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| Aintze Zaratagabaster Weyden |

 

fotografia de cabecera: Mª Elisa Duque | www.256colores.com
septiembre 2007
   
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Alma de blues

Hace casi un año “Both sides of the gun” , un disco doble mágico y sureño me descubrió, en un viaje, a un gran músico negro llamado Ben Harper, un californiano tocado por una sensibilidad que le transporta intermitentemente a la locura. Aquel disco le trajo a España pero, mal hadada fortuna, alcanzó lejos de mi alcance y toda su alma quedo, para mí, reducida a un vinilo. Tras un recorrido largo por el mundo, el cansancio y el hastió le condujo en otoño a Paris. Y allí, apenado entre la lluvia fina del Sena, y rodeado de sus músicos, "The Inocent Criminals", creo "Lifeline", un disco entristecido. Harper ha buscado en este disco el sabor de lo inmediato, la renuncia al artificio, el brotar de la pena, nacida de un mundo cada vez mas turbio.
No ha sido casualidad escoger el estudio Gang, su estudio de antaño, ni grabar en formato analógico de dieciséis pistas, ni renunciar al uso de ordenadores ni de softwares tipo protools, que corrigen o minimizan cada fallo, cada paso en falso, tupiendo de frialdad maquinal la música, como la vida. Un disco directo que arranca con un verso desgarrado “Fool for a lonesome train", "dejar las cosas atrás, las verdades y las mentiras".
Atado a su libreta Moleskin, la que graba en tinta sus miradas, Harper ha atravesado la tierra mientras perdía vitalidad, mientras se llenaba de tristeza, esa que un surfero loco como él atesora a medida que deja de entender a un mundo empobrecido por rencillas y egoísmos, donde se destruye la tierra, se queman los bosques, se mata por hambre a países enteros, o se niega el medicamento que sanara miles de vidas, para, con ello, engordar las cuentas corrientes de quienes no podrán sanar nunca su corazón.
Harper ha escrito en una entrevista para El País, “cuando se rompe una promesa, se rompe un sueño”. Cuando un gobierno, que se dice democrático, decide en contra de lo que su pueblo quiere, se rompe el futuro de un pueblo. Y eso esta pasando en Europa y en Estados Unidos, como ya paso hace tiempo en esas miles de dictaduras bananeras que desollan África y Asia, desde tiempos imposibles ya de recordar.
Vemos estos días la tristeza de un músico, vemos la agonía de una especie.


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