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ARCO,
no siga la flecha
Foto
AP, Elmundo.es
No
somos pocos los que desde hace tiempo desconfiamos de ARCO y por ende
del llamado arte contemporáneo, una manifestación de la
vida humana que ha abandonado hace tiempo la genialidad y la creación
para caer en la ocurrencia.
La llegada a la presidencia de la feria de Lourdes Fernández
había creado ciertas expectativas, que a fuerza de ser honestos,
quizás se plasmen en hechos reales en la próxima edición,
puesto que es esa la que realmente ella esta planificando.
Lourdes Fernández se ha planteado 2008 como “el punto de
inflexión”. Para ello, y en colaboración con el
presidente de IFEMA, José Mª Álvarez del Manzano,
ARCO dispondrá de dos nuevos pabellones, que permitirán
reestructurar su diseño expositivo, y un espacio permanente,
el del antiguo matadero de Madrid, otra reconversión cultural
de la ciudad, que permitirá dispone de hecho de otro museo contemporáneo
en la capital y de una herramienta de promoción para jóvenes
elogiable. Ya este año la invitación a Corea del Sur,
la llegada de mas de 300 galeristas de todo el mundo, y la vocación
latinoamericana han hablado de un carácter, si cabe, más
cosmopolita, dinamizador y abierto de la feria. Además, ARCO
2007, parece que ha realizado un tímido intento por desligar
claramente los espacios comerciales (programa general), de los culturales
y de apoyo a los nuevos creativos (el espacio “proyectos”
y el espacio audiovisual “black box”).
Pero eso son propuestas formales, elogiables pero de soporte, no de
contenido. ARCO no ha roto sus ligaduras: es un mercado, una feria,
una tienda muy grande y tecnológica, adecuada a una sociedad
que ha renunciado hace tiempo al arte, y ha apostado claramente por
la decoración. La sensibilidad popular tradicional y la ,menos
importante, de los mecenas, que fueron adalides de los cambios expresivos
y estéticos de otros tiempos ha dado paso a una extendida clase
media con importantes posibilidades económicas, que busca pedigrí
en objetos pseudoartististicos que le vayan con el color de la pared,
y una recua de museos y organigramas culturales, que en cada comunidad
autónoma pretenden dar lustre a su taifa, creando patrimonios
artificiales, que demuestren “su apuesta de futuro”, su
“modernidad”. Y claro, eso crea mercado, eso empuja a fabricar
obras, y a crear lugares donde venderlas. Es puro capitalismo, la oferta
satisface la demanda. Pero el arte es a la inversa, la genialidad se
abre paso aunque nadie la pida. Existe, es. Y luego se descubre (Telinot,
Van Gogh, Parmiggianino…).
Claro eso a veces crea profundas contradicciones entre lo mostrado.
La Feria se esfuerza en abrirse a mercados nuevos y no perder el tren
del negocio mundial, no desplazar a Madrid de la elite compradora, convirtiendo
ARCO en un lugar de paso entre Oriente y Occidente. Así es posible
ver la muestra de galeristas occidentales que parecen mas interesados
en el humor que en el arte, con “propuestas”, no solo irrelevantes,
sino vergonzosas. Obras de interes como algunas de las que nos ha traído
Jung-Wha Kim, directora del Museums Korea de Seúl, y Jeong Ah
Shin, comisaría jefe del Sungkok Art Museum. Y proposiciones
atrevidas y convincentes, como las de los artistas iraníes que
han sabido romper con un alma limpia las limitaciones de su sociedad.
No creo que haya que caer, como expresan algunos visitantes y críticos,
de forma airada en el mismo recinto, en la indignación. Ya se
sabe que hay ahí, antes de entrar, es solo capacidad de memoria
histórica, y de comprensión de la realidad. Pero también
es justo tener en cuenta que un museo, una feria de arte o cualquier
manifestación donde los sentimientos se alíen con lo material
requieren una educación previa. Pretender ir a una feria de arte
de paseo, para “echar la tarde”, sin tener un mínimo
conocimiento de arte contemporáneo, y luego quejarse de que uno
se aburre, no es normal. A mi nunca se me ocurriría ir a un espectáculo
de presing catch, no solo por que me parece aborrecible ver a dos hombres
sebosos haciendo piruetas y dándose golpes sin orden ni concierto,
sino por que no lo entiendo, por lo que cualquier valor que dicho espectáculo
tenga, no podré apreciarlo.
¿Soluciones? Pedir a la gente 30 euros para ver este almacén
de ideas no me parece una. Facilitar el acceso a los lugares culturales
a precios asequibles y masificarlos, a medias. Convertir los museos
en zonas de paseo, tampoco, esa es misión de los parques, y si
llueve del carrefour. Enseñarnos a tener nuestro propio criterio,
a entender los lenguajes que el arte esconde, a desechar la zafiedad
imperante en los medios de comunicación, a rechazar los mensajes
simplistas y reduccionistas , a participar en los procesos creativos
y reflexionar sobre ellos, y no solo a deglutirlos, tras recibirlos
vía televisión… Eso quizás si.

Foto Elpais.es
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