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fotografia de cabecera: Mª Elisa Duque | www.256colores.com
19 Febrero, 2007
   
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Opinion


 

 

 

 

 

 

 

ARCO, no siga la flecha


Foto AP, Elmundo.es

No somos pocos los que desde hace tiempo desconfiamos de ARCO y por ende del llamado arte contemporáneo, una manifestación de la vida humana que ha abandonado hace tiempo la genialidad y la creación para caer en la ocurrencia.
La llegada a la presidencia de la feria de Lourdes Fernández había creado ciertas expectativas, que a fuerza de ser honestos, quizás se plasmen en hechos reales en la próxima edición, puesto que es esa la que realmente ella esta planificando.
Lourdes Fernández se ha planteado 2008 como “el punto de inflexión”. Para ello, y en colaboración con el presidente de IFEMA, José Mª Álvarez del Manzano, ARCO dispondrá de dos nuevos pabellones, que permitirán reestructurar su diseño expositivo, y un espacio permanente, el del antiguo matadero de Madrid, otra reconversión cultural de la ciudad, que permitirá dispone de hecho de otro museo contemporáneo en la capital y de una herramienta de promoción para jóvenes elogiable. Ya este año la invitación a Corea del Sur, la llegada de mas de 300 galeristas de todo el mundo, y la vocación latinoamericana han hablado de un carácter, si cabe, más cosmopolita, dinamizador y abierto de la feria. Además, ARCO 2007, parece que ha realizado un tímido intento por desligar claramente los espacios comerciales (programa general), de los culturales y de apoyo a los nuevos creativos (el espacio “proyectos” y el espacio audiovisual “black box”).
Pero eso son propuestas formales, elogiables pero de soporte, no de contenido. ARCO no ha roto sus ligaduras: es un mercado, una feria, una tienda muy grande y tecnológica, adecuada a una sociedad que ha renunciado hace tiempo al arte, y ha apostado claramente por la decoración. La sensibilidad popular tradicional y la ,menos importante, de los mecenas, que fueron adalides de los cambios expresivos y estéticos de otros tiempos ha dado paso a una extendida clase media con importantes posibilidades económicas, que busca pedigrí en objetos pseudoartististicos que le vayan con el color de la pared, y una recua de museos y organigramas culturales, que en cada comunidad autónoma pretenden dar lustre a su taifa, creando patrimonios artificiales, que demuestren “su apuesta de futuro”, su “modernidad”. Y claro, eso crea mercado, eso empuja a fabricar obras, y a crear lugares donde venderlas. Es puro capitalismo, la oferta satisface la demanda. Pero el arte es a la inversa, la genialidad se abre paso aunque nadie la pida. Existe, es. Y luego se descubre (Telinot, Van Gogh, Parmiggianino…).
Claro eso a veces crea profundas contradicciones entre lo mostrado. La Feria se esfuerza en abrirse a mercados nuevos y no perder el tren del negocio mundial, no desplazar a Madrid de la elite compradora, convirtiendo ARCO en un lugar de paso entre Oriente y Occidente. Así es posible ver la muestra de galeristas occidentales que parecen mas interesados en el humor que en el arte, con “propuestas”, no solo irrelevantes, sino vergonzosas. Obras de interes como algunas de las que nos ha traído Jung-Wha Kim, directora del Museums Korea de Seúl, y Jeong Ah Shin, comisaría jefe del Sungkok Art Museum. Y proposiciones atrevidas y convincentes, como las de los artistas iraníes que han sabido romper con un alma limpia las limitaciones de su sociedad.
No creo que haya que caer, como expresan algunos visitantes y críticos, de forma airada en el mismo recinto, en la indignación. Ya se sabe que hay ahí, antes de entrar, es solo capacidad de memoria histórica, y de comprensión de la realidad. Pero también es justo tener en cuenta que un museo, una feria de arte o cualquier manifestación donde los sentimientos se alíen con lo material requieren una educación previa. Pretender ir a una feria de arte de paseo, para “echar la tarde”, sin tener un mínimo conocimiento de arte contemporáneo, y luego quejarse de que uno se aburre, no es normal. A mi nunca se me ocurriría ir a un espectáculo de presing catch, no solo por que me parece aborrecible ver a dos hombres sebosos haciendo piruetas y dándose golpes sin orden ni concierto, sino por que no lo entiendo, por lo que cualquier valor que dicho espectáculo tenga, no podré apreciarlo.
¿Soluciones? Pedir a la gente 30 euros para ver este almacén de ideas no me parece una. Facilitar el acceso a los lugares culturales a precios asequibles y masificarlos, a medias. Convertir los museos en zonas de paseo, tampoco, esa es misión de los parques, y si llueve del carrefour. Enseñarnos a tener nuestro propio criterio, a entender los lenguajes que el arte esconde, a desechar la zafiedad imperante en los medios de comunicación, a rechazar los mensajes simplistas y reduccionistas , a participar en los procesos creativos y reflexionar sobre ellos, y no solo a deglutirlos, tras recibirlos vía televisión… Eso quizás si.


Foto Elpais.es

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