190 enero 2007
   
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La opinion


 

 

 

 

 

 

 

Yo estuve alli, y quise que vosotros tambien

Aintze Zaratagabaster

Ha sido una autentica guerra de propaganda la vivida en Madrid durante esta semana. Una calamitosa guerra de dos bandos irresponsables, que han perdido la brújula que les orienta hacia su enemigo real, aquel que pistola en mano nos arrebata el corazón y nos asesina el alma.
Contra lo que algunos predicaban, ha sido una tarde serena en Madrid. Hemos caminado en orden, en paz de espíritu, en tristeza contenida, y sin odios. Nosotros no somos de ETA. Siempre hemos de toparnos con aquellos que son insensibles e incontinentes, pero ha sido una tarde de tranquilidad contenida. Alguna alusión improcedente a los obispos, algún grito hacia el alcalde ausente, algún reproche a tele Madrid y a Popular Tv, algún apoyo al presidente Zapatero, y mucho sentido común, mucha decencia y mucha solidaridad con quien lo ha perdido todo.
He sentido mucha tristeza al ver entre el gentío a la familia de Carlos Alonso Palate, y un temblor de emoción al oír a Almudena Grandes y Lucia Rosero, cuando se encaminaban a leer el manifiesto, bajo los sones del “solo le pido a Dios”, entonado por un grupo ecuatoriano. La defensa de estas mujeres de la paz y la libertad, la petición, a quien la oiga, de nuestra exigencia de ser libres y construir nuestra vida al margen de la violencia y entre los algodones de nuestros derechos y nuestras obligaciones hacia los demás, la suplica a Dios de acabar con esta pesadilla, habrá chocado, me imagino, con la renuente actitud de la izquierda radical vasca. Pero es nuestra obligación y nuestro derecho, exigir lo que es nuestro, la libertad y la vida.
Horas antes, el lehendakari Ibarretxe manifestaba en Bilbao "Estamos aquí para trasladar claramente que no queremos vivir con violencia, para decir que no nos resignamos a legar a nuestros hijos e hijas un país, un pueblo vasco, que no sea en paz. Estamos aquí porque no aceptamos que la violencia de ETA impida ni condicione que todos nosotros decidamos nuestro futuro en libertad". Su opinión, y la del EAJ-PNV es el claro sentir de un pueblo harto de violencia y del sometimiento a la barbarie de una minoría de asesinos. Pero también la manifestación nítida de un pueblo que pese a los últimos acontecimientos sigue apostando por el dialogo, como solución indispensable para todos los problemas de esta vida, y sin el cual, simplemente no hay futuro ni esperanza.
Cierto es que hemos asistido al lamentable espectáculo de un gobierno que no ha sabido medir a su rival y ha pecado de una ingenuidad impropia de quien ostenta la responsabilidad que en él los españoles ha descargado. Cierto es que un proceso dialogado de paz, en las complejas circunstancias que vivimos y arrastramos, exige un dominio y un conocimiento del terreno, que este gobierno ha demostrado desconocer. Cierto es que los interlocutores políticos de cualquier negociación nunca pueden ser aquellos que portan un arma humeante y arrastran entre sus pies charcos de sangre vertidos por inocentes, sino los representantes legítimos de un pueblo, dotados de la legalidad y la fuerza moral necesaria papa discutir, arreglar y solventar las dificultades que a un pueblo jalona el desarrollo de su historia. Pero dicho eso, y recriminado el gobierno, advertido de sus errores, señalado con el dedo acusador de la conciencia de los muertos, ¿que ventaja proporciona, que solución aporta, que mejora a nuestros problemas produce el enfrentamiento con él, su aislamiento o su flagelo diario?. No me es posible entender por que esta tarde, mientras caminaba en silencio con miles de mis vecinos, por la calles de Madrid, no pude encontrar a mi lado a quienes se sienten del partido popular, y no por eso dejan de ser mis vecinos, mis amigos y mis compatriotas. No entiendo por que no estuvieron a mi lado, y manifestaron sentir como yo, repulsa al odio y desprecio a la violencia, ellos, que la han padecido y sufrido, ellos, que tienen una voz tan limpia y legitima como la mía.
Solo me gustaría ver crecer a mi hijo en paz, educado al margen del odio, y de espaldas a esas noticias que cada día escarban en lo que nos diferencia y nos aleja de nuestro objetivo y de nuestros verdaderos enemigos. ¿Acaso quienes esta tarde no han estado no albergan iguales sentimientos?. Nos estamos equivocando. Aquellos que anatemizan al partido popular, le aíslan hasta convertirla en fiera acorralada, y le presentan al común de las gentes como destino de dardos de odio, que bien deberían dirigirse hacia otras latitudes. Y se equivocan quienes desde el 11 de marzo de aquel maldito año, solo escarban en la miseria humana para echársela a la cara a quienes nos dirigen, un día si y otro también. Yo estuve allí, la tarde en que Madrid lloro, una vez más, a sus muertos, y me hubiera gustado que hubierais estado allí, pero no os lo recrimino, solo os pido que no nos alejemos más, que unamos nuestro dolor y nuestras fuerzas, y que demos a nuestros hijos, lo que nuestros padres nunca pudieron ver, la paz.

 


 

     
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