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Yo
estuve alli, y quise que vosotros tambien
Aintze
Zaratagabaster

Ha
sido una autentica guerra de propaganda la vivida en Madrid durante
esta semana. Una calamitosa guerra de dos bandos irresponsables, que
han perdido la brújula que les orienta hacia su enemigo real,
aquel que pistola en mano nos arrebata el corazón y nos asesina
el alma.
Contra lo que algunos predicaban, ha sido una tarde serena en Madrid.
Hemos caminado en orden, en paz de espíritu, en tristeza contenida,
y sin odios. Nosotros no somos de ETA. Siempre hemos de toparnos con
aquellos que son insensibles e incontinentes, pero ha sido una tarde
de tranquilidad contenida. Alguna alusión improcedente a los
obispos, algún grito hacia el alcalde ausente, algún reproche
a tele Madrid y a Popular Tv, algún apoyo al presidente Zapatero,
y mucho sentido común, mucha decencia y mucha solidaridad con
quien lo ha perdido todo.
He sentido mucha tristeza al ver entre el gentío a la familia
de Carlos Alonso Palate, y un temblor de emoción al oír
a Almudena Grandes y Lucia Rosero, cuando se encaminaban a leer el manifiesto,
bajo los sones del “solo le pido a Dios”, entonado por un
grupo ecuatoriano. La defensa de estas mujeres de la paz y la libertad,
la petición, a quien la oiga, de nuestra exigencia de ser libres
y construir nuestra vida al margen de la violencia y entre los algodones
de nuestros derechos y nuestras obligaciones hacia los demás,
la suplica a Dios de acabar con esta pesadilla, habrá chocado,
me imagino, con la renuente actitud de la izquierda radical vasca. Pero
es nuestra obligación y nuestro derecho, exigir lo que es nuestro,
la libertad y la vida.
Horas antes, el lehendakari Ibarretxe manifestaba en Bilbao "Estamos
aquí para trasladar claramente que no queremos vivir con violencia,
para decir que no nos resignamos a legar a nuestros hijos e hijas un
país, un pueblo vasco, que no sea en paz. Estamos aquí
porque no aceptamos que la violencia de ETA impida ni condicione que
todos nosotros decidamos nuestro futuro en libertad". Su opinión,
y la del EAJ-PNV es el claro sentir de un pueblo harto de violencia
y del sometimiento a la barbarie de una minoría de asesinos.
Pero también la manifestación nítida de un pueblo
que pese a los últimos acontecimientos sigue apostando por el
dialogo, como solución indispensable para todos los problemas
de esta vida, y sin el cual, simplemente no hay futuro ni esperanza.
Cierto es que hemos asistido al lamentable espectáculo de un
gobierno que no ha sabido medir a su rival y ha pecado de una ingenuidad
impropia de quien ostenta la responsabilidad que en él los españoles
ha descargado. Cierto es que un proceso dialogado de paz, en las complejas
circunstancias que vivimos y arrastramos, exige un dominio y un conocimiento
del terreno, que este gobierno ha demostrado desconocer. Cierto es que
los interlocutores políticos de cualquier negociación
nunca pueden ser aquellos que portan un arma humeante y arrastran entre
sus pies charcos de sangre vertidos por inocentes, sino los representantes
legítimos de un pueblo, dotados de la legalidad y la fuerza moral
necesaria papa discutir, arreglar y solventar las dificultades que a
un pueblo jalona el desarrollo de su historia. Pero dicho eso, y recriminado
el gobierno, advertido de sus errores, señalado con el dedo acusador
de la conciencia de los muertos, ¿que ventaja proporciona, que
solución aporta, que mejora a nuestros problemas produce el enfrentamiento
con él, su aislamiento o su flagelo diario?. No me es posible
entender por que esta tarde, mientras caminaba en silencio con miles
de mis vecinos, por la calles de Madrid, no pude encontrar a mi lado
a quienes se sienten del partido popular, y no por eso dejan de ser
mis vecinos, mis amigos y mis compatriotas. No entiendo por que no estuvieron
a mi lado, y manifestaron sentir como yo, repulsa al odio y desprecio
a la violencia, ellos, que la han padecido y sufrido, ellos, que tienen
una voz tan limpia y legitima como la mía.
Solo me gustaría ver crecer a mi hijo en paz, educado al margen
del odio, y de espaldas a esas noticias que cada día escarban
en lo que nos diferencia y nos aleja de nuestro objetivo y de nuestros
verdaderos enemigos. ¿Acaso quienes esta tarde no han estado
no albergan iguales sentimientos?. Nos estamos equivocando. Aquellos
que anatemizan al partido popular, le aíslan hasta convertirla
en fiera acorralada, y le presentan al común de las gentes como
destino de dardos de odio, que bien deberían dirigirse hacia
otras latitudes. Y se equivocan quienes desde el 11 de marzo de aquel
maldito año, solo escarban en la miseria humana para echársela
a la cara a quienes nos dirigen, un día si y otro también.
Yo estuve allí, la tarde en que Madrid lloro, una vez más,
a sus muertos, y me hubiera gustado que hubierais estado allí,
pero no os lo recrimino, solo os pido que no nos alejemos más,
que unamos nuestro dolor y nuestras fuerzas, y que demos a nuestros
hijos, lo que nuestros padres nunca pudieron ver, la paz.
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