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Vientos
de guerra
Aintze
Zaratagabaster
Nacida
en la lucense aldea de Nodar, en la parroquia de Friol, Idoia Rodríguez
Bujan era una mujer de tan solo 23 años, enrolada en la Brigada
Ligera aerotransportada de Pontevedra, que prestaba servicios con su
unidad en el área de Shindand, en Afganistán.
Esta semana murió, cuando el vehiculo blindado tipo BMR que conducía,
piso una mina anticarro de mas de seis kilos, colocada por las tropas
talibanes. Al paso del blindado, su puesto de conducción desapareció.
En el mismo ataque fueron heridos el alférez Cesar Muñoz
Pantoja, caballero legionario, y el cabo Jorge Liaño del Río,
miembro de la Rilat 29, la misma unidad a la que pertenecía el
helicóptero Cougar derribado en tierras afganas en agosto de
2005. Idoia y sus compañeros cumplían en el momento del
ataque una misión de apoyo al contingente italiano que realiza
tareas de instrucción del ejército afgano
Idoia prestaba servicios en Afganistán desde octubre, estando
muy próximo el relevo de su unidad, y el regreso a España.
Su unidad es parte de los 690 soldados españoles desplegados
allí actualmente, y de los 7.247 que en diversos relevos han
desarrollado operaciones en ese país asiático, dentro
de la misión ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad),
que dirige la OTAN. Junto al destacamento de Idoia en Shindand, el ejército
español se encuentra desplegado en la Base Avanzada de Herat
y de la de "General Urrutia" en Qala-e-Naw, sede del Equipo
de Reconstrucción Provincial.
España inicio su presencia en Afganistán en 2002, bajo
el gobierno de José Maria Aznar, aumentando su presencia en 2004,
con la llegada de José Luís Rodríguez Zapatero,
y manteniéndose remiso en la actualidad a ampliar nuestros efectivos,
en contra de las peticiones de la OTAN.

Esta historia debería concluir aquí. Tanto el relato de
este drama humano, como de este error nacional. Y debería hacerlo
con una frase sencilla, dirigida a Idoia y a cuantos la querían,
que eran muchos. Lo sentimos Idoia. No volverá a ocurrir.
Pero eso no ocurrirá. Volverá a ocurrir, para nuestra
desgracia. Hay varios perfiles en este asunto, que por duro que resulte,
no debemos dejar pasar. El dolor y el respeto no son en este caso incompatibles
con la razón, la precaucación y la rectificación.
Somos un país moderno, avanzado y pleno en valores. La octava
potencia mundial dicen. Pero no somos ya la potencia imperial de antaño.
Eso es una realidad. Y no podemos comprar un sitio en la escena mundial,
un reconocimiento de las demás naciones a nuestra capacidad de
decisión en los problemas del mundo a golpe de talonario. Enviando
tropas aquí y allá, y ofreciéndonos voluntarios
para el primer problema que surge, y demostrar así, que se debe
contar con nosotros. El prestigio y el respeto no se pueden construir
en base a la vida de nuestros jóvenes. Alguien podrá pensar
que nuestra riqueza y desarrollo exige que asumamos responsabilidades
en los problemas internacionales, y que como país del primer
mundo tenemos obligaciones morales. Cierto. Indiscutible. ¿Pero
que problemas exigen nuestra intervención, y como debe ser la
formulación de esta? Por que lo que no parece muy sostenible
es ir a los conflictos cuando nosotros queramos (ahora me voy de Irak,
ahora mando mas tropas a Afganistán, ahora la OTAN me pide mas
soldados y no quiero…). Tampoco entiendo como se organiza la estructura
de mando decisión y control de nuestras tropas en el extranjero.
Tan pronto vamos por libre, como somos cascos azules, como estamos en
el mando integrado de la OTAN, como somos unidades de apoyo, como nos
colocamos bajo control de tropas senegalesas o brasileñas o….
ni se sabe. Si tanto prestigio y poder tenemos, tampoco entiendo nuestra
supeditación orgánica a ejércitos que no lo tienen,
por mucho que se expongan razones de oportunidad cultural o para evitar
suspicacias de la población civil. No me gustaría que
olvidáramos tampoco que nos estamos acostumbrando a “indefinir”
nuestras misiones, calificando a estas de paz y humanitarias, cuando
nuestros soldados están en zona de guerra, y combatiendo. Y no
es una cuestión semántica. Las ordenes que reciban de
actuación nuestros soldados, el permiso de uso de la fuerza.
O simplemente su cobertura y armamento, no son las mismas para combatir,
que para hacer pozos de agua.Y eso lo dejaron claro el teniente general
Bernardo Alvarez del manzano, jefe de operaciones en Afganistan, y el
coronel Rafael Roel, jefe del PRT, que llevan meses pidiendo al ministro
Alonso, medios, material y hombres, para protegerse en una situación
clara de guerra. Y en este sentido que solo desde 2002, hayan muerto
82 de nuestros hombres y mujeres en Afganistán, siendo su misión
de paz, me parece insostenible. Tengamos en cuenta que desde 1990 han
muerto 127 de nuestros soldados en todas las misiones. Dicho de otro
modo, 2 de cada 3 soldados españoles que mueren en el extranjero,
lo hacen en ese país. ¿Misión de paz?. ¿Bien
preparada?. Pues pasa ser de paz, solo 1 de cada 5 euros se emplea en
gastos humanitarios, un quinto de los 800 millones que nos ha costado
el infierno afgano en el último año.

Ya se que son soldados profesionales. Que la guerra entraña riesgos,
y que cuando un soldado firma su contrato no lo hace para desfilar.
Pero con eso y con todo. Vendemos a nuestros jóvenes un mundo
de oportunidades, promoción y preparación que no existe.
Y lanzado el anzuelo, y picado el pez, a la pecera de Afganistán.
Porque tenemos pendiente una ley que establezca con claridad el valor
y homologación de las enseñanzas (las que existan, que
no lo se), que reciben nuestros soldados en la posterior vida civil.
Como a tenor de lo que vivimos, tenemos pendientes un análisis
sesudo y sincero del papel de nuestras fuerzas armadas, su dotación
y su papel social, aun poco valorado. Y otra duda, ¿Por qué
estaba alli Idoia?. Porque ahora resulta que no todas nuestras unidades
son aptas para este tipo de misiones. Hasta el punto de que las rotaciones
se realizan sobre un grupo restringido de uniformados, hasta, en algunos
casos, la saturación. Y ello porque parte de nuestras no se encuentran
debidamente adiestradas, equipadas o completas, ante la falta de efectivos.
Y ello porque algunas de ellas no son plenamente de fiar, y no pueden
salir de sus ciudades y cuarteles. Si. He querido decir lo que he dicho.
Y la fuente es pública, el CNI. Un 35 por cientos de los efectivos
de las guarniciones del norte de África son musulmanes, y de
ellos el 40% están bajo sospecha de islamismo radical y falta
de fidelidad a España. Y varios de ellos expulsados por ese motivo
del ejército.
En otros países de nuestro entorno y nivel, la muerte de 127
de sus soldados hubiera desatado una turbulencia social capaz de hacer
tambalearse a un gobierno (que se lo digan a Berlusconi). Aquí
no. Nada podemos esperar en este tema del Partido Popular, muy dado
al seguidismo de los Estados Unidos, y de las intervenciones románticas
(como el viento de sotavento que proclamaba Trillo en Perejil). ¿Pero
la izquierda?, o lo que quede de ella, ¿Dónde esta?. Un
tímido “que vuelvan” del inclasificable Llamazares,
y poco mas. Porque hasta en este tema, nuestra clase política
es miserable. Una medalla ramplona. Un responso en un hangar, un líder
de la oposición criticando en medio del dolor y quejándose
que no le invitaron al recibimiento. Cuanto orgullo y entereza demuestra
la población de este país, y cuanto deberían aprender
de ella, los políticos que Dios nos ha mandado. 18 muertos en
Bosnia, 20 en Afganistán, 62 cuando regresaban de allí
en el Yak, 10 en Irak , 6 en Kosovo, 3 en Guinea, 1 en Abu Dhabi y 1
en Guatemala. Y ante ellos, un lamento callado en una aldea gallega,
y solo uno. Como alguien dijo en esta páginas, ¡hasta el
cielo soldados!

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