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Orgullo
y dinero en Chueca

En el centro, Javier Garcia, de FSM Group,
organizador de las mejores sesiones de Madrid, en lugares como la sala
Cool, junto a sus gogos, una muestra del lado frivolo y mercadotecnico
del orgullo gay. Foto Elpais.es
Hacia
poco que había llegado a Madrid, cuando un amigo me recomendó
el "Galeote", una pequeña tienda en medio de Chueca,
donde era fácil encontrar “velvias”, unos carretes
de diapositivas, caros y escasos, que esta vieja tienda del centro de
Madrid atesoraba. Fue así como descubrí, la zona mas mestiza
de mi ciudad. No era entonces el único argumento para acudir
al que había sido uno de los barrios más peligrosos de
Madrid. Dos calles más allá, casi en el corazón
de la droga, se alzaba Berkana. Desde su inicio un lugar de culto. Cuando
traspasabas la puerta de cuarterones de cristal de aquella pequeña
tienda violeta, tras pasar bajo el palio de sus dos banderas arco iris,
te topabas con la sonrisa tímida de Mili Hernández, una
curtida activista homosexual que había dado el paso de creer
en Chueca, no como una reserva india para apestados del mundo hetero,
sino como una tierra libre, en medio del libre Madrid. Entonces, aun
era motivo de chanzas ser maricon, y de gruñido ser lesbiana.
Verte con ellos, te hacia sospechosa. Lejos aun quedaban las leyes y
comportamientos sociales que normalizarían en los años
siguientes la vida de este grupo de ciudadanos. Pero ahí estaba
Mili, poniendo cara al acoso de la policía, la maledicencia de
parte del vecindario o el vació de los políticos. Con
su pelo corto y su cara redondeada por la lucha y desbrozada de mala
fe, te abría en su casa el portón del castillo de los
sentimientos escritos. En los años del aznarismo, Chueca no era
solo la tierra prometida de los gays, sino una tierra amable, donde
la noche era la disculpa y el día una conquista plural. Para
muchos estudiantes vascos lugares como la casa de Mili nos ofrecía
la posibilidad de encontrar gente con quien hablar, sin oír por
la espalda el “otro etarra de mierda”. Un lugar donde encontrar
libros poco accesibles fuera del barrio. Y junto a ella el quiosco de
Margacha, donde encontrar prensa y revistas de casa, nada fáciles
de conseguir fuera de allí.
No era una zona acotada por el halo del sexo, sino por la bandera de
la libertad de conciencia, impresa en cada numero de “Shangay”,
la revista gay que nos permitía a los heteros adentrarnos en
un mundo cultural y cosmopolita que nadie afrontaba como sus páginas.
Y a Mili le siguieron otros. Otra mujer, Mayka Contreras, siguió
el desembarco. Su bar, el “Trucco”, otro de los mitos de
la zona arco iris, sentó otra piedra en el edificio. “Era
una pena ver como el barrio se llenaba de ellos”, decían
los encogidos de mente, “pero mejor ellos que la droga”.
Luego vendrían Loren y su “Suiss”, José Barbarroja
y el “Black and White”, y tantos otros. Recuerdo la primera
vez que fui con Javi de copas. A duras penas le metí en "Ras",
un local de ambiente, pero lleno de heteros, donde se podía oír
la mejor música del nuevo Madrid de fines de los 90. Una charla
con José Cobo, que te encendía los ojos con sus mil historias,
dos copas y a bailar a Rockola. No era como ahora un barrio gay. Solo
era un barrio de personas, y todos estábamos a gusto.
Fueron años duros para ellos. Los que acudíamos desde
fuera debíamos hacerlo en grupos para evitar el acoso de los
camellos y las bandas de chorizos, aquellas a las que pocos como Muñoz
Molina se atrevian a fustigar, pero aquellos aventureros merecían
la pena. Era una lucha incierta por salvar una parte de Madrid del abandono
y de la droga, en la que nadie colaboraba, empezando por el ayuntamiento,
que salvo pegas nunca puso nada. Pero como dice Miguel López,
el director de "Zero", “Los gays somos muy cabezones,
y la ilusión de construir nuestra casa, y de levantar un Village
neoyorkino en pleno Madrid era muy grande”. Quizá solo
se quedo en un nuevo Soho, pero eso ya es mucho.

De
izquierda a derecha, Antonio Poveda, presidente de la Federación
Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGT); Mónica
Martín, fundadora del colectivo Transexualia y miembro de la
junta directiva del Colectivo de Gays y Lesbianas de Madrid (COGAM),
y Pedro Zerolo, miembro de la ejecutiva del PSOE y concejal del Ayuntamiento
de Madrid.
Foto Elpais.es
Hoy
Chueca es una trinchera colorista contra la homofobia, un bastión
en la defensa de la diversidad, pero también una maquina de hacer
dinero camino de convertirse en una frikilandia arco iris vestida para
el esparcimiento de los heteros.
Y aquí los pioneros han vuelto a la revolución, como en
los tiempos en que peleaban contra polis y yonkis.
El barrio esta limpio, hay un clima de libertad y progreso como en pocas
zonas, pero como nos contaba recientemente Mili Hernández, los
actuales lideres del movimiento gay medio aparcado la defensa de los
derechos y las libertades por la economía de mercado. Es muy
cuestionable la capacidad de estos líderes del movimiento para
representar la pluralidad del colectivo de gays lesbianas y transexuales.
Las actuales organizaciones adolecen de una representatividad escasa,
de falta de democracia interna, de incapacidad para frenar el descenso
de militantes, y para convertir un discurso político domesticado
y resignado, en una lucha adelantada valiente. Y es que ya no sabe si
Zerolo es un representante del movimiento homosexual en el PSOE, o al
revés. Es discutible la consistencia y la ambición de
las campañas de prevención en el VIH, es discutible el
trabajo que se esta haciendo con los inmigrantes, y es discutible la
labor en temas sanitarios o educativos. Pero no solo eso. El barrio
de los sentimientos libres ha dado paso a calles marcadas por el exceso
estético, la pluma fácil, el vodevil forzado y las tiendas
de marca. Nunca rehusé con 19 años acudir a donde, hoy,
seria incapaz de llevar a mi hijo.
Esta semana empieza el europride, las jornadas del orgullo gay europeo.
Una oportunidad reivindicativa única, y que por primera vez se
celebra en España.
¿Se va a usar el evento para una andanada a favor de la libertad
de conciencia?. El ayuntamiento que nunca ayudo, mas bien todo lo contrario,
a los pioneros, ofrece 100.000 euros, para festejos. Alfonso Llopart,
el fundador de "Shangay", va entonces y se queja por parecerle
un presupuesto insuficiente para un “evento” de este calibre,
“desaprovechándose una gran oportunidad para promocionar
Madrid como meca turística del mundo gay, fidelizando a esa clientela”.
En medio Antonio Poveda propaga a los cuatro vientos que el día
del orgullo gay es “la fiesta de Madrid. Ni San Isidro, ni la
Paloma, ni nada". ¿Solo eso, hablamos solo de una fiesta?.
La guinda la pone el rey, que en plena feria del libro, a la altura
del puesto de Mili le espeta a Gallardon al oído, “¿esto
es una librería de mariquitas verdad?”. No hemos avanzado
nada, o muy poco, porque por encima de las leyes y los discursos flamantes
están los comportamientos, las mentalidades y las pautas sociales,
y eso…
Miguel López, el director de "Zero", uno de los que
trajeron el glamour y la libertad al barrio, junto a los fundadores
de “Isolée”, el restaurante “Bazaar”,
la video cafeteria “Diurno” o la óptica “Toscaza”,
definía Chueca “como un gran armario, oscuro.Recuerdo que
la primera vez que entré en un local de ambiente me eché
a llorar". El compartió el pasado del barrio junto a jóvenes
no homosexuales que tomaron contacto con estas calles y decidieron hacer
algo para cambiar las cosas. Gente con miles de ideas capaces de crear
un lugar integrador. Hoy, una segunda revolución clama desde
las losetas de Chueca, porque si algo no cambia pronto, su espíritu
morirá. El barrio es una milla de oro, barrida por los intereses
económicos, donde la especulación urbanística es
una de las mas brutales de Madrid, dejando campo abierto a franquicias
y grupos pudientes, a la par que frena la posibilidad de llegada de
nuevas ideas, de jóvenes innovadores y colectivos que aporten
la esencia de la aventura emprendida en los 80. Hasta las alabanzas
y las ayudas económicas del poder político apestan a domesticación.
Bajo
el lema "Ahora Europa, la igualdad es posible", la europride
2007 recorrerá desde la Puerta de Alcalá hasta la Plaza
de España pasando por la Gran Vía. Cada noche, habrá
que acoger a miles de curiosos y turistas que acudirán al barrio
de fiesta, con la adrenalina suelta por adentrarse bajo las farolas
del morbo. Y cuando se acabe, volverá la imponderable lógica
del dinero. Por ejemplo, dentro de unas semanas, Chueca dará
un bocado mortal al Madrid de siempre en la piel de Fuencarral. En su
oleada de modernidad obligada, el mercado de San Antón, en Augusto
Figueroa, morirá. Este viejo mercado de sabor castizo dejara
paso a una reliquia de lo que fue, enfunda en la segunda planta del
nuevo mercado, mientras la primera será coto de un lujoso hipercor.
Por ejemplo, ya no es tan fácil acudir a los locales de moda,
especialmente ciertos días de la semana. Muchos de ellos están
copados por despedidas de solteras, que buscan en el barrio la pluma
divina que les divierta, esa otra manera de divertirse, que solo los
mariquitas saben conseguir, con sus fastuosas y glamorosas fiestas.
Estos días, en mis largas noches, estoy leyendo “El elogio
de la sombra”, un delicioso libro de Junichiro Tanikazi que un
día me recomendó Mili, en el que explica que los occidentales
nos dejamos deslumbrar por la luz y por los objetos brillantes, mientras
los orientales encuentran la belleza en los efectos de sombra. Debe
ser eso Mili, debe ser eso.
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