el sentido común permita que
las dos corrientes enfrentadas en 2003 (Eguibar e Imaz), dejen el camino
expedito a una candidatura de consenso que una al partido y abra el
saneamiento moral del País vasco. Quizá veamos un partido
unido el próximo Alderdi Eguna. ¿Entorno a Urkullu, o
entorno a Ollora?
Ezkerrik
asko Josu Jon, ados al zaude nirekin neskatxa.
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