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De
arboles, bosques y mentiras (2)
Lo
contabamos hace un año, y lejos de aclararse, la situación
politica de Madrid empeora por momentos, y la batalla esta en Recoletos.
“Yo
no entro en batallas de barones, marquesas y faraones”. Esta frase
tan lírica de Rafael Simancas, define con lucidez (ha sido casualidad)
la situación que vivimos los madrileños, a cuenta de la
remodelación del eje Prado-Recoletos, un enmarañado bosque
que no permite ver el árbol de la mentira y la guerra sucia política,
del que vivimos colgados en esta ciudad.
Es cierto que hablamos de una obra de gran trascendencia para la ciudad,
que afecta a una de las zonas más significativas de la cara pública
de la capital. Una obra de calado, que afecta no solo a la vida de miles
de madrileños, y a la vida de decenas de árboles, sino
al futuro de la ciudad, que depende en buena medida de sus atractivos
turísticos. Es cierto, que al margen de la necesaria planificación
y previsión de los problemas de comunicación que una urbe
en crecimiento sufre, el fondo de la cuestión radica en que,
queramos o no, la larga línea urbana que desde Colon atraviesa
Madrid hasta el final del Prado, esta rancia y vieja. Es un Boulevard
precioso, pero según que horas, inseguro, inapropiado para personas
con dificultades de accesibilidad y con tendencia a la suciedad y al
aspecto cutre. Algo poco apropiado para la imagen de la capital del
reino. Madrid ya no es el poblachon manchego del siglo pasado, es una
capital europea, lo que implica unos servicios de calidad para residentes
y visitantes.
Pero tampoco olvidemos, que bajo el asfalto de Recoletos, un autentico
río de mentiras y traiciones discurre a velocidad de vértigo.
De un lado, el posicionamiento de la presidenta de la comunidad (según
la baronesa), a favor de las tesis del museo, y, por tanto, en contra
del alcalde, no es ya un rasgo de cainismo político, al que tan
acostumbrados nos tienen los populares, sino una escena de porno duro.
Aunque también es cierto, diremos a favor de Dª Esperanza,
que entre Alberto y Magdalena, la tienen desquiciada. De otro, la pertinaz
evacuación de consultas y las reverencias del alcalde a la voluntad
de la aristócrata, no casan con el desprecio que a la opinión
de los vecinos de otros barrios muestra el inquilino de la Casa de La
Villa. Como tampoco resulta comprensible que la baronesa, y el inefable
Manuel Cobo, se acusen mutuamente de no haber recibido sus envíos
de planos, sugerencias, perfiles y diseños, salidos de sus despachos
en noviembre pasado, y nunca recibidos en destino. Y lo que ya resulta
mas propio de una película de Berlanga, o de un acto teatral
de Jardiel Poncela, es el que el alcalde se escude en su incapacidad
para controlar los arrebatos del arquitecto Álvaro Siza, al que,
curiosamente, ahora Tita hace responsable de las irresponsabilidades
de Gallardon, preso de voluntad del maleficio de Siza y Hernandez de
León, los merlines cunqueirianos de esta historia.

Por empezar, y aquí tiene razón la baronesa, no entra
en los parámetros de la lógica, que una carretera de tráfico
denso pase junto a un museo. Pero es que en la actualidad pasan dos,
y junto a dos museos, y eso ya lo sabía ella cuando se decidió
instalar la colección en ese lugar. Y es que entre el boulevard
del que hablamos y la fachada del Thyssen dos carriles de alta densidad
someten al palacio de Vistahermosa a un traqueteo insufrible, y a una
humareda insana durante 365 días al año. Eso es así,
y aunque la baronesa y sus acólitos no lo reconozcan, una mísera
acera, sucia y embarandillada y un muro carcelario separan al museo
del torrente de vehículos. Toda la zona, de una belleza espectacular,
sufre desde hace décadas un abandono y una degradación,
de la que los madrileños deberíamos sentirnos avergonzados.
Pero, aun asumiendo que la remodelación es inevitable, y que
los planes de reordenación del tráfico y reurbanización
son inaplazables, lo del alcalde no tiene nombre. Su tendencia a actuar
sin contar con nadie, a omitir datos, a obrar sin consultas y sin publicidad,
a ejecutar a lo grande sin mirar alternativas ni mostrar sensibilidad
hacia la vida de los madrileños se ha hecho ya proverbial. La
tala de árboles y el desmantelamiento de zonas verdes en la ciudad
es ya parte de nuestra leyenda. No vamos a recordar aquí las
actuaciones, por llamarlo de alguna manera, en la casa de Campo, el
abandono del Retiro o la destrucción en el eje de la N-II o en
la Sierra madrileña. Y nadie se ha escandalizado. Un paseo por
la castellana, o por los antiguos depósitos del canal de Isabel
II, donde un magno ¿museo?, ha convertido la zona de Plaza de
Castilla en un rescoldo verde corrobora esta afirmación. ¿Qué
tiene de distinto Recoletos?. Tiene que demuestra claramente que Madrid
carece de un plan razonable, al menos conocido, de ordenación
del tráfico a 30 años vista. De hecho ahora conocemos
que desde hace años hay tres planes para la zona, entre los cuales
se incluye la barbaridad de un túnel subterráneo junto
al Museo. Tiene que la democratización urbanística no
ha llegado a nuestro municipio aun, y como muestra la incumplida promesa
de mostrar en agosto de 2006, el plan de reordenación urbana
del eje Prado-Recoletos, y concretamente en una exposición en
Correos. Tiene que demuestra que se sigue soslayando un hecho que Madrid
deberá acometer quiera o no, la semi peatonalización de
su área histórica y turística. Y tiene, sobre todo,
un olor nauseabundo a batalla política. Falta poco para las elecciones,
y la lucha por el poder en el seno del PP no esta aparcada desde que
Gallardon se retiró de la lucha por la ejecutiva a través
de su fiel Cobo. De hecho, el que Simancas ejerza de irónico,
pero no intervenga, que deje que la sangre debilite al rival, es todo
un síntoma de que el PSOE prefiere la ventaja a mojarse por el
bienestar de los ciudadanos. ¿Y que pinta aquí la baronesa?.
Ella descarta que aproveche la situación para renegociar la custodia
de la colección (recordemos que una parte importante de los fondos
del Thyssen no son del estado, ni están cedidos, sino que son
de la baronesa). Probablemente tenga razón. Pero mucho de despecho
por el trato recibido (o por no haber recibido trato, especialmente
de la Casa Real), y de sondeo del mercado electoral si que hay. Resulta
en cualquier caso triste comprobar como la vida de varios millones de
ciudadanos vale menos que las rencillas y el juego de ambiciones entre
dos dirigentes políticos. Tampoco seria tanto pedir que en lugar
de contar tantas mentiras y ocultar tantas verdades, callaran, no hablaran
por nosotros y no se escudaran detrás de unos cientos de árboles
y unos miles de madrileños, que entre la curiosidad y la buena
fe acuden a los mítines de la aristocracia. No habléis
por nosotros, con que cumpláis el trabajo por el que cobráis
nos conformamos. Y mientras, la oposición viéndolas venir.
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